Torre de la Ráwḍa
Después de 1322 emprendió Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf I la edificación de la Ráwḍa o Cementerio Real en los jardines de su Palacio para proveer de un digno panteón a su abuelo envenenado por su propio hijo Abū ´Abd Allāh Mwḥammād III, razón por la que éste lo enterró dentro de la ciudad y no en la maqbara al S. del recinto de la Alhambra, como lo fueron Mwḥāmmad I y luego Abū ´Abd Allāh Mwḥammād III y Abū al-Ŷuyūš Naşr I. Para dar rango legítimo a su estirpe Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf I erigió la Ráwḍa intramuros, donde se enterrarían los ´āmires posteriores.
Constituye la Ráwḍa un rectángulo de 13,30 metros por 10,30 orientada de sur-este a nor-oeste y sólo queda de sus muros la parte baja con trozos del enchapado de azulejos que tuviera. Entrábase en ella por una puerta abierta al foso, hacia el extremo norte del rectángulo, dando paso a un vestíbulo modificado en la época cristiana, con arco de herradura ligeramente agudo y de ladrillo, arquivolta de lóbulos y en las albanegas decoración de rombos. Del vestíbulo se pasaba a la Sala, que tenía cuatro machores en el centro, soportando, sin duda, una linterna como en la Sala de las Camas y quizá friso y cúpula de mocárabes, a juzgar por los fragmentos hallados, apareciendo el extremo nor-oeste del rectángulo dividido en tres pequeñas cámaras, a modo de capillas, donde se hallaron los cuatro primeros sepulcros. En 1574, fueron encontrados en la Ráwḍa cuatro losas sepulcrales de alabastro puestas a las cabeceras de los sepulcros de:
Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad II al-Faquīḥ
Abū al-Walīd Ismā´īl I ibn Faraŷ
Abū -l-Ḥaŷŷāŷ Yusūf I ibn Ismā´īl
Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf III al-Nāşir li-l-Dīn Allāh
De todo esto casi no queda más que los arranques de los muros y un trozo de celosía. Las sepulturas, que ocupan toda la superficie de la construcción, son de diversos tamaños, y tienen la forma de un trapecio con la parte estrecha a los pies. Están hechas de ladrillo unido con barro o mortero e interiormente revestidas de yeso y orientadas de modo, que tendido el cadáver sobre el costado derecho, tuviese su rostro al sur-este, dirección de la Meca.
Estas sepulturas constaban siempre de tres losas puestas de canto sobre la fábrica de ladrillo, y otra más alta con inscripción a la cabecera. Las losas, en general, tenían en sus caras y bordes exteriores fajas de dibujos geométricos y eran de piedra franca de la Malá, existiendo gran número de ejemplares, especialmente en muros de edificios de la conquista, donde fueron aprovechadas (murallas de la Alhambra, iglesias de San Cristóbal, San Jerónimo, Santo Domingo, etc..) A la salida de la Ráwḍa y siguiendo el declive hasta encontrar el nivel de la inmediata explanada, se extienden los Jardines del Partal, podemos ver los restos de varios palacios, pues en esta zona habitaba la nobleza āndalusī. El más importante de ellos fue el Palacio de Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf III 1.408-1.417 o de los Condes de Tendilla, de planta similar a la de Palacio de Comares. Tristemente demolido en el s. XVIII, de él se dice que era uno de los más suntuosos de la Alhambra.




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