Casa de los Tiros. Ubicada en la Plaza del Padre Suárez.
El nombre le viene dado por las piezas de artillería, mosquetes, que asoman en las almenas del edificio.
La historia de la Casa de los Tiros está ligada a la figura de Gil Vázquez Rengifo, caballero castellano que acompañó a los reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón en la conquista del Reyno de Granada y que, con anterioridad, había servido en las campañas de Italia a las órdenes de Gonzalo Fernández de Córdoba, y a la familia de los Granada-Venegas. Esta familia procede de un noble nazarí llamado Cidi Yahya, emparentado con la familia real nazarí, que colaboró con los RR. Católicos en la conquista del Reino de Granada y que se convirtió al cristianismo con parte de su familia. Al bautizarse adoptó el nombre de Pedro Granada. Su mujer, una princesa nazarí llamada Cetti Meriem, también se convirtió adoptando el nombre de María Venegas. Esta familia ha llegado hasta nuestros días en las personas de los Marqueses de Campotéjar. Los servicios prestados a la corona fueron recompensados con una serie de privilegios y tierras que convirtieron a los Granada-Venegas en una de las familias nobles más influyentes de Granada. En la concesión de tierras tiene su origen lo que será reconocido como Marquesado de Campotéjar por el rey Felipe IV en 1643
La Casa de los Tiros fue una concesión que hicieron los reyes Isabel I de Castilla y Fernando II de Aragón a Gil Vázquez Rengifo después de la expulsión de los judíos de 1492. Se le concedió, según algunos expertos, una Qubba o torre cuadrada, adosada a la muralla de los Alfareros, y que Gil Vázquez Rengifo transformó sustituyendo los ladrillos y la argamasa, material constructivo nazarí, por sillares de piedra, material constructivo de la nobleza castellana.
¿Cómo se hicieron los Granada-Venegas con el edificio?
De la manera más normal en esa época: a través de la boda de Pedro Granada-Venegas de Mendoza, nieto de Pedro Granada, con María Rengifo Dávila, hija de Gil Vázquez Rengifo. Más importante que la incorporación de la Casa de los Tiros a la familia Granada-Venegas fue la del Generalife. Gil Vázquez Rengifo fue nombrado alcaide del Generalife por el Emperador Carlos V en 1525, pero, después de la boda de su hija, renunció al título que recayó en su yerno, Pedro Granada-Venegas de Mendoza, año 1537. La propiedad del Generalife originó un larguísimo pleito, s.s. XVIII-XX, entre la corona y los Marqueses de Campotéjar, sucesores de los Granada-Venegas. El pleito se resolvió en 1921, pasando el Generalife a poder de la corona española y, en compensación por la duración del pleito, los marqueses de Campotéjar cedieron también la Casa de los Tiros. En la actualidad, el edificio, es el Museo Casa de los Tiros-Museo de Artes y Costumbres Populares.
-En la parte superior, en lo que serían las almenas de la torre-palacio, asoman los cañones de unos mosquetes, armas de fuego de infantería que se utilizaron entre los s.s. XVI y XIX, y que han servido para darle el nombre con el que se conoce al edificio: Casa de los Tiros.
-Las esculturas que encontramos en ella y que representan a cuatro grandes héroes griegos y al dios Hermes. Las figuras se encuentran sobre repisas semicirculares y cubiertas con unas cornisas a modo de guardapolvos. De arriba a abajo y de izquierda a derecha: Jasón, Héctor, Hermes, Hércules y Teseo.
¿También la Casa de los Tiros se iba a Génova?
El 27 de julio de 1919, el Noticiero Granadino publicó el rumor de que la Marquesa de Campotéjar había dado la orden de desmontar pieza a pieza el torreón de la Casa de los Tiros (que contiene la Cuadra Dorada en su primera planta) y llevárselo para volver a montarlo en Génova. La preocupación saltó de inmediato en círculos culturales de Granada. No era de extrañar, pues ya habían salido para Italia las puertas labradas de madera, un artesonado que estuvo en el Generalife y la mayoría de muebles valiosos del palacio.
La Comisión Provincial de Monumentos se reunió de inmediato y llamó a declarar al administrador del Marquesado, Luis Solía. Éste lo desmintió tajantemente. También dirigió una carta al Noticiero diciendo que la noticia era falsa. A nadie le hubiera extrañado que se lo llevaran sin que Granada levantara la voz; por aquellas fechas acaban de desmontar el Palacio de los Córdoba (en plaza Isabel la Católica) y la Casa de los Toribios (Asilo de la Asunción, cerca de la iglesia de San José). También se barajaba el derrumbe del Corral del Carbón.
Como nota curiosa, los genoveses también se llevaron la bodega histórica de vinos producidos en las huertas del Generalife. Constaba de unas 1.200 botellas de las añadas entre 1803 y 1890. Algunas todavía subsisten en Génova.
¿Puede recuperar España el archivo y objetos del Generalife?
En alguna ocasión, algún político andaluz ha hablado de intentarlo, pero la idea no ha cuajado. Su recuperación sería sumamente difícil. La cuestión estaría sometida al derecho internacional privado.
El primer inconveniente surge porque el traslado fue suscrito entre el Estado español y el Marquesado de Campotéjar. La entrega fue el resultado de un acuerdo extrajudicial válido en su totalidad, de acuerdo con la legislación española de aquel momento. Es decir, la propiedad del archivo y obras de arte del Generalife les fue legalmente transmitida por el Estado español a los Durazzo-Palavicini. Cuando se firmó el contrato (1921) y se acabó de trasladar el archivo a Génova (1928) en España no existía una legislación como la actual, que impide la exportación de patrimonio histórico-artístico. En suma, todo se hizo legalmente.
La supuesta generosidad del Marquesado de Campotéjar en 1921 se ha tornado después en frialdad a la hora de permitir que investigadores españoles accedan a los fondos. Por eso no se conoce realmente el contenido del archivo del Generalife; seguramente guarda importantes datos para conocer más en profundidad la historia de Granada, de la Alhambra, del Generalife y de los pueblos que constituyeron su virreinato entre los siglos XVI y principios del XX.
La única manera de acceder a ese importante trozo del pasado granadino sería mediante negociación de buena voluntad. Y eso radica en altas esferas del Gobierno y la diplomacia españoles.
El título de Marqués/a de Campotéjar retornó a España, tras más de dos siglos y medio campando por Italia. Tras el pleito, pasó a una línea secundaria de los Granada-Venegas: Casilda de Bustos y Figueroa, XIX Marquesa (de la familia del Conde de Romanones); José María Finat y Bustos, XX Marqués; y actualmente Casilda Finat y Riva, XXI Marquesa de Campotéjar. Esta rama nada tiene que ver con el pleito y la actitud hostil mostrada por los italianos durante más de un siglo. En compensación, Matilde Giustiniani se quedó con el título de Marquesa del Generalife, con grandeza de España y extinguido en 1971.
La figura del alcaide de la Alhambra no existe en la actualidad. Desde 1921, el Generalife se integró en el Patronato de la Alhambra, un órgano público de varias las administraciones que delega en un Director (con mayoría de representes de la Junta de Andalucía en la actualidad). La Presidencia la ostenta el Consejero de Cultura.
Poema Pórtico norte de Ŷannat al-'arif/Generalife Las ţāqas eran nichos, alacenas u hornacinas practicados en el muro, situados por parejas a ambos lados de los arcos o puertas de entrada a las habitaciones para contener vasijas con agua en su interior. El poema, escrito en su alfiz dice:
«Ţāqa
en la puerta del salón más feliz
para servir a Su Alteza en el
mirador.
¡Por Dios, qué bella es alzada
a la diestra del rey
incomparable!
Cuando en ella aparecen los vasos de agua,
son
como doncellas subidas a lo alto.
Regocíjate con Ismā´īl, por
quien
Dios te ha honrado y hecho feliz.
¡Subsista por él el
Islam con fortaleza
tan poderosa, que sea la defensa del trono!»
Escalera del Agua
Ŷinān/Jardín de la Escalera del Agua
Muestra cuatro tramos de escalera separados por plataformas redondeadas, todo ello envuelto en una bóveda de laureles y árboles de hoja perenne, bajando el agua por los canales vidriados que rematan los muros-parapetos que delimitan la escalera, con cascadas de espuma que se remansa en el recorrido redondeado de las plataformas, en cuyo pavimento hay fuentecillas que desaguaban mediante canalillos que bajaban por el eje de la escalera. Si ésta escalera conducía a un oratorio- cuyo lugar hoy ocuparía el mirador romántico en que termina-, servía para hacer las abluciones de pies, manos y cara, tomando sentido la aleya coránica que menciona el Jardín del Paraíso.
Oh
descendiente de los Ansares, y no por línea indirecta,
herencia
de nobleza, que a los fatuos desestima:
Que la paz de Dios sea
contigo y pervivas incólume
renovando
tus festines y afligiendo a tus enemigos!»
"Granada es una desposada cuya corona
y cuyas alhajas y vestiduras son las flores,
la tunica es el Ŷannat al-’arif,
su espejo la paz de los extranjeros,
sus arrancadas los aljofares de la escarcha"
(Ibn Zamrak)
Las
columnas en todo son tan bellas,
que en lenguas, corredora, anda
su fama:
lanza el mármol su clara luz, que invade
la negra
esquina que tiznó la sombra;
irisan sus reflejos, y dirías
son,
a pesar de su tamaño, perlas.
Jamás vimos jardines más
floreciente,
de cosecha más dulce y más aroma.
Por permiso
del juez de la hermosura
paga, doble, el impuesto en alcázar más
excelso,
de contornos más claros y espaciosos




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