viernes, 16 de enero de 2026

MANIGUA

 

Santuario romano de Munigua.

Los habitantes de Villanueva del Río y Minas conocen desde hace siglos unas ruinas que se encuentran a pocos kilómetros de la población. Popularmente se las denominaba “el castillo de Mulva” (aún queda quien las sigue llamando así), en la creencia de que se trataba de los restos de un castillo almohade. Sin embargo, ya desde 1.756, dos investigadores de la Academia de Buenas Letras de Sevilla, Sebastián Antonio de Cortés y José de Cuentas Zayas, habían identificado el yacimiento como un santuario romano.

En los orígenes de este conjunto arqueológico, hay que distinguir dos períodos de ocupación. El primero, comprendido entre el s. IV a.C. aunque la ciudad cuyos restos hoy conocemos es del s. I-III d. C, hasta Augusto (contemporáneo de Jesucristo) sería íbero (¿quizá tartésico?), en tanto que en el segundo empiezan a disminuir los moradores a partir del s. IV, hasta que dos siglos más tarde se abandona completamente el lugar.

En ambos períodos la actividad económica principal es la extracción de mineral (de hierro, principalmente), probablente el mayor productor de hierro de toda la Bética romana y durante s. y medio fue el centro político, administrativo y religioso en la Vega del Guadalquivir (En el transcurso de las excavaciones se comprobó que el número de viviendas construidas era muy superior al necesario para alojamiento de patrones y trabajadores, lo que llevó a la conclusión de que el lugar no era un asentamiento minero convencional, sino que se trataba de un santuario al que periódicamente debían acudir multitud de peregrinos) Su proximidad a las minas explica la ubicación de la ciudad fuera de la calzada que unía Mérida (Augusta Emérita) y Sevilla (Hispalis).

Munigua fue decayendo paulatinamente a pesar de que el emperador Vespasiano les concediese el derecho latino a sus ciudadanos y había elevado la ciudad a la condición de Municipio Flavio Muniguense. Se supo también el auténtico nombre del lugar, Munigua, tras el descubrimiento de una placa de bronce de la época de César Augusto y dos pedestales que debían sostener dos estatuas de emperadores divinizados, Vespasiano y Tito, en los que se nombra explícitamente el gentilicio “Muniguense”

Pero a partir del s. IV el mineral se agotó y tras un terromoto la población romana abandonó el lugar.

La casi totalidad de los restos hoy visibles, bastante bien conservados debido al hecho de encontrarse bajo tierra. Durante muchos siglos la única señal de su existencia fue la vista del lado exterior del muro reforzado mediante contrafuertes, claramente visible desde el camino que nos conduce al asentamiento.

Domina la ciudad un majestuoso Santuario que se erige sobre la Colina Sagrada. Es la construcción más emblemática y esta dedicada al culto de Fortuna y Hércules, cuyos muros exteriores han permanecido siempre visibles, y han sido identificados popularmente como los restos del "castillo de Mulva". Fue construido a fines del s. I d.C. en la cima del cerro, previamente nivelado y conformado en terrazas mediante gruesos muros de contención. El del muro del lado oeste, está reforzado con potentes contrafuertes exteriores que se elevan sobre la abrupta pendiente occidental del cerro, y constituye la imagen más espectacular y conocida de Munigua.

Para acceder al santuario se desarrolló un sistema de calzadas ascendentes enlazadas con dos rampas y dos escalinatas, que permiten llegar hasta las tres terrazas.

Destaca el hecho de que a diferencia de lo habitual en el trazado urbanístico, esta ciudad no sigue un trazado octogonal, sino que respeta las formas naturales de la Colina Sagrada.

En el lado sur se conservan restos de un pórtico de dos pisos, que en su momento estaría adornado con estatuas honoríficas colocadas entre los pilares del cuerpo inferior. Adosado a él se conserva una edícula o capilla. Ambas construcciones son anteriores al resto de los edificios del cerro, pues se fechan en la primera mitad del s. I d.C.

La terraza inferior la ocupa el foro de la ciudad. Se trata de una plaza cuadrangular de pequeñas dimensiones (unos veinte metros de lado), porticada y rodeada de varios edificios. El centro de la plaza lo ocupó un templo (dedicado a Mercurio), elevado sobre podio y orientado al este, con unas dimensiones de 6,80 por 9,80 metros, elevado tres escalones sobre la superficie de la plaza.

El muro oeste de la plaza tiene cuatro nichos poco profundos, en uno de los cuales apareció un epígrafe que recordaba la donación del foro a la ciudad por parte de un destacado ciudadano. En el lado Norte se distribuyen varios edificios, dos de los cuales han sido identificados como curia, sede del gobierno local, y tabularium, edificio en el que se custodiaban las leyes y actas oficiales, generalmente grabadas en bronce; aquí se encontraron dos inscripciones: un tratado de hospitalidad de los tiempos de Augusto, y una carta del emperador Tito a la ciudad del año 79 d. C. Al exterior, en el muro que daba a la plaza, hay una hornacina enmarcada por columnas junto a la cual se halló una inscripción dedicada al Bonus Eventus (dios relacionado con la agricultura).

De las casas de la ciudad se han excavado parcial o totalmente hasta la fecha un total de seis, todas ellas en las laderas este y sur. Las casas 1 y 6, tal vez las mejor conocidas, responden a la típica disposición romana, con un atrio central, alrededor del que se articulan el resto de dependencias de la casa.

Al norte del foro se localizan las termas. Se trata de un edificio de planta rectangular, con pasillos delante de los lados estrechos para el servicio del praefurnium (el horno), y un patio colindante en el lado occidental. Las habitaciones tienen nichos con estucos pintados en las paredes, muy bien conservados, bajo el arranque de la desaparecida bóveda, y el frigidarium (piscina del agua fría) conserva su pavimento de opus spicatum (en espina de pez).Santuario romano de Munigua.


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