Siguiendo el primero de los tres caminos medio escondido entre los árboles y el musgo, el Arco de las Orejas, la puerta āndalusī que controlaba el acceso a la Plaza Bib Ramblà/Puerta del Arenal en la ciudad.
Puerta de Bib-Rambla/Puerta de las Orejas.
A
juzgar por los planos más antigüos, la plaza Bib-Rambla era de
reducidas dimensiones, tal vez simplemente las necesarias para
albergar los puestos ambulantes de los fruteros, de los vendedores de
frituras, o de los pergamineros, que cohabitaban con los aguadores y
los encantadores de serpientes. Es previsible que al establecerse en
Granada, el ´Āmir Abū
´Abd
´Allāh
Mwḥāmmad
I, en el año 1237-1273, la plaza ya existiera como tal pues aquella
zona había sido ya morada islámica anterior. Así pues, por su lado
Este se accedía al zoco dedicado a la ropa, por Qantarat
al-Qarraqim/Puente de la Gallinería, que finalmente derivó en el
vocablo actual de Zacatín, y en el lado Noroeste, Alcaicería. Pero
la entrada principal de la plaza se encontraba, en la zona
Oeste/Suroeste. En ella se abría una explendorosa puerta que a lo
largo de los siglos fue motivo de polémica. Esta es la Puerta de
Bib-Rambla. Así la definía Leopoldo Torres Balbás:
"Se
abría en una torre cuadrada. En su frente exterior ostenta un gran
arco de herradura aguda hecho con dovelas de piedra franca y
arrancado de impostas de piedra de Sierra Elvira. Tras este arco
presenta otro escarzano, para paso del adarve, y seguía un espacio a
cielo abierto. El arco de la puerta se abría a un pasadizo, dividido
transversalmente, por un arco agudo de ladrillo, en dos tramos... El
último arco daba paso directamente a la plaza desde el segundo
tramo; pero ignoramos si ésta era la disposición primitiva, o si,
anteriormente, la puerta se prolongaba formando recodo, como la de la
Justicia y otras muchas musulmanas y si esta última parte fue
derribada para facilitar el acceso".
Los cristianos
deseaban plazas grandes que representaran su nueva condición de
poderosos aunque también miraban por su bien económico, lo que
incidió en la reorganización de los oficios. De esta manera se
amplía la plaza hacia las pescaderías y las tenerías, que por
aquel entonces discurrían hacia Al- fúndak al-Ŷadīda/Corral del
Carbón. Luis Hurtado de Mendoza y Pacheco, segundo marqués de
Mondejar y tercer conde de Tendilla propietario de la mayoría de los
terrenos de la plaza, negoció duramente las condiciones de la
remodelación hasta que, finalmente, el Cabildo de la ciudad, terminó
por favorecerle plenamente.
"El lienzo de muro fue derribado en punto de enlace entre la calle Mesones y la propia plaza, a pesar de la proximidad de la puerta del Arenal (es decir, la Puerta de Bib-Rambla), dividiendo en dos el espacio de las carnicerías”.
En 1583 se
construyó la Casa de los Miradores. En ella se situaba la Real
Aduana de especiería, la de paños y lienzos y de las alcatifas y
también se destinaron en ella las oficinas del Cabildo. Edificio que
se quemó en el último tercio del siglo XIX. Acade Sánchez cita en
su libro las impresiones del embajador veneciano e historiador,
Andrea Navagiero, respecto a la plaza y así podemos imaginárnosla
en la primera mitad del siglo XVI:
“como una plaza hermosa y grande, cuadrada y regular, pero un poco más larga que ancha, con una bellísima fuente en uno de sus ángulos, la cual arroja muchos caños de agua sobre una grande y hermosa pila”.
La fuente a la
que se refería Navagiero, debió ser la denominada del Leoncillo,
que con el tiempo fue trasladada a una esquina de la plaza, junto a
la calle Pescadería. Consiguieron con ello más espacio para las
celebraciones habituales, sobre todo la del Corpus Christi,
instaurado por los reyes Católicos en 1501. La fuente fue demolida
en 1837 ya en estado lamentable. Es deducible que a lo largo del
siglo XVIII, la plaza continúa con sus dimensiones actuales y que
sus transformaciones se deben más a un motivo decorativo que a una
remodelación urbanística. En 1750, se le otorga a la plaza un
mercado permanente y muy pronto se llena su eje central de puestos
con tenderetes, imagen que no debió de ser muy diferente de la que
pintó Muriel casi un siglo después en 1834 y que se conserva en el
Museo de la Casa de los Tiros. Comenta Acale:
"La configuración de la plaza quedaba constituida como un mercado, en el sentido decimonónico de la palabra, al aire libre, con una serie de calles que articulaban la disposición de los puestos”.
En 1750 se
decidió la construcción en el centro de la plaza de casillas de
madera que sirvieran, dentro del marco de la Policía urbana, para
tener un mayor control sobre el comercio, al mismo tiempo que
proporcionaban un cierto beneficio económico a la ciudad. Un
incendio, el 19 de julio de 1809, destruye las casetas de la plaza y
se propaga hacia la Casa de los Miradores aunque no sufrió daños
irreparables. Años más tarde, afecta a la cercana Alcaicería. Las
casetas de los comerciantes, inutilizadas, tuvieron que reubicarse de
forma provisional en las plazas de la Santísima Trinidad y de San
Antón. En 1836, y con motivo de la demolición de los conventos
cercanos de San Agustín y de las Capuchinas se reubican las casetas
permitiendo a la plaza de Bib-Rambla que luciera, nuevamente, con un
gran espacio central, que sólo se vio invadido por puestos de flores
en los años cuarenta del siglo XX. Con la demolición de la Fuente
del Leoncillo se diseñó un monumento dedicado a la reciente
instaurada Constitución de 1812 realizado por Juan Pugnaire.
2 julio de 1873. el
Ayuntamiento autoriza el derribo de la Puerta de las Orejas. y se
ordena desalojar a los vecinos colindantes en el plazo de 24 horas.
22 julio de 1873 El Comité de Salud Pública autoriza el
derribo de la Puerta de las Orejas.
1875 El Ministerio de Fomento
acepta restaurar la Puerta de las Orejas. Al año siguiente firma una
orden para restaurarlo de acuerdo con los planos de los arquitectos
Juan Punaire y Díaz Losada 10 octubre de 1881. Se consigue se
declare Monumento Nacional a la Puerta de las Orejas.
1884 El
Ayuntamiento retiras las vallas y andamiajes de la Puerta de las
Orejas. Se derriba una casa colindante. 3-5 septiembre 1884. La
Puerta de las Orejas. es derribada en plena noche. Se comunica a la
Comisión que puede recoger los despojos, casi todos dovelas e
impostas. Se pone placa conmerorativa. Torres Balbás rescató los
restos de la Puerta de Bib-Rambla de los fondos de un museo y la
restauró, colocándola en el bosque de la Alhambra. Hoy impresiona
en la soledad de la Sabīka.
A comienzos del siglo XX, la plaza ya no tiene miradores, ni soportales, ni fuentes. Habrían de pasar casi cuarenta años para que la plaza de Bib-Rambla tuviera sus puestos callejeros de flores y otra fuente.
Ésta sustituiría a la estatua de Fray Luis de Granada que había sido colocada allí en 1910. Gracias a Antonio Gallego Burín, la estatua del santo pasó, finalmente, a la plaza de Santo Domingo, donde hoy se encuentra, ubicando en la plaza de Bib-Rambla la fuente que hoy la decora, la que popularmente llaman de los Gigantones.
Demolida por el Ayuntamiento en 1873-1884 y reconstruida en la ladera de la Sabīka en 1935, se abría en una torre cuadrada. En su frente exterior ostenta un gran arco de herradura aguda hecho con dovelas de piedra franca y arrancado de impostas de piedra de Sierra Elvira. Tras este arco presenta otro escarzano, para paso del adarve, y seguía un espacio a cielo abierto. El arco de la puerta se abría a un pasadizo, dividido transversalmente, por un arco agudo de ladrillo, en dos tramos... El último arco daba paso directamente a la plaza desde el segundo tramo; pero ignoramos si ésta era la disposición primitiva, o si, anteriormente, la puerta se prolongaba formando recodo, como la de la Justicia y otras muchas musulmanas y si esta última parte fue derribada para facilitar el acceso. Presenta arco de herradura apuntado, con impostas labradas con palmas apeinazadas, que da paso a la buharda con la fachada de mármol de la puerta, compuesta por arco de herradura apuntada con dovelas a dos niveles, como el dintel por encima.




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