Dār Qumāriš/Palacio de Comares
La última gran obra que emprendió Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf I fue la construcción monumental de Dār Qumāriš/Palacio de Comares, para lo que arrasó el Palacio de su padre Abū al-Walīd Ismā´īl I, nieto de Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad II, por su hija Fāţima, y sobrino de los soberanos Abū ´Abd Allāh Mwḥammād III y Abū al-Ŷuyūš Naşr I que había construido al O del Partal, continuado por Abū -l-Ḥaŷŷāŷ Yusūf I ibn Ismā´īl y terminado por su hijo Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad V, queda del mismo su torre-alcoba hasta el nivel de la planta sótano y el muro norte de su sala trasversal, metidos dentro de obra de la colosal Torre de Comares y la Báraka/Sala de la Barca, reconociéndose ambas construcciones por registros arqueológicos. El acceso principal a este Palacio ha quedado oculto por las transformaciones sufridas por el lugar a lo largo de cinco siglos y la ruta que siguen actualmente los visitantes no es la original sino una engañosa sucesión de habitaciones, patios y galerías en las que no se ve la menor intención de exactitud arqueólogica. Las ventanas se han convertido en puertas y las camas se utilizan como pasillos. Incluso la entrada original al Mexuar, la primera sala donde entra el visitante, hoy no se puede determinar con seguridad. Dār Qumāriš/Palacio de Comares tenía una fachada, pero interior. Ocupando el lado sur del patio del Cuarto Dorado, esta fachada es el muro más profusamente decorado de toda la Alhambra. Las tres paredes restantes son lisas para hacer recaer toda la atención sobre la fachada y sobre la importancia de la persona sentanda delante de ella. Las puertas gemelas abiertas en este frente fueron diseñadas para confundir a un posible atacante. Originalmente la de la derecha no conducía a ninguna parte, mientras que la de la izquierda llevaba a las habitaciones privadas del sultán. A la misma distancia de ambas puertas y protegido por el alero más profundo de la Alhambra había un trono provisional, probablemente una silla de tijera del estilo de la que se conserva en el Museo Nacional de Arte Hispano-musulmán de la Alhambra, que ocupaba el lugar central del lado norte. En Oriente el dosel es un atributo de la divinidad o de la realeza. En este caso cubre hasta el más bajo de los tres escalones a los que se acercaban los suplicantes cuando presentaban una petición o se dirigían al sultán, cuyo trono estaba elevado sobre el nivel del patio. Los demandantes o litigantes permanecían en el Cuarto Dorado que hacía las veces de sala de espera. Diseñada para intimidar al demandante impresionándolo con el poder de la autoridad real, la fachada también ejerce una función simbólica; es un pórtico real, la entrada al sitial del poder, que abruma al suplicante. Debajo del andén del Patio, en el ángulo en hay un muro soterrado que puedo ser de una alberca más ancha que la actual, con proporción similar a la del Partal. Al E de Dār Qumāriš/Palacio de Comares, como lo denomina Ibn al-Jaţīb, hubo un jardín, siendo el monarca enterrado en la Rawḍa de su alcázar qaşri-hi, junto a su abuelo. En dicha área construyó Abū al-Walīd Ismā´īl I, una alcoba-pabellón con sala-linterna cuadrada central, a la que se accede por cuatro arcos apuntados de herradura; la cubre una bóveda de dieciséis gallones estucados de ladrillos rojos y tendeles blancos, que apoya en semitrompas de aristas por encima de un cuerpo lucernario de doce ventanas, y la cubre un tejado a cuatro aguas. Rodeaban a ésta qubba central unas estancias, algunas reaprovechadas y otras a N destruidas al construir Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad V el Palacio del Riyāḍ al-Sa´īd para riego de éstos jardines, y para seguro y contínuo suministro de agua del ḥammām del Palacio, edificó un aljibe hoy reutilizado en el Palacio del Riyāḍ al-Sa´īd, entre la alcoba de los Banū l-Sārrāŷ/Abencerrajes y la entrada original en el ángulo SO. Lo único que llegó a ver terminado Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf I fue la grandiosa torre y su Sala, porque fue asesinado en 1354, cuando la obra decorativa alcanzaba el intradós del arco de entrada. Todo el resto del Palacio fue terminado por su hijo Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad V
Būrŷ de Qumāriš/Torre de Comares
Su altura (45 metros, la hace la más poderosa de Qal´at al-Hamrā. Su nombre Comares procede de las vidrieras –se llaman en Oriente comaríes - que cerraban sus ajimeces o nueve balcones volados que en su día estuvieron decorados con vidrieras y los arcos centrales son gemelos que descansan sobre una columna de mármol. Otros dicen que viene del pueblo malagueño de Qumāriš dónde se habrán fabricado los cristales. Y el autor libanés Amin Maluff pretende que viene del árabe “kamar”, por lo cual sería torre de la Luna, ésto porque los astrólogos lo utilizaban para estudiar el cielo nocturno.
Entre sus muros y los de la Báraka/Sala de la Barca hay un estrecho pasadizo (1,25 metros de ancho) con dos puertas, la de la izquierda del cuál se encuentra una puertecilla con arquito agudo de herradura decorado de rizos en su intradós y sobre él un paño de yesería todo encuadrado por un gran alfiz en el que se repite el lema
wā gīlab īly Allāh وَ لاَ غـَـلِـبٌ إلاَ اللـَّه Sólo Dios es vencedor
Esta puerta da paso a la escalera de subida a los departamentos altos del torreón, que componen dos pisos pequeños con aposentos abovedados y bovedillas también en la escalera misma. Sus almenas, primitivamente cuadradas, se cambiaron en el s. XVI añadiéndoles remates piramidales. La torre tiene exteriormente gárgolas y varias ventanas en sus cuatro frentes. Tiene la Torre de Comares dos habitaciones abovedadas, separadas por un pasillo, que sirvieron de alcoba central para el ´Āmir granadino y a su madre, la virtuosa ´Ā´iša, sentado de espaldas a la luz. La luz cegaría a la persona que se entrevistase con él. La calefacción era de braseros. La iluminación con lámparas de aceite.
En la antesala se encuentra la siguiente inscripción en árabe: «Edificaste para la fe en la preciosa cumbre una tienda de gloria, que no necesita cuerdas para su sostén». El lado derecho del pasadizo indicado, por una puertecilla gemela a la frontera en la que sólo queda de antigüo un trozo de decoración, comunica con un pequeño aposento de 2,37 metros de largo por 1,75 de ancho, de muros lisos y cubiertos por una bóveda de medio cañón sobre una imposta de nacela decorada. En el muro del fondo se abre un nicho con arco de herradura apuntado, de rizado intradós y dovelas alternadas, hundidas y en relieve, decoradas de ataurique, así como las albanegas, ciñendo el arco y un paño de yesería que hay sobre él, un alfiz, con el lema nazarī. Interiormente cubre el nicho una cúpula de forma de concha, decorada en su centro con un motivo triangular de hojas y palmas digitadas y bajo él corre, de arriba abajo, una abertura de 0,36 metros de luz, en forma de saetera, que da vista a las escaleras del inmediato patio de los Cipreses
Poema de la Puerta deComares
«Soy
corona en la frente de mi puerta:
envidia al Occidente en mí el
Oriente.
al-Ganī bi-
Llāh mándame que aprisa
paso dé a la victoria apenas
llame.
Siempre estoy esperando ver el rostro
del rey, alba que
muestra el horizonte.
¡A sus obras Dios haga tan hermosas
como
son su temple y su figura».
El interior de la Torre de Comares lo ocupa la Sala conocida modernamente con el nombre
Sala de Comares/Salón de Embajadores
Sala de Comares/Salón de Embajadores
En el testero del Patio, la magnífica fachada de alcázar al-Sulţān, se realza la Sala de Comares/Salón de Embajadores, por un basamento marmóreo de tres escalones de altura sobre el Patio.
La Sala, donde los monarcas de Granada recibían a los emisarios extranjeros que se maravillaban del arte y riqueza del singular dominio islámico; ahí también el 4 de junio de 1526, el emperador Carlos V, mirando desde un balcón los jardines, las arboledas y el río, exclamó:
«¡Cuán desgraciado el hombre que perdió todo ésto¡
Es una de las más grandes de éste Palacio. Consta de planta baja y alta, estando rematada por un alero de gran vuelo que vierte el agua fuera del peldaño inferior, y si es de viento no llega a alcanzar el basamento Es una Sala cuadrada, de 11,30 de lado por 18,20 de altura, que estuvo pavimentada con azulejos azules y blancos con adornos dorados y que no quedan ninguno en su sitio, aunque se conservan algunos en el Museo de Qal´at al-Hamrā y siguen brillando como la porcelana cuando se sumergen en el agua, pero hoy lo está de losetas de barro alternadas con holambrillas del s. XVI. En Qal´at al-Hamrā, en el centro del suelo, debajo de la cúpula, es el úncio lugar en el mundo musulmán en el que había azulejos de las solerías con el nombre de Allāh inscrito con el lema de la dinastía nazarī:
. وَ لاَ غـَـلِـبٌ إلاَ اللـَّه wa lā gīlab īly Allāh Sólo Dios es vencedor.
Estos azulejos no se pisarían jamás. La cámara central, es la de mayor riqueza en cuanto a su decoración. Junto a la inscripción anterior del alfiz, encontramos un artesonado de lazo que cubre el interior de la cámara, que está rodeada por un zócalo de alicatados, adornados con yeserías. En la pared que da entrada a Sala de Comares/Salón de Embajadores y a ambos lados del arco de entrada hay dos alacenas, el de la derecha daba a una puerta que conducía a estancias superiores del ´Āmir para el invierno y también para dar acceso a las almenas de la torre. Fue restaurado en varias ocasiones y debido a equivocaciones de los restauradores hoy en día no parece nada de lo que en su día fue. Los otros frentes de la Sala Este, Norte y Oeste, presentan cada uno tres arcos de ingreso a otros tantos camarines, abiertos en el espesor del muro de la torre, de unos 2,50 metros de fondo, con balcones gemelos los del centro y ventanas encima, cuyos huecos se cerraban primitivamente con celosías de madera y vidrios de colores. Cubren los camarines techos de lazo (los centrales en forma de artesa) con inscripciones. Y por cada frente tres alcobas, la central mayor que las laterales, y con ventana de dos arcos con parteluz, cerrándose las nueve alcobas con celosías adosadas a los muros. La qubba situada a eje en el arco de entrada muestra decoración diferente a las otras, iguales por parejas. Sobre su zócalo de lazo mixto de ocho y doce, tiene un poema de seis versos en dos cartelas rectangulares, a derecha e izquierda, cuyo texto especifica que es la qubba del kursī, donde el soberano se alojaba para dar audiencias. La Sala está rodeada por un zócalo de piezas vidriadas, en la que las figuras geométricos y vegetales se mezclan y combinan con gran armonía, sobre el que podemos admirar una bellísima decoración de ataurique recubriendo la pared, hasta las columnas de los arcos centrales, rematada por una cornisa de mocárabes pintados. La primera ostenta cartelas con letras cúficas y entre arco y arco, paños decorativos, rematando este primer cuerpo una faja de letras cursivas y, encima, otro paño de decoración, con caracteres cúficos combinando pequeñas arquerías cruzadas, sobre el cual corren cartelas cúficas con círculos encerrando el lema nazarī y, más arriba, otra gran zona de entrelazados poligonales. Una faja de inscripción, que dice: “Gloria a nuestro Señor el ´Āmir monarca guerrero Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf I gloria por sus victorias” sirve de apoyo a las veinte ventanas que iluminan la Sala a través de sus celosías con labor de rombos. Remata el conjunto nueva inscripción cursiva y una espléndida cornisa de mocárabes pintados y, encima, reproducida la Šūráh 63 del Corán.
Sobre esa cornisa se eleva la cúpula, obra maestra de la carpintería granadina, colocada bajo la primitiva bóveda esquifada de ladrillo que cerraba la Sala. La componen tres series de paños de madera de cedro cubiertos de lacería y un cuarto cerrándolo, con gran cubo de mocárabes en el centro, todo sembrado de figuras estrelladas y tan ricamente pintado que produce la impresión de nácar, plata y marfil. Presenta dos puertas que dejan en el centro el tercio de su ancho total, lugar donde se colocaba la corona del trono cuando el soberano daba audiencia, muestran ambos alfices de alicatados con lazo de ocho a base de cintas de colores entrelazadas, trazadas sobre cuadrículas normal y sesgada, puro virtuosismo de colores al ojo, pero manifiesto retroceso en lo geométrico. El dintel O es idéntico, si se le suprime su dovela extrema de cada lado, al de la fachada de la sala de la alta alcoba del Mexuar, terminada en noviembre de 1365. Un paño de lazo de ocho curvo, con casquetes hemiesféricos en relieve, indica el entresuelo entre ambas plantas. El piso alto muestra en su centro pequeña ventanita a modo de Miḥrāb trasdosada y enmarcada por alfiz con el texto coránico de la aleya del trono (256, Azora II) con su valor simbólico sagrado situado por encima del soberano en audiencias. Desde las ventanas de doble arco de la estancia alta, las mujeres y niños contemplarían éstos actos desde detrás de las celosías sin ser vistos, ni correr riesgo alguno. El alero se inicia con un friso de cuatro versos en el que se describe la posición del alero como la corona de la fachada. La policromía dorada, blanca perfilada de negro sobre fondo rojo bermellón y azul celeste, daba una apariencia al alero por completo distinta a la que hoy presenta. Sus dos puertas bifurcaban los caminos a seguir para quienes entraban en el área privada y solemne de alcázar al-Sulţān; la del O servía de acceso usual a la familia y servidumbre, mientras que la puerta E da al pasaje con zangüan y corredor para la guardia que cerraba el acceso en ambas direcciones de las puertas, hacia la fachada o hacia el Patio de Comares. En dicho corredor hay tres asientos cobijadas bajo arcos y un īwān para una tarima para descansar de noche. Siguió siendo el acceso principal al Salón del trono bajo Isabel I de Castilla-León y Fernando II de Aragón, como muestra la inscripción gótica del zangüan E, que especifica que ellos eran los nuevos soberanos del sulţānato y del Palacio. Todo el trazado de vanos y paños decorativos de Sala de Comares/Salón de Embajadores están basados en el cuadrado de su planta. Los zócalos entre alcobas, alacenas y en las esquinas muestran el punto culminante del razo de rueda de la escuela occidental āndalusī. Consiguen darle una dimensión de profundidad a alguno de ellos mediante la combinación de colores, donde el melado caliente destaca. Los paneles verticales de yeso entre alcobas y en los ángulos, a modo de tapices colgados, dan paso a una zona del salón ornamental por paños y cenefas horizontales, ya con jaculatorias cursivas, ya con composiciones cúfico-geométricas combinadas con esquemas rómbicos, ya como ţirāz combinando cartelas rectangulares con círculos, ya con lazo mixto de estrellas de ocho y doce. El cuerpo lucernario de cinco ventanas iluminaba los paramentos policromados, dándole al decorado un relieve y un valor distinto al que hoy se ve, sobre un volado friso de mocárabes de madera descansa la gran armadura ataujerada de siete paños, la cuál representa simbólicamente y de modo ascendente los siete cielos del Paraíso musulmán en las sucesivas filas de estrellas de 16 y 8 puntas, el Trono de Dios en el cupulín de mocárabes, y los cuatro árboles del Paraiso ubicados en las cuatro diagonales. Todo ello realzado por una policromía de fondo rojos y blancos, más oscuros en los arranques y más claros conforme se alcanza el Trono de Dios. Destaca sobre dichos fondos el dorado de la decoración de ataurique de estrellas, zafates, costadillos, candilejos, etc.. la decoración epigráfica de ataurique y lazo, y el trazado proporcional de todo ello. El techo se presenta como la representación de los Siete Cielos del Paraíso Islámico, con el trono de Dios situado en el octavo cielo, representado por el cubo central de mocárabes, y los cuatro árboles de la vida situados en las diagonales. La cúpula es una obra maestra de carpintería. Está compuesta por paños de madera de cedro cubiertos de lacería, con un gran cubo de mocárabes en el centro, salpicado de multitud de estrellas, pintado de tal manera que parecen nácar, plata y marfil.
El interior de la Sala lo cubre un artesonado de lazo y sus paredes y yeserías finamente labradas y las inscripciones: “Desde mí recibes la salutación que por la mañana y por la tarde te dirigen bocas de bendición, de felicidad, de dicha y de amistan íntima” “Esta es la cúpula excelsa y nosotras somos sus hijas. Más para mí es la distinción y la gloria en mi familia” “Soy lo que el corazón es para los miembros, pues estoy en medio de llos y en el corazón reside la fuerza del aliento y el aliento y el alma”
Sala de Comares/Salón de Embajadores
Podemos observar que Sala de Comares/Salón de Embajadores se haya repleto de inscripciones decorativas: ţāqass, nichos, arcos, paredes, camarines, etc. se hayan repletos de poemas, alabanzas a Allāh, al ´Āmir: “وَ لاَ غـَـلِـبٌ إلاَ اللـَّه wa lā gīlab īly Allāh Sólo Dios es vencedor El lema de los nazarīes que a borbotones reza, en letra cursiva, en alcobas de Sala de Comares/Salón de Embajadores, en la banda que linda con el arrocabe; o en escritura cúfica, en el intradós del arco de acceso a Sala de Comares/Salón de Embajadores, en el borde inferior de los paños que se sitúan sobre la cornisa de mocárabes, o textos del Q´ran, como el que encontramos en la cámara central, la del Trono, situado en el alfiz de su arco, que según la traducción de Echevarría reza así:
«Ayúdeme
Dios apedreador del demonio.
En el nombre de Dios que es
misericordioso y tiene misericordia.
Ser, Dios, con nuestro Señor
Mwḥāmmad
y su generación, compañía y salvación.
Y di: Mi ayuda de la
ira de Dios y de todo el demonio que permite rompimiento del
infierno;
y me libre del mal del envidioso cuando se dispone a
envidiar.
Y no es viva otra divinidad que la de Dios a quien
alabar eternamente.
La loa al Dios de los siglos.»
Sala de Comares/Salón de Embajadores tiene tres balcones en cada uno de los muros y debido al espesor de ellos forman nueve alhamies o estancias. La Sala, sirvió de prisión al ´Āmir granadino Abū Abd Allāh Mwḥāmmad XI Boabdil, ninguna otra parte del castillo hubiera valido mejor para el propósito: las paredes exteriores son de enorme espesor, presentando ventanillo que parecen taladrados en ellas, cruzados con barras de hierro. A los tres lados de la Torre de Comares, precisamente debajo de esos ventanillos, extiéndase estrecha galería de piedras con un parapeto, de poca altura, pero a considerable distancia de tierra. Presúmase que desde ésta galería salvara la ´āmira a su hijo valiéndose de los chales de su séquito femenino atados unos a otros, y envolviendo en el suyo propio el pequeñuelo: con esa cadena de seda lo bajaría en la oscuridad de la noche al suelo, donde esperarían sus leales partidarios, que en veloces corceles lo llevarían a las montañas
Aquí se reunió Abū Abd Allāh Mwḥāmmad XI Boabdil con su gente y acordó la rendición. Después aquí se firmó dicha rendición. Bajo el Salón pasa el camino de ronda del adarve alto del recinto general y hay tres cámaras abovedadas capaces de concentrar tropas que, desde los adarves laterales de la torre, podían interrumpir, al asalto, por las ventanas del salón y reforzar a la guardia palatina en caso de urgencia. Salimos otra vez al Patio de la Alberca/Arrayanes o mirtos. En un extremo del lado izquierdo del Patio, un pequeño arco sirve de ingreso a un pasadizo que parte de la Sala de Comares se accede a la Galería de Dār ´Āiša/Patio de los Leones.