viernes, 6 de marzo de 2026

CASA DE LOS TIROS

Casa de los Tiros. Ubicada en la Plaza del Padre Suárez.

El nombre le viene dado por las piezas de artillería, mosquetes, que asoman en las almenas del edificio.

La historia de la Casa de los Tiros está ligada a la figura de Gil Vázquez Rengifo, caballero castellano que acompañó a los reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en la conquista del Reyno de Granada y que, con anterioridad, había servido en las campañas de Italia a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, y a la familia de los Granada-Venegas. Esta familia procede de un noble nazarí llamado Cidi Yahya, emparentado con la familia real nazarí, que colaboró con los RR. Católicos en la conquista del Reino de Granada y que se convirtió al cristianismo con parte de su familia. Al bautizarse adoptó el nombre de Pedro Granada. Su mujer, una princesa nazarí llamada Cetti Meriem, también se convirtió adoptando el nombre de María Venegas. Esta familia ha llegado hasta nuestros días en las personas de los Marqueses de Campotéjar. Los servicios prestados a la corona fueron recompensados con una serie de privilegios y tierras que convirtieron a los Granada-Venegas en una de las familias nobles más influyentes de Granada. En la concesión de tierras tiene su origen lo que será reconocido como Marquesado de Campotéjar por el rey Felipe IV en 1643

La Casa de los Tiros fue una concesión que hicieron los reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón a Gil Vázquez Rengifo después de la expulsión de los judíos de 1492. Se le concedió, según algunos expertos, una Qubba o torre cuadrada, adosada a la muralla de los Alfareros, y que Gil Vázquez Rengifo transformó sustituyendo los ladrillos y la argamasa, material constructivo nazarí, por sillares de piedra, material constructivo de la nobleza castellana.

¿Cómo se hicieron los Granada-Venegas con el edificio?

De la manera más normal en esa época: a través de la boda de Pedro Granada-Venegas de Mendoza, nieto de Pedro Granada, con María Rengifo Dávila, hija de Gil Vázquez Rengifo. Más importante que la incorporación de la Casa de los Tiros a la familia Granada-Venegas fue la del Generalife. Gil Vázquez Rengifo fue nombrado alcaide del Generalife por el Emperador Carlos V en 1525, pero, después de la boda de su hija, renunció al título que recayó en su yerno, Pedro Granada-Venegas de Mendoza, año 1537. La propiedad del Generalife originó un larguísimo pleito, s.s. XVIII-XX, entre la corona y los Marqueses de Campotéjar, sucesores de los Granada-Venegas. El pleito se resolvió en 1921, pasando el Generalife a poder de la corona española y, en compensación por la duración del pleito, los marqueses de Campotéjar cedieron también la Casa de los Tiros. En la actualidad, el edificio, es el Museo Casa de los Tiros-Museo de Artes y Costumbres Populares.

-En la parte superior, en lo que serían las almenas de la torre-palacio, asoman los cañones de unos mosquetes, armas de fuego de infantería que se utilizaron entre los s.s. XVI y XIX, y que han servido para darle el nombre con el que se conoce al edificio: Casa de los Tiros.

-Las esculturas que encontramos en ella y que representan a cuatro grandes héroes griegos y al dios Hermes. Las figuras se encuentran sobre repisas semicirculares y cubiertas con unas cornisas a modo de guardapolvos. De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Jasón, Héctor, Hermes, Hércules y Teseo.

¿También la Casa de los Tiros se iba a Génova?

El 27 de julio de 1919, el Noticiero Granadino publicó el rumor de que la Marquesa de Campotéjar había dado la orden de desmontar pieza a pieza el torreón de la Casa de los Tiros (que contiene la Cuadra Dorada en su primera planta) y llevárselo para volver a montarlo en Génova. La preocupación saltó de inmediato en círculos culturales de Granada. No era de extrañar, pues ya habían salido para Italia las puertas labradas de madera, un artesonado que estuvo en el Generalife y la mayoría de muebles valiosos del palacio.

La Comisión Provincial de Monumentos se reunió de inmediato y llamó a declarar al administrador del Marquesado, Luis Solía. Éste lo desmintió tajantemente. También dirigió una carta al Noticiero diciendo que la noticia era falsa. A nadie le hubiera extrañado que se lo llevaran sin que Granada levantara la voz; por aquellas fechas acaban de desmontar el Palacio de los Córdoba (en plaza Isabel la Católica) y la Casa de los Toribios (Asilo de la Asunción, cerca de la iglesia de San José). También se barajaba el derrumbe del Corral del Carbón.

Como nota curiosa, los genoveses también se llevaron la bodega histórica de vinos producidos en las huertas del Generalife. Constaba de unas 1.200 botellas de las añadas entre 1803 y 1890. Algunas todavía subsisten en Génova.

¿Puede recuperar España el archivo y objetos del Generalife?

En alguna ocasión, algún político andaluz ha hablado de intentarlo, pero la idea no ha cuajado. Su recuperación sería sumamente difícil. La cuestión estaría sometida al derecho internacional privado.

El primer inconveniente surge porque el traslado fue suscrito entre el Estado español y el Marquesado de Campotéjar. La entrega fue el resultado de un acuerdo extrajudicial válido en su totalidad, de acuerdo con la legislación española de aquel momento. Es decir, la propiedad del archivo y obras de arte del Generalife les fue legalmente transmitida por el Estado español a los Durazzo-Palavicini. Cuando se firmó el contrato (1921) y se acabó de trasladar el archivo a Génova (1928) en España no existía una legislación como la actual, que impide la exportación de patrimonio histórico-artístico. En suma, todo se hizo legalmente.

La supuesta generosidad del Marquesado de Campotéjar en 1921 se ha tornado después en frialdad a la hora de permitir que investigadores españoles accedan a los fondos. Por eso no se conoce realmente el contenido del archivo del Generalife; seguramente guarda importantes datos para conocer más en profundidad la historia de Granada, de la Alhambra, del Generalife y de los pueblos que constituyeron su virreinato entre los siglos XVI y principios del XX.

La única manera de acceder a ese importante trozo del pasado granadino sería mediante negociación de buena voluntad. Y eso radica en altas esferas del Gobierno y la diplomacia españoles.

El título de Marqués/a de Campotéjar retornó a España, tras más de dos siglos y medio campando por Italia. Tras el pleito, pasó a una línea secundaria de los Granada-Venegas: Casilda de Bustos y Figueroa, XIX Marquesa (de la familia del Conde de Romanones); José María Finat y Bustos, XX Marqués; y actualmente Casilda Finat y Riva, XXI Marquesa de Campotéjar. Esta rama nada tiene que ver con el pleito y la actitud hostil mostrada por los italianos durante más de un siglo. En compensación, Matilde Giustiniani se quedó con el título de Marquesa del Generalife, con grandeza de España y extinguido en 1971.

La figura del alcaide de la Alhambra no existe en la actualidad. Desde 1921, el Generalife se integró en el Patronato de la Alhambra, un órgano público de varias las administraciones que delega en un Director (con mayoría de representes de la Junta de Andalucía en la actualidad). La Presidencia la ostenta el Consejero de Cultura.

Poema Pórtico norte de Ŷannat al-'arif/Generalife Las ţāqas eran nichos, alacenas u hornacinas practicados en el muro, situados por parejas a ambos lados de los arcos o puertas de entrada a las habitaciones para contener vasijas con agua en su interior. El poema, escrito en su alfiz dice:

«Ţāqa en la puerta del salón más feliz
para servir a Su Alteza en el mirador.
¡Por Dios, qué bella es alzada
a la diestra del rey incomparable!
Cuando en ella aparecen los vasos de agua,
son como doncellas subidas a lo alto.
Regocíjate con Ismā´īl, por quien
Dios te ha honrado y hecho feliz.
¡Subsista por él el Islam con fortaleza
tan poderosa, que sea la defensa del trono!»

Escalera del Agua


Ŷinān/Jardín de la Escalera del Agua

Muestra cuatro tramos de escalera separados por plataformas redondeadas, todo ello envuelto en una bóveda de laureles y árboles de hoja perenne, bajando el agua por los canales vidriados que rematan los muros-parapetos que delimitan la escalera, con cascadas de espuma que se remansa en el recorrido redondeado de las plataformas, en cuyo pavimento hay fuentecillas que desaguaban mediante canalillos que bajaban por el eje de la escalera. Si ésta escalera conducía a un oratorio- cuyo lugar hoy ocuparía el mirador romántico en que termina-, servía para hacer las abluciones de pies, manos y cara, tomando sentido la aleya coránica que menciona el Jardín del Paraíso.

Oh descendiente de los Ansares, y no por línea indirecta,
herencia de nobleza, que a los fatuos desestima:
Que la paz de Dios sea contigo y pervivas incólume

renovando tus festines y afligiendo a tus enemigos!»

"Granada es una desposada cuya corona

y cuyas alhajas y vestiduras son las flores,

la tunica es el Ŷannat al-’arif,

su espejo la paz de los extranjeros,

sus arrancadas los aljofares de la escarcha"

(Ibn Zamrak)

Las columnas en todo son tan bellas,
que en lenguas, corredora, anda su fama:
lanza el mármol su clara luz, que invade
la negra esquina que tiznó la sombra;
irisan sus reflejos, y dirías
son, a pesar de su tamaño, perlas.
Jamás vimos jardines más floreciente,
de cosecha más dulce y más aroma.
Por permiso del juez de la hermosura
paga, doble, el impuesto en alcázar más excelso,
de contornos más claros y espaciosos





jueves, 5 de marzo de 2026

GENERALIFE

 

Ŷannat al-'arif/El Generalife

Fue un palacio, un jardín y una inmensa finca privados desde 1492, cuando pasaron a propiedad de los reyes. Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, nombraron a un alcaide que lo administraba en su nombre. El alcaide del Generalife era un cargo subordinado a la alcaidía de la Alhambra y a la Capitanía General del Reyno de Granada. Los cristianos conquistadores gestionaban esta propiedad de modo separado a la ciudadela de la Alhambra.

El alcaide del Generalife tenía como misión “ejercer la guardia y custodia del palacio, jardines y terrenos propios de los reyes, destinado a recreo de la real familia”. Debía invertir una importante cantidad de dinero anual en su mantenimiento y conservación

El primer alcaide del que se tiene noticia fue Juan de Henestrosa (1494).

En el año 1523 la titularidad de la alcaidía aparece a nombre de Francisco Yagues Mansilla.

Pocos años después, el alcaide del Generalife era un viejo militar cuyo padre participó activamente en la toma de Granada: Gil Vázquez Rengifo, comendador de Montiel. Éste no tuvo hijos varones, sólo una hija –María Vázquez Rengifo-, quien casó con un nieto de Pedro Granada-Venegas (príncipe nazarita Cidi Hyaya).

Con el anterior matrimonio, la alcaidía del Generalife pasó a manos de una rama secundaria de la familia de reyes nazaritas, la de Cidi Hyaya, quien fuese príncipe de Almería y pasado al bando cristiano con los apellidos Granada Venegas.

En el año 1537, el yerno de Gil de Rengifo heredó la titularidad del Generalife por cédula del emperador Carlos V. Se llamaba Alonso Granada-Venegas y Rengifo. Los sucesivos descendiente de los Granada-Venegas fueron heredando la alcaidía del Generalife, previa confirmación de los monarcas. Pero siempre se hacía consignar en las confirmaciones que se trataba de una “tenencia”, no del traspaso de una propiedad.

En 1611 Felipe III confirmaba la tenencia de esta alcaidía a Pedro Granada-Venegas y la amplió a su esposa Leonor de Fonseca (en 1622).

Felipe IV también confió esta alcaidía a la familia de los Granada-Venegas, en la persona de Pedro Granada-Venegas y Hurtado de Mendoza (en 1643), tercero del mismo nombre.

Todos los reyes españoles mantuvieron la costumbre de pasar la alcaidía del Generalife de padres a hijos de aquella familia de descendientes de la realeza nazarita.

A mediados del siglo XVIII, el Generalife y sus contornos era gestionado desde Génova, con nombres de titulares como Pedro Grimaldi, Juan Grimaldi (casado con María Catalina Grimaldi Granada-Venegas), etc. Justo en este instante, con el italiano Juan Grimaldi como alcaide absentista del Generalife, fue cuando el rey Carlos IV decidió recuperar el Generalife para su patrimonio personal.

Hasta que llegamos al año 1698, en tiempos del último rey de la casa de Austria, Carlos II. El titular de la alcaidía del Generalife era Juan Bautista Granada-Venegas y Rengifo Lemolin. Este hombre murió sin descendencia masculina, con lo que el título pasó a la rama femenina. Aquellas mujeres casaron con nobles italianos y, consiguientemente, el título pasó a manos de caballeros procedentes de Génova (Italia), donde residieron a partir de entonces, tanto los alcaides como el título de Marqués de Campotéjar.

A mediados del siglo XVIII, el Generalife y sus contornos era gestionado desde Génova, con nombres de titulares como Pedro Grimaldi, Juan Grimaldi (casado con María Catalina Grimaldi Granada-Venegas), etc. Justo en este instante, con el italiano Juan Grimaldi como alcaide absentista del Generalife, fue cuando el rey Carlos IV decidió recuperar el Generalife para su patrimonio personal. Obviamente, la mayoría de aquellos alcaides jamás estuvieron en España; para el gobierno de sus propiedades siempre enviaron administradores de su confianza.

En 1805 el cargo de administrador lo ostentaba Jaime Traverso, quien tenía su residencia en el palacio de la Casa de los Tiros.

Aquella familia italiana se fue cruzando con otras de la aristocracia del país trasalpino, como los Landi, Durazzo, Palaviccini, etc. Hasta conformar un verdadero galimatías de familias italianas con derechos sobre la gobernanza del Generalife y las inmensas propiedades del Marquesado de Campotéjar

El feudalismo del título Campotéjar

Los títulos de Señorío y Marquesado de Campotéjar estuvieron íntimamente unidos a la alcaidía del Generalife desde el momento en que las familias Vázquez Rengifo y Granada-Venegas unieron su sangre (1537). Es decir, Rengifo aportaron la alcaidía de la Alhambra y los Granada-Venegas, el Señorío de Campotéjar.

El señorío de Campotéjar hinca sus raíces en 1499, cuando la casa de Cici Hyaya comenzó a hacerse con los inmensos terrenos de los cortijos de Campotéjar, Dehesas Viejas y Alfarnate. Bien por compra, usurpación o bien por concesiones de la ciudad de Granada (que incluía aquellas zonas fronterizas en su alfoz), el caso es que poco a poco la familia de los Granada-Venegas fueron apropiándose de todos aquellos lugares. Incluso obtuvieron permiso para fundar el pueblo de Campotéjar a partir de una cortijada junto al camino real a Madrid (en 1514). Algo parecido habían hecho los Granada-Venegas con las tierras de Jayena, que cayeron en sus manos una vez muerto Hernando del Pulgar (este militar las recibió de los Reyes Católicos en 1483). Muchas de las tierras fueron usurpadas y objeto de larguísimos pleitos de posesión en la Real Chancillería.

El señorío de Campotéjar hinca sus raíces en 1499, cuando la casa de Cici Hyaya comenzó a hacerse con los inmensos terrenos de los cortijos de Campotéjar, Dehesas Viejas y Alfarnate. Bien por compra, usurpación o bien por concesiones de la ciudad de Granada (que incluía aquellas zonas fronterizas en su alfoz), el caso es que poco a poco la familia de los Granada-Venegas fueron apropiándose de todos aquellos lugares

No obstante, en 1632, el cabeza del linaje (Pedro Granada-Venegas, el III) era nombrado en los documentos como titular del Señorío de Campotéjar. Cobraba todas las alcabalas de un inmenso territorio. Su proximidad al rey Felipe IV y ciertas aportaciones de soldados y dinero para combatir la secesión de Cataluña (1640-52) le reportaron la obtención del título de Marqués de Campotéjar (1643).

El título de este Marquesado ya iría unido a partir de entonces a la gobernanza del Generalife y posesión de tierras de Campotéjar, Dehesas Viejas y Jayena.

1805, comienza el pleito del Generalife

España vivía en 1805 (tiempos de Carlos IV) en el antiguo régimen, casi medieval. La casa real tenía un concepto patrimonial de tierras y ciudades, especialmente de las sometidas a realengo. Las finanzas personales de la familia real atravesaban muy mal momento (¿cuándo fueron buenos?) Por eso Carlos IV dictó un real decreto (de 19 de marzo de 1805) por el que se entablaba demanda para reintegrar el Generalife y sus fincas anexas a su patrimonio personal, ya que el Marqués de Campotéjar se negó a renunciar a la tenencia de buen grado. El motivo era que desde casi un siglo atrás, el título de Marqués de Campotéjar y el titular residían en Italia. Y lo peor de todo es que, al contrario de lo que ocurría con la casa de Austria, con los Borbones apenas había trato, sumisión, confirmación y aportación de rentas. Carlos IV quería recuperar “su” Generalife. La intención del valido Manuel Godoy venderlo al mejor postor para mejorar finanzas de la corona.

El primer problema del farragosísimo y largo pleito del Generalife surgió inmediatamente por disputa de competencias entre los juzgados del Generalife y la Alhambra, que entonces existían de modo separado. Después siguió un largo periodo de inestabilidad política con el motín de Aranjuez, la larga guerra de la Independencia de Francia, las Cortes de Cádiz, la restauración de Fernando VII, el trienio liberal, etc. Hasta que el monarca felón decidió retomar la vieja aspiración de su padre y ordenó seguir con el pleito del Generalife. Estábamos ya en 1826, fecha del verdadero inicio del pleito del Generalife en los órganos judiciales.

El pleito se inició plagado de incidencias entre la casa real española, que reclamaba el Generalife como propiedad personal, y el Marquesado de Campotéjar, en manos italianas. El Marquesado entendía que no era una tenencia de concesión real, sino una herencia familiar de los Granada-Venegas. La justicia española demostró poca pericia y mucha burocracia. Mientras que los italianos enmarañaron el asunto con múltiples y largas artimañas: tan pronto desaparecían como decían que eran cientos los apellidos con derechos; se negaban a recibir notificaciones. Así estuvieron hasta 1849, en que el pleito quedó paralizado. Buena parte de culpa la tuvo la larga serie de guerras civiles carlistas, la inestabilidad y debilidad política de España.

El Marquesado de Campotéjar siempre dispuso de hábiles procuradores, abogados y, lo más importante, de inteligentes administradores enviados a Granada.

A partir de la Revolución Gloriosa de 1868, la I República retomó el pleito. Pero ya no con el deseo de recuperar el Generalife y sus fincas para la Corona suprimida, sino para el Patrimonio Nacional.

El embrollado proceso judicial estaba en el Tribunal Supremo en el año 1903, sin visos de solucionarse. Hasta que, por fin, el sumario fue retomado por el juez granadino Miguel Ortega Moreno, titular sustituto del juzgado del Salvador. Corría el año 1912. Aquel hombre dictó sentencia de 30 de agosto, que parecía ser definitiva. Daba la razón al Estado español: el Marquesado de Campotéjar debía devolver la propiedad y uso (antigua tenencia), con todas sus rentas.

Pero el pleito centenario no había acabado con la sentencia favorable del juzgado del Salvador de Granada. Entonces entró en plena acción el administrador general del Marquesado de Campotéjar en Granada. Se llamaba Giussepe Dáneo Borrione, más conocido como Don José por los miles de colonos que tenía en el Generalife y en los señoríos de Jayena, Campotéjar y Dehesas Viejas. Era un caballero oficial de la Corona Italiana, ingeniero de profesión; había llegado a la Casa de los Tiros de Granada a principios de siglo XX, con una familia de cuatro varones (uno de ellos fue el famoso ginecólogo Alfredo Dáneo, discípulo de Alejandro Otero y fallecido en 1991).

Pero los tiempos estaban cambiando en España a pasos agigantados. Los agricultores, colonos y aparceros estaban hartos de caciques y nobles absentistas. Se estaba larvando la revolución de 1919, que prendió fuego en Granada y después se extendió a toda España.

Al igual que los administradores generales de la casa Campotéjar que le precedieron (Miguel Ranorino, Lino del Villar), Dáneo también empleaba mano de hierro para gobernar las propiedades del Marquesado. Las órdenes desde Italia eran mantener un estilo casi medieval; ésa debía ser la idea que tenía la marquesa de la realidad española. La marquesa Durazzo Palavicini sólo había estado una vez en España, en 1885.

Pero los tiempos estaban cambiando en España a pasos agigantados. Los agricultores, colonos y aparceros estaban hartos de caciques y nobles absentistas. Se estaba larvando la revolución de 1919, que prendió fuego en Granada y después se extendió a toda España.

El administrador Dáneo se percató pronto de ello. Había dado orden de seguir pleiteando y enredando con el Generalife –a pesar de tener ya una sentencia condenatoria del Salvador-. El punto débil no le llegó por vía judicial, sino por los señoríos de Jayena, Campotéjar y Dehesas Viejas. Las quejas de los agricultores de estos pueblos iba a acelerar el desmoronamiento del sistema medieval que mantenía el Marquesado de Campotéjar para con la gente de Granada y, de paso, acabar con los abusos del Generalife.

Tocan retirada de España: expolio del Generalife

La prensa del momento comentó que los familiones de aristócratas italianos necesitaban mucho dinero para mantener propiedades y nivel de vida. La divisa española estaba fuerte en aquel momento. Quizás también estos dos motivos influyeran en el cambio de estrategia.

Ya he reiterado que los administradores gobernaban las inmensas propiedades del Marquesado en Granada con criterios de vasallaje. En nómina tuvieron a infinidad de oidores y magistrados españoles que les ayudaron a mantener e incrementar el patrimonio. No se entiende de otra manera que el Generalife y sus fincas anexas fuesen engrosando durante los siglos XVIII y XIX hasta el punto de triplicar lo entregado por los Reyes Católicos. Incluso el Ayuntamiento de Granada debía solicitarles permiso de toma de agua para el cementerio de San José. Algo parecido ocurrió con los señoríos de Campotéjar y Jayena: de un puñado de yugadas concedidas en el siglo XV se había pasado a la entera propiedad de estos municipios a principios del siglo XX.

Empezaban a tocar retirada de España, tras el primer revés serio del juzgado del Salvador y levantamientos/huelgas de los colonos agrícolas. Lo primero que hizo el Marquesado de Campotéjar fue empezar a desmontar los elementos valiosos que contenía el Palacio del Generalife. Vemos varios artículos de la prensa de la época que lo denuncian reiteradamente: el 16 de julio de 1912 (unos días antes de conocerse la sentencia del Salvador), el Duque de San Pedro de Galatino, como diputado que era, denunció el expolio que estaba sufriendo el Palacio. Decía que poco quedaría cuando se hiciera cargo el Estado del lugar, “porque estaban desapareciendo artesonados, puertas, celosías, azulejos, columnas y arcos de los patios” (El Defensor de Granada). El destino era el traslado a Italia de los elementos más valiosos y/o la venta a chamarileros.

El Globo de Madrid se hacía eco del expolio en un sentido parecido (17 de julio de 1912). Algo parecido denunció la revista La Alhambra.

El enero de 1913, el Duque de San Pedro se trajo al rey Alfonso XIII a Granada para que cazara en su finca de Trasmulas. Pero aprovechó para llevárselo a visitar el Generalife, la que se suponía “su” nueva propiedad tras más de un siglo de intentos de sus antepasados monarcas. Pocas veces hasta entonces habían entrado fotógrafos y periodistas a esta finca de recreo de los nazaritas; a partir de aquel momento comenzaron a proliferar reportajes gráficos en prensa y también postales. Todavía en 1913 se puede decir que el Generalife estaba “casi entero”.

Llegamos a 1918 y el Estado español no había conseguido ejecutar la sentencia del Salvador (de agosto de 1912) ni tomado posesión del Generalife y sus inmensas fincas anexas, había recursos judiciales pendientes de resolución. El clima laboral y político estaba sumamente revuelto en Granada, el paro y el hambre aumentaban. El administrador José Dáneo negociaba en secreto la venta de los señoríos de Campotéjar, Jayena y Dehesas Viejas. Ya tenía apalabrados compradores. Incluso parece ser que había prisa por vender y largarse. El rumor estaba en la calle.

El diputado socialista Fernando de los Ríos decidió intervenir con un durísimo artículo (A las Cortes. Por la redención de los campesinos. Un pueblo que se intenta despojar: Jayena), publicado en El Sol, 1 de junio de 1918. Recordaba la historia del sistema feudal y de vasallaje que mantenía el Marquesado de Campotéjar, además de contar cómo habían ido usurpando tierras que no eran suyas.

Suicidio del último administrador del Marquesado

Las tensiones entre los colonos contra el Marquesado, representado en los pueblos por subadministradores, mayordomos y, en última instancia, por el administrador general José Dáneo fueron aumentando a partir de la intervención de Fernando de los Ríos. El político socialista defendía que la tierra debía ser para el que la trabajaba, no de absentistas italianos o madrileños.

El 3 de diciembre de 1918, Granada amaneció conmocionada por un grave suceso: José Dáneo Morrione se había suicidado. Ocurrió en una habitación de la Casa de los Tiros, palacio oficial del Marquesado de Campotéjar en Granada, punto desde el que se gobernaba el Generalife y los municipios de su propiedad. En días anteriores había estado negociando con posibles compradores de las tierras; la tarde anterior despachó con dos subadministradores, de quienes pareció despedirse. A continuación cargó su escopeta con un cartucho en el cañón derecho, ató una cuerda al gatillo, introdujo su pie y se descerrajó una perdigonada en la boca.

Los tres periódicos de Granada publicaron su esquela mortuoria. Sólo El Defensor dio alguna explicación sobre el suceso. Dáneo tenía 68 años y, según se dijo, padecía “arterioesclerosis cerebral y cuyo cerebro no estaba muy fuerte, sufriría alguna contrariedad, que obsesionándole le llevó al suicidio”. No dejó ninguna nota sobre el motivo o motivos de su muerte. Hubo especulaciones en todos los sentidos, todas ellas relacionadas con la tensión y desmoronamiento que vivía el Marquesado de Campotéjar en Granada.

Con la muerte de Dáneo pareció suavizarse un tanto la situación. Le sucedió Luis Solía en la administración general del Marquesado. Éste debió entender que había que negociar, tanto en el tema del pleito del Generalife como con los colonos de Campotéjar, Jayena y Dehesas Viejas. En febrero de 1919 tuvo lugar la revolución obrera/estudiantil, con varios muertos en las calles de Granada. Los acontecimientos se precipitaron. Los colonos de las tierras decidieron emprender una gran manifestación sobre Granada para presionar al nuevo administrador. Centenares de personas de Campotéjar salieron andando desde su pueblo y se presentaron en la Casa de los Tiros; a ellos se les sumaron también de los otros dos pueblos afectados. Y, por supuesto, cientos de obreros de la capital.

El administrador general se reunió con ellos en la Casa de los Tiros (7 de junio de 1919). A la asamblea asistieron algunos de los empresarios que negociaban la compra de las tierras, con el decano del Colegio de Abogados y político Fermín Camacho como mediador. Los colonos no podían creer que la venta de los pueblos y sus tierras ya estuviese casi pactada con una sociedad creada por unos ricachones granadinos. Ellos venían reclamando su adquisición desde tiempo inmemorial, ahora sospechaban una maniobra especulativa. Empezaron a surgir quejas y amenazas.

Entonces, uno de los compradores accedió a romper el trato y dar prioridad a los colonos. Se telegrafió a Italia y la Marquesa de Campotéjar se prestó a dar preferencia a los labradores. Así se firmó un compromiso con los alcaldes de las tres poblaciones. Luis Solía debió entender que era la única solución ante el estado pre-revolucionario que se le presentaba en los próximos días.

Pero la traición se encontraba agazapada en la otra cara del papel firmado por el administrador del Marquesado de Campotéjar. Nadie sabía que José Dáneo tenía pactada la venta de las tierras del Marquesado a la sociedad llamada Garrido, Romero y Rojas (C.G.R.R. y Cia). Había sido constituida en enero de 1920 por estos próceres de la oligarquía granadina (entre los que se encontraba el Rector de la Universidad), una vez comprados los terrenos el 28 de mayo de 1919. Los compromisos firmados por Luis Solía a los colonos de nada valieron frente al contrato anterior. El Marquesado prefería coger el dinero pronto y salir de España; negociar con miles de colonos le hubiese supuesto un proceso lento y sin garantías de poder cobrar pronto.

En 1920 se había desplazado a Madrid el Marqués de Campotéjar (por entonces llamado Santiago Felipe Durazzo Palavicini) para negociar un pacto extrajudicial con el Estado consistente en entregar el Generalife y acabar con el pleito. No conocemos exactamente las condiciones de aquel acuerdo, pero quedaron claras al año siguiente: había engañado al Estado.

Fermín Garrido y Cía. compraron finalmente las tierras; especularon con las tierras en los años siguientes, ofreciéndoselas a los colonos a precios superiores. Unos pudieron adquirirlas, otros se echaron atrás cuando vieron que no podían hacer frente a los pagos. Incluso muchos tuvieron que devolverlas al no poder pagarlas. Para el año 1942 todavía coleaba el tema de la venta de aquellas tierras.

Pacto extrajudicial sobre el Generalife

En cuanto al Generalife, en 1920 el Marqués de Campotéjar llegó a Madrid a negociar su entrega. Pero su fallecimiento hizo que continuara el asunto su viuda, Matilde Giustiniani y Giuistiniani, hasta alcanzar un pacto extrajudicial en octubre de 1921.

La nueva Marquesa se presentó como una víctima generosa, despojada de sus derechos ancestrales de familia. Cuando en realidad se había tratado de una saga de nobles italianos (emparentados con los Granada-Venegas españoles) que detentó el uso del Generalife y sus fincas durante los siglos XVIII, XIX y parte del XX. El Estado español se compadeció de ella, agradeció la entrega, le colocaron placas de agradecimiento por la “donación” (en el Generalife y en la Casa de los Tiros) y Alfonso XIII la premió con la concesión del Marquesado del Generalife (título extinguido con su muerte en 1971). Lo que el Estado no supo en aquel momento es que estuvo en tratos con una acaudalada norteamericana que le ofrecía cuatro millones de pesetas por el Generalife. La italiana se aprestó a buscar un pacto extrajudicial porque ya veía la causa perdida en el juzgado (sobre el Generalife usurpado) y las revoluciones campesinas en sus señoríos de Campotéjar, Jayena y Dehesas Viejas.

Entre finales del siglo XIX y principios del XX era habitual que partes de la Alhambra fuesen vendidas a particulares, sobre todo a extranjeros con dinero. Todavía queda alguna casa y terrenos pendientes de adquirir por el Patronado: alguna de la Calle Real (Casa Meersmans), casas de labor de la Mimbre, Hogar Ángel Ganivet, Carmen de Bellavista, Carmen de la Justicia, etc.

La propiedad del Marquesado incluía la Huerta de Fuente-Peña (9,3 hectáreas), Huerta Grande (2 hectáreas), Huerta Colorada (1,1 hectáreas), Carmen de la Sillas del Moro (3,2 has.), Carmen del Avellano (3 hectáreas), Dehesa del Generalife (537 fanegas), Huerta del Pino,...

Conocemos el inventario del contenido del Generalife puesto que fue levantada una detallada acta en el momento de la entrega (2 de octubre de 1921). El Palacio, las huertas y las fincas no eran moco de pavo. La propiedad del Marquesado incluía la Huerta de Fuente-Peña (9,3 hectáreas), Huerta Grande (2 hectáreas), Huerta Colorada (1,1 hectáreas), Carmen de la Sillas del Moro (3,2 has.), Carmen del Avellano (3 hectáreas), Dehesa del Generalife (537 fanegas), Huerta del Pino, etc.

En el Palacio del Generalife, lo que era la residencia palaciega, había una serie de obras de arte y mobiliario. Eran, sin duda, los restos que no habían querido llevarse durante el expolio iniciado en año 1912.

El palacio de la Casa de los Tiros –sede del administrador italiano– también fue cedido al Estado español por el Marquesado. Se pactó que fuese destinado a museo, casa de cultura o turismo. El joven Antonio Gallego Burín se encargó de su restauración y posterior apertura para cumplir esos fines (en 1928). Su Guía de Granada contiene un detallado relato del contenido que se encontró. La marquesa dejó en Granada la galería de retratos de reyes que adornaban las estancias del Generalife (se pueden ver en la escalera principal, aunque la mayoría son malas copias). También dejó algunos documentos sobre la gobernanza del Generalife, cuadros y obras de arte de cierta importancia, que hoy están incorporadas a los fondos del Museo de la Casa de los Tiros y Archivo de la Alhambra.

No obstante, se llevó la galería de retratos de los alcaides del Generalife, por considerar que eran de sus ancestros. Y todo el archivo histórico del Generalife y de sus señoríos. Desmontó las partes más artísticas de los muebles de la Casa de los Tiros, al igual que había venido haciendo desde 1912 (fecha de sentencia del Salvador). El Estado español no sólo no le impidió que sacara piezas y documentos históricos de gran valor, sino que colaboró en su salida hacia Génova.

Las espadas atribuidas a Boabdil

Varias son las espadas fabricadas en Granada (siglos XIV y XV) que se atribuyen a Boabdil.

  1. La que se guarda en Génova, procedente de la Casa de Campotéjar; no tiene ninguna inscripción, su tahalí (tirante) y borlas son de seda azul. Los adornos de la empuñadura (de oro macizo) y abrazaderas representan motivos vegetales. Sería la donada por los Reyes Católicos a Gil Vázquez Rengifo, aunque también podría pertenecer a la rama de Cidi Hyaya.

  2. La del Alcaide de los Donceles (de los Marquesados de Villaseca y de Viana). Fue arrebatada a Boabdil al apresarlo en la batalla de Lucena (abril de 1483). Tiene empuñadura de marfil con arabescos y vaina de cuero. Fue donada por Fernando de Aragón al alcalde de los Donceles. Estas dos son muy similares, debieron ser fraguadas por el mismo armero. Es que tiene más probabilidades de haber pertenecido a Boabdil. (Fue donada a Alfonso XIII y pasó al Museo del Ejército de Toledo. En la foto de arriba)

  3. Biblioteca Nacional de París. Fue adquirida en 1812 a un zapatero de Granada por el Duque de Luines. La donó a la Biblioteca en 1862. Probablemente se una copia posterior a la Toma de Granada.

Hay una más expuesta en el Museo de San Telmo de San Sebastián también atribuida a Boabdil, aunque la guarda difiere de los modelos nazaritas. Procede del Marqués de Villalegre.

Una de las piezas históricas más valiosas fue la que se llamó Espada de honor de Boabdil. Aunque parece que esta rica arma no era de Boabdil, sino de su pariente Cidi Hyaya (el príncipe de Almería, primer Granada Venegas). De este modelo de espada jineta nazarita se conservan al menos tres copias. La que se llevaron al Palacio Durazzo de Génova es quizás la más lujosa de todas. Pocos españoles han conseguido verla; uno de ellos fue un periodista de ABC, que la fotografió y publicó en este diario el 4 de marzo de 1961. Contaba la longeva marquesa Matilde Giustiniani que esa espada había sido donada por los Reyes Católicos al capitán Gil de Rengifo. En aquel palacio genovés se encuentran también algunos retratos de monarcas españoles (seguramente los originales) y un busto de la Marquesa hecho por Mariano Benlliure. E infinidad de documentos y libros en árabe pertenecientes a la etapa final del reinado nazarita (Francisco de Paula Valladar, que los vio, comentaba que allí había carros y carros de legajos históricos).


miércoles, 4 de marzo de 2026

CASA REAL (ALHAMBRA)

 gos

CASA REAL
Es de época de Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad II en su origen, reformada luego en el tercer periodo por Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad V después de 1370 como muestra su bahw. Constaba de cuatro crujías que rodeaban un largo patio rectangular con jardín crucero, atravesando su eje longitudinal la as-Sāqiyat/Acequia real (Mwḥāmmad I 1237-1273), formando cuatro arriates bordeados por paseos.
Hoy queda la sala rectangular del extremo E, cuyo vano rectangular tuvo un pórtico tripartito de entrada, con cuatro ventanas sobre el mismo separadas por cinco paños, coincidiendo sobre la clave del arco central un pilar y no un vano. Los paños muestran ataurique propio del primer periodo nazarī.
La sala presenta parte del zócalo con piezas azules y blancas combinadas. Se decora con paños horizontales separados por cenefa con el lema dinástico que aparece por primera vez epigrafiado con letras muy achatadas; uno de estos paños, situado sobre las ventanas, muestra un lazo de estrellas de seis puntas que desarrollan esvásticas de seis brazos enlazadas entre sí, siendo exactamente el mismo tema decorativo que se encuentra en la decoración de la vivienda alta del Partal. El otro tema decorativo con ruedas de lazo de ocho con zafates de remate semicircular es restauración posterior.
La Casa Real fue convertida en Convento de San Francisco, por orden de Isabel I, reina de Castilla y León para la orden franciscana, siendo la primera transformación cristiana de la Alhambra en 1495.
Dār al-Mamlaka al-Sa´īda/Casa Real de Felicidad en Ŷannat al-'Arīf/Generalife
Al noroeste de la Alhambra se levanta la Casa Real de Felicidad en Ŷannat al-'Arīf, una villa de recreo construida por Abū al-Walīd Ismā´īl I 1314-1325 con anterioridad al palacio de Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf I 1333-1354 que se asoma por sus galerías y ventanales calados al barrio al-Bayyezīn.
Acabado el recinto amurallado de la Alhambra con sus torre y puertas originales, y emprendido el programa de construcciones palatinas en Granada y en la Alhambra, debe atribuirse también a Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad II la completa construcción de Ŷannat al-'Arīf en paratas escalonadas separadas por muros de contención de hormigón estucado blanco, las cuales constituyen las diferentes huertas para hortalizas y huertos para frutales y corrales de animales.
En esta finca se construyó la Dār al-Mamlaka al-Sa´īda según la denominaba Ibn al-Ŷyyāb en la cabecera de los poemas epigrafiados que adornan sus muros
Se construyó con posterioridad a la Casa Real, convertida en el actual Parador de San Francisco, como delata su planta y dimensiones, arquitectura y ornamentación; quizá ya intervino en su construcción el hijo heredero Abū ´Abd Allāh Mwḥammād III, que comenzó el recinto de muralla, torre y puerta de la ciudad palatina de la Alhambra desde el extremo de alcazaba en todo su perímetro hasta el extremo SE de la misma, y albergó en una de sus torre meridionales el llamado Palacio de los Banū l-Sārrāŷ y en la cima de la loma el Palacio-Riyâḍ, hoy Parador de San francisco.
Este Palacio ha conservado su patio-riyāḍ completo, con un jardín crucero atravesado longitudinalmente por la as-Sāqiyat Real, dejando cuatro arriates ochavados circundados por paseos junto a la as-Sāqiyat, habiéndose recuperado éste jardín y su crucero tras el desescombro de 1958, cuando L. Torres Balbás tomó posesión de Genealife en nombre del estado español, llevó a cabo una serie de obras al monumento al quitar postizos, hacer restauraciones y prospecciones. Gracias a ésto quedó evidente la reforma llevada a cabo por Abū al-Walīd Ismā´īl I en 1319 tras su victoria en la Batalla de la Vega. En origen el salón no tuvo la torre-bahw que éste le añadió.
El salón original constaba de alcobas laterales y una batería de siete ventanas en el muro del fondo, habiendo quedado tras la reforma de Abū al-Walīd Ismā´īl I las dos extremas en uso y los pilares de la otras, salvo los de la central, vistos tras la citada prospección de L. Torres Balbás
La crujía muestra una galería de cinco arcos sobre columnas, adosadas las de los extremos, con el arco central desproporcionado por su gran anchura y falta de altura, lo que se debe a dos motivos: el que ópticamente abarque el pórtico tripartito del fondo de la galería que da acceso al salón; y el no poder tener la galería un tejado más elevado por el piso alto sobre el salón, que abre al patio por seis vanos, rehechos en época de los RRCC.
En la planta se nota claramente que la galería y el salón rectangular N. muestran un sesgo y el arco central está descentrado con respecto al pórtico tripartito del fondo, obra remodelada por Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad V, como lo fueron los īwānes con bóvedas de mocárabes de los extremos de la galería. En esta finca estaba Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad V cuando fue destronado en 1359, descansan los tres arcos sobre columnas de mármol con capiteles de mocárabes de escayola. El arco central, de medio punto y peraltado, muestra las albanegas con el ataurique calado, mientras que los laterales presentan por cima paño de sebkas caladas superpuestas con el puño cerrado de una mano y el dedo pulgar recto. Las jambas del pórtico tienen ţāqas, que han perdido su arquillo frontal. La cartela rectangular de cada una tiene un verso de un poemilla de dos, escritos en cúfico, que explican el uso del salón, empezando por el de la izquierda desde dentro del mismo, como advertencia al visitante: “Entra con compostura, habla con ciencia, sé parco en el decir y sal en paz”, y “ A aquel cuyas palabras son hermosas debe respetársele”. De este texto se deduce que los soberanos se retirarían aquí a descansar de las tareas de estado y gobierno, pero se verían obligados a despachar asuntos de importancia dando audiencia en el salón. El primer verso advertía a los wāzīres y funcionarios entrar con compostura, despachar concisamente e irse con premura.
El segundo verso permite a poetas y literatos su estancia por deleitar al ´Āmir en su retiro. Los textos epigrafiados en lo nazarī suelen tener una clara significación por el lugar que ocupan, estando bien pensados para cada sitio. Los dos poemas de cinco versos cursivos de cada ţāqa especifican, entre otras cosas, que albergan jarras de agua.
«Ţāqa en la puerta del salón más feliz
para servir a Su Alteza en el mirador.
Por Dios, qué bella es alzada
a la diestra del rey incomparable!
Cuando en ella aparecen los vasos de agua,
son como doncellas subidas a lo alto.
Regocíjate con Ismail, por quien
Dios te ha honrado y hecho feliz.
¡Subsista por él el Islam con fortaleza
tan poderosa, que sea la defensa del trono!»
Sobre el pórtico hay cinco ventanas con celosías, dispuesta la central a eje y separadas por paños con otro horizontal por encima. Decora la parte alta del muro y los extremos de la galería un paño de lazo de ocho delimitado por cenefas epigráficas, mostrando en sus extremos el perfil de ménsulas de palmas. Los arcos de los īwānes presentan alfiz epigráfico y descansan en ménsulas con perfil de rollos, al estilo ´āmiro-califal cordobés, y remate de almenas. Cubre la galería una armadura horizontal apeinazada con lazo de ocho.
El salón muestra el arco de entrada a la torre-bahw, añadida por Abū al-Walīd Ismā´īl I, y en cada extremo una ventana-arco sobre cuyo alfiz corre un friso de almenas; los muros no guardan zócalos de alicatado y tiene una zona estucada blanca quizá para realzar la luz interior, o porque estuvo tapizada. Por encima del arco de la torre-bahw discurre, entre dos bandas decorativas, un cuerpo de ventanas de medio punto con celosías, una central doble con sus arcos de trasdós unidos en la columnilla parteluz, y tres ventanas a cada lado; es decir la repetición de los huecos de ventanas originales cegadas de la planta baja. El muro de entrada presenta el pórtico-tripartito con sus cinco ventanas que interrumpe esta zona alta decorativa, dejando en el lado SO la banda amplia continua con cuatro arcos lobulados y en él, en tres arcos y medio, claro encaje motivado por la remodelación, que se ve en la unión con las ventanas arqueadas del pórtico
A cada lado del muro del pórtico de entrada hay una al-jazīna, rectangular vertical remontada por un friso de arcos de mocárabes y enmarcada por alfiz, cuyas cenefas verticales apoyan en los mencionados perfiles de ménsulas. Tanto este tema como el de las almenas rematando el tope de alfices de vanos se encuentran en la casa unida al Ḥammām junto a la Mezquita de la Alhambra, obra de Abū ´Abd Allāh Mwḥammād III.
La torre-bahw, de planta cuadrada, muestra en sus tres frentes abiertos al paisaje un arco decorativo en sus respectivos frentes, que alberga otro menor, mayor que la altura de una persona. El cuerpo lucernario muestra cinco ventanas; la armadura de tres paños es ataujerada, con las piezas de su labor de lazo talladas. Al añadirse esta torre-bahw en 1319, el núcleo palatino nazarī clásico quedó formado.
El único zócalo de alicatado que ha llegado, hoy en el Museo de Alhambra, es un lazo de ocho simple de estrellas y crucetas, que por elisión de trazos da el dibujo geométrico que presenta, estando trazado por cintas de colores fríos sobre fondo blanco; muestra del almenado blanco vertical y el negro de relleno. Análogos colores tiene el dintel de la puerta principal de Dār al-Mamlaka al-Sa´īda/Casa Real de Felicidad
El Generalife, tenía dos accesos a Dār al-Mamlaka al-Sa´īda/Casa real de Felificidad. Bien desde SE, desde Fuentepeña para el servicio, labriegos, pastores o para salir o entrar el soberano y su séquito a caballo desde la serranía; o bien desde la Alhambra, tras salir por la puerta de época de Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad II al pie de la Torre de los Picos, el soberano con sus familiares y cortesanos cruzaban el barranco entre al-Sabīka y el Cerro del Sol, y entraba por una puerta a un estrecho camino empedrado en cuesta y con espaciados escalones, abierto entre las paratas de las huertas hasta llegar a un quiebro, y, tras otro tramo, se llegaba a la puerta de un primer patio. Para evitar cualquier peligro, la salida desde la puerta de la Alhambra estaba vigilada y controlada desde la Torre del Qāḍī, si el paso se hacía a caballo, se descabalgaba al llegar al primero de los patios. Lo forma un muro tapia a O. en el que se abre un portón; a SO y NO, dos alas de edificio, posibles cuadras en planta baja y pajar y vivienda de servidores en la planta alta; tiene el patio un pilar para abrevar la montura y chorro para beber lass personas.
El paso al segundo patio se hace por escalones espaciados con arcos laterales que cobijan asientos para la guardia, desembocando en un pórtico de cinco arcos sobre pilares. Originariamente éste pórtico a SO no debió existir y es remodelación de 1319; en un principio debió tener sólo arquerías a derecha e izquierda, cuyos cimientos halló L. Torres Balbás y reconstruyó a ambos lados.
El frente al acceso lo ocupa la elevada fachada principal de Casa Real de Felicidad, con vano rectangular y dintel de cerámica de dovelas con ataurique de colores fríos, mostrando la clave la llave emblemática. Enmarcaba el dintel un encuadre de estuco con temas geométricos. Esta fachada presenta dos pisos de altura, el primero un entresuelo encima del zangüan de entrada, y el segundo es una estancia rectangular con alcobas en los extremos. El zangüan, tiene una asientos corrida para asiento de un cuerpo de guardia permanente, y a la izquierda la empinada escalera que desemboca en el patio-riyāḍ de Casa Real de Felicidad, hoy llamado Patio de las-Sāqiyat /Acequia, con su jardín crucero.
La crujía SO del patio. Vista desde el crucero esta crujía presenta en cada extremo escalera de subida desde el zangüan o bien los dos peldaños primeros de subida de otra escalera a las plantas entresuelo y alta, que hoy han desaparecido. Entre los arcos de las escaleras quedan tres espacios. En origen los espacios colaterales daban acceso a un pasillo que bajaba a una letrina y a la casa de la servidumbre del Palacio, la cual se conserva en planta recrecidos sus muros
El otro vano colateral daba paso a unas estancias adosadas a la crujía SO del Patio de la as-Sāqiyat, de la que queda un ala con planta baja y alta. A este nivel llegaba el acceso desde Fuentepeña, luego hay que ponerlo en relación con una comunicación directa con las huertas y los ganados del soberano, que abastecerían de alimentos a la Casa Real.
El vano central de esta crujía SO muestra hoy tres arcos rebajados sobre dos columnas exentas reutilizadas; quizá en su origen tuvo un solo arco y fue un cenador a eje con la as-Sāqiyat. La estancia alta rectangular de esta crujía tiene alcobas delimitadas por arcos en sus extremos, cinco ventanas en su muro SO y hacia el Patio de la as-Sāqiyat un pabellón mirador central, similar a los altos de Patio de los Leones, rehecho por L.T.B. más amplio de lo que fue por la alteración del cenador bajo con triple arco. Debido a esto las ventanas laterales al pabellón, de doble arco con columna parteluz, han quedado agobiadas.
El Patio lo delimita, un jardin alto, una puerta de paso a eje con el crucero, y en el extremo de este lado longitudinal del Patio han conservado el resto de dos viviendas con plantas baja y alta, la más septentrional con una escalera de bajada por debajo del nivel del Patio de la as-Sāqiyat, quizá Ḥammām estas viviendas ardieron en 1958
El Patio cierra al NO con un largo grueso y alto muro en su origen, cuya altura original ha quedado en ambos extremos, y una parte del mismo en el ángulo con la galería que muestra puerta, con nicho ciego a la altura del piso alto, paramento ornamentado con yesería y alero como remate, dando acceso dicha puerta a una escalera de bajada a la parada inferior. A eje con el crucero éste muro ofrece la fachadita de entrada a un bahw con triple ventana por frente, donde a la decoración original se le sobrepuso otra en 1319
El edificio, sin embargo, es menos conocido que sus jardines, ideados con una sublime sutileza que participa de la composición geométrica tanto como de los colores y aromas que desprenden sus variadas especies vegetales. Con mucha razón se lo llama «La más noble y elevada de todas las huertas» Ŷannat al-'arif. Otra traducción sería «Huerta del gnóstico/alarife o arquitecto».