Plaza de los Aljibes.
Primitivamente, en época musulmana, esta plaza era un barranco o foso que separaba alcazaba del resto de la Alhambra. El nombre de esta plaza proviene por las grandes cisternas que construyó en 1494, Iñigo López de Mendoza, a quien los monarcas castellano-aragoneses habían dejado al frente como Alcaide de la Alhambra y Capitán General del Reino de Granada, perforadas y picadas en la roca misma para recibir el agua traída desde el río Darro para abastecer la fortaleza, en el barranco que dividía alcazaba y los Palacios nazarīes, y que conllevó el derribo de la Puerta Real de la Alhambra y de varios edificios que envolvían y coronaban los aljibes Siendo la obra atribuida a un maestro aljibero vinculado a Iñigo López de Mendoza, de nombre Francisco Hernández, aunque en la documentación de la época aparece como Francisco el Valençí, de donde se deduce su condición de morisco o por su posible origen levantino, por lo que debía estar muy familiarizado con la construcción de este tipo de obras tan características en la historia de la ingeniería hispano-musulmana de Granada.
Esos aljibes miden 34 metros de longitud por 6 de anchura y 8 de alto formado por dos bóvedas de cañón sostenidas por arcos semicirculares, comunicándose por medio de seis puertas de arcos semicirculares. En sus extremos hay dos escaleras de doble ángulo para el descenso y, junto a la primera, un departamento con bóveda esquifada que recibe y distribuye el agua que recibe, es unas cinco veces mayor que el aljibe del Rey, dispone de una capacidad de 1.632 metros cúbicos de almacenamiento de agua. Además, aquí hay un pozo, inmensamente hondo, que procura agua purísima, muy fría: es un nuevo monumento de la delicadeza en el gusto de los āndalusīes, infatigables en sus esfuerzos para obtener aquel elemento en su limpidez cristalina.
El Aljibe se vaciaba una vez a año, se procedía a vaciarlo para limpiarlo en profundidad con el objeto de eliminar todas las impurezas, suciedades y verdín acumulado quedando listo de nuevo para empezar a recibir agua de la Acequia Real de la Alhambra. Había, además, «una persona encargada de su cuidado y mantenimiento, teniendo preparados cubos, cuerdas y garruchas para sacar el agua, y que recibía una pequeña cantidad por cada carga de agua que sacaba», según indica Cristina Viñes Millet en su libro "La Alhambra de Granada, Tres siglos de historia". El aljibe siempre ha estado en uso, ya que fue objeto de una atención contínua, en mayor o menor grado, según cada época, para asegurar su funcionamiento. Así lo confirman los numerosos autos y oficios sobre arreglos y mantenimiento. El viajero alemán Jerónimo Münzer, al visitarlo en octubre de 1494, indica que el aljibe es obra de Iñigo López de Mendoza a quien había costado 10.000 ducados y recoge su intervención en el contenido de una losa o placa conmemorativa que fue colocada, al parecer, en uno de los muros del aljibe de donde hubo de ser quitada con motivo de unas obras de relleno que acabarían enterrando la estructura arquitectónica de ingeniería hidráulica. Convertido éste lugar en Plaza al hacer en 1545, con motivo de la construcción del Palacio de Carlos V y derribada parte de la muralla que lo guarnecía y la citada Puerta Real, todo quedó tan desfigurado que no es fácil determinar exactamente la disposición de sus muros y entradas. En el Archivo de la Alhambra, hay referencias a la obra de mayor envergadura de 1830, obras de reconocimiento y excavación que condujeron al descubrimiento de la segunda escalera del aljibe venía estando inutilizada prácticamente desde el principio de su construcción y 1838 cuando, al limpiarlo, se le descubrió un desprendimiento de una parte de la nave que los divide, que condujeron a su recomposición para que no faltara agua en esta fortaleza cuya obra “ascendería a poco más de 1.000 reales”.
Hasta hace unos años aún se podía beber agua extraída del aljibe, servida en vasos de cristal de cierto grosor, ya que en el quiosco que hay en ella está ubicado un pozo abierto al aljibe Antaño, fue lugar de celebración de verbenas, corridas de toros y del juego de la Pelota. Existe una placa en cerámica de Fajalauza que recuerda que en ella se celebró en 1922 el Concurso de Cante Jondo, en 1927 organizado por Manuel de Falla y Federico García Lorca, entre otros, y la recuperación de los Autos Sacramentales prohibidos en España en el siglo XVIII y en 1952 el I Festival Internacional de Música y Danza de Granada A partir de 1955, se realizaron toda una serie de excavaciones que descubrieron la plaza medieval por la que se accede a alcazaba, con las tres puertas que cerraban su entrada, una de ellas se encuentra casi completa en el interior del Cubo de la Alhambra, otra es la que ataja la calle que, al pie de la muralla, rodea la Alhambra y la tercera es la que da paso a la calle que bordea al Sur los palacios y de acceso en cuesta hacia la Puerta del Vino y el antiguo acceso a la Madraza de los Príncipes, antes del patio de Machuca, que era una escuela para estudiar ciencia y filosofía, exclusiva para los hijos de la familia de los ´Āmires nazarīes, por eso se la llamaba la Madraza de los Príncipes.




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