El Carmen de los Mártires.
Lo que se llamó Corral de los Cautivos porque en él encerraban a los cristianos prisioneros que trabajaban en las obras reales, en los silos o mazmorras abiertos en el terreno, alguno de los cuales se conservan (dice Antonio Gallego Burín, en su guía a mediados del siglo pasado). En esos silos, construídos por el Āmir Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad I para conservar los aprovisionamientos de la fortaleza, dice Mármol, que luego cuando los Āmires de Granada no eran tan poderosos, guardaban los vecinos su pan "para tenerlo allí más seguro, haciéndo después estos silos prisión de cristianos cautivos para encerrarlos de noche y retenerlos de día cuando no les llevaban a trabajar", afirmación refrendada por el alemán Münzer, que dice que cuando él visitó este sitio (1494) existían catorce hondas y enormes mazmorras abiertas en la misma roca, capaz cada una para ciento y doscientos prisioneros, que, en ocasiones, llegaron a ser siete mil, distribuidos entre ésta y otras cárceles, muchos de los cuales sucumbieron durante el sitio de la ciudad, pues cuando ésta se tomó sólo se encontraron mil quinientos. Esos silos reproducidos en grabados de los ss. XVII y XVIII, tenían forma de embudo, entrada por un agujero redondo no muy grande en lo alto y profundidad de unos 7 metros del suelo, plano y circular, de unos 8 metros de diámetro, presentaba divisiones radiales destinadas a camas hechas con ladrillos de canto -unas doce por mazmorra- y cada una con un pequeño poyo de ladrillo para descanso de la cabeza; en el centro quedaba un espacio libre, y de trecho en trecho, había algunas orzas para agua y un canalillo circular, vertiendo en un hoyo, que debía servir de sumidero.
En el Corral de los Cautivos la reina Isabel I de Castilla-León, mandó edificar la primera iglesia de Granada, dedicada a los Santos Mártires, una ermita en la parte más alta de la colina, de donde viene el nombre de este sitio. La fundación que dotó la reina Isabel I e hizo aneja de su Capilla Real, fue confirmada por Carlos V y a su culto atendían los Capellanes Reales, que anualmente celebraban en honor de los mártires una solemne fiesta el día de San Pedro Advíncula. El conde de Tendilla obtuvo este lugar en 1573, para la fundación de un convento de Carmelitas Descalzos, que establecieron Fr. Baltasar de Jesús y otros, y del que fue Prior, de 1582 a 1588, San Juan de la Cruz. Dedicado a los Santos Cosme y Damián, se edificó nueva Iglesia, de 1614 a 1620, sobre la primitiva ermita, convirtiéndose ésta en sala de capítulos, según rezaba la siguiente inscripción que existía en ella:
"Los Reyes Católicos d. Fernando y Dña. Isabel, de gloriosa memoria, aviéndoles entregado en este sitio las llabes de la fortaleça del Alhambra, a 2 de Enero año 1492, mandaron labrar en él, la primera iglesia de esta Ciudad, con título de los Santos Mártires, en honra de los christianos que en este monte padecieron prisiones i muerte por la Santa Fe, aviéndose dado esta Ermita a nra. reforma el año de 1573 a 19 de mayo. Acavada después, la Iglesia, año de 1620 se acomodó en ella la sala de capítulo pa. conservar su memoria y quadros q. en ella dejaron los Rs. Chatólicos que están en el altar y ese de arriba".
Henriquez de Jorquera
dice que el templo era vistoso y agradable, con buenas capillas,
claustro y otra dependencias y en él se veneraba una imagen pequeña
de alabastro, llamada nuestra Señora del Sepulcro, encontrada en los
cimientos de un estanque antiguo del Convento y se conservaba un
pectoral del Obispo de Jaén D. Gonzalo de Estúñiga, que padeció
martirio en Granada.
Nada de ésto queda ya, excepto cinco de
las tablas del retablo -las de los Martirios de los Santos Pedro,
Esteban, Sebastián, de Granada, pues el convento fue destruido en
1842, aunque su recuerdo se ha perpetuado en un precioso dibujo de
Vivían hecho hacia 1838. Los terrenos que ocupó adquiridos en
1845 por un particular, lo fueron luego por el general Carlos
Calderón, que en ellos edificó una casa de recreo, hoy restaurada,
donde la escenografía en la configuración de la arquitectura debió
alcanzar máxima expresión, y actualmente (a mediados del siglo XX,
dice Antonio Gallego Burín), la huerta y jardines, que más tarde
pasaron a poder del súbdito belga Huberto Meersmanns, y
posteriormente fueron propiedad del Duque del Infantado. En 1958 el
Ayuntamiento adquirió la finca de los Mártires cuidando desde dicha
fecha de la conservación de sus jardines, posteriormente abandonados
y hoy en proyecto de dar un nuevo destino a la finca. En sus jardines
se conservó, hasta fines del siglo XIX, una corpulenta encina que,
según la tradición, fue plantada por Santa Teresa, tradición falsa
pues Santa Teresa nunca estuvo en Granada, y se conserva todavía un
frondoso cedro que la misma tradición dice que plantó San Juan de
la Cruz, siendo este cedro y las almenas que sobre él se divisan, a
lo que el santo alude en su canción “La noche oscura”.
A la derecha de la colina, mirando a la Vega, abrieron los cristianos un camino, conocido por Peña Partida, para subir la artillería cuando se ganó la ciudad y por el llegaron desde el Genil, e 2 de enero de 1492, las tropas castellanas, con las que venía el Conde de Tendida y el Comendador de León Gutierre de Cárdenas, a posesionarse de la fortaleza a cuyo suceso alude la inscripción antes citada. Fue declarado Jardín Artístico en 1943 y su última propietaria, Sor Cristina de la Cruz de Arteaga, religiosa Jerónima, dona el Carmen de los Mártires al Ayuntamiento de Granada, y tras una época desgraciada en las últimas Corporaciones predemocráticas, estuvo a punto de desaparecer y ser convertido en recinto hostelero. 1996. Se elabora el Proyecto de Restauración de los Jardines de los Mártires por convenio del Ayuntamiento de Granada, La Junta de Andalucía y la Universidad de Granada.
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