jueves, 25 de diciembre de 2025

PIEDRA LLOROSA

 

Piedra Llorosa c/ Liñán 2

A pocos metros de donde se ubicaba la Puerta Real, encontramos aún hoy un bloque de piedra que conocemos como "La Piedra Llorosa de Sevilla". Según la tradición, fue el lugar donde Juan José García de Vinuesa, Teniente de Alcalde en 1857 se sentó a llorar de impotencia por los tristes hechos ocurridos. Falleció por la epidemia de cólera de 1865, atendiendo y ayudando a enfermos en Triana.

Año 1857, cuando en la ciudad se produjo un pronunciamiento popular, liderado por jóvenes de la media burguesía sevillana. El movimiento, contaba con apenas una treintena de jóvenes que partió de Sevilla hacia Ronda, reivindicando República y Libertad. Recorrieron las diferentes localidades que encontraban por el camino. La primera por la que pasaron fue Utrera y de ahí, la idea era en un principio seguir hasta El Coronil para llegar a Morón de la Frontera. Desde Utrera finalmente decidieron dirigirse a Arahal, Paradas y Marchena para desde ahí bajar a Morón. Prosiguieron adentrándose en la Serranía de Ronda hasta llegar a Pruna, Alcalá del Valle, Setenil de las Bodegas y Benaoján. En cada localidad que atravesaban fueron sumando sublevados a la causa. Los motivos eran principalmente las malas cosechas y el atraso del campo andaluz.

La primera parada que los insurrectos realizaron en su ruta fue Utrera, allí tomaron armas y sumaron hombres. También lo harían en Arahal, donde además quemaron los archivos públicos de la localidad. En cada parada aprovechaban para armarse, coger caballos y hasta instrumentos musicales como en Utrera, donde robaron tambores y cornetas de la sociedad filarmónica para ir anunciando su llegada allí por donde pasaban. La Guardia Civil los frenó en Marchena, produciéndose un tiroteo con víctima mortal y varios prisioneros. Los insurrectos pensaban que en la Serranía de Ronda se unirían a un ejército de 30.000 hombres que los esperaban para volver a Sevilla e incendiar muchas casas de la ciudad, pero en la sierra no los esperaba nadie. Lo que sí salió de Sevilla en su búsqueda fue una columna defensiva que iba directamente a frenarlos y apresarlos, algo que ocurrió en Benaoján, Málaga. Allí muchos fueron sorprendidos y abatidos, superando las cuarenta víctimas y varias decenas de presos. Algunos consiguieron huir dirección Gibraltar. Estos hechos aparecen en uno de los llamados Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós, concretamente en el que lleva el título de "O´Donnell"

El pronunciamiento popular fue severamente aplastado por el gobierno de Narváez, algo que produjo víctimas mortales y encarcelados. Los apresados fueron llevados a la prisión que era por entonces el antiguo convento de San Laureano (edificio junto al cual se sitúa la piedra). Días después, los encarcelados serían ejecutados en el Campo de Marte, actual Plaza de Armas, ante la indignación de unos y la alegría de otros. Todo fue tan rápido que no dio lugar a que llegaran las peticiones de indulto que se reunieron en todas las poblaciones, llegando casi al centenar de páginas firmadas pidiendo clemencia. Entre estas firmas se encontraba la de la infanta María Luisa, hermana de la reina Isabel II y esposa de Antonio de Orleans, duque de Montpensier. Estos hechos provocaron la impotencia de Juan José García de Vinuesa, Teniente de Alcalde, salió por la Puerta Real, se sentó en un bloque de granito que se encontraba a la entrada de la prisión, el antiguo convento de San Laureano y allí sentado lloró por no haber podido frenar aquella barbarie.

La Piedra Llorosa de Sevilla no se encontraba exactamente donde hoy la vemos. Con las obras de reurbanización de la zona, se trasladó unos metros hacia atrás en época reciente para no entorpecer el tránsito de peatones y vehículos. Cuando ocurrieron los hechos, la piedra se encontraba a pocos metros de la antigua Puerta Real, llamada en origen Puerta de Goles, que desaparecería cinco años después, en 1862, precisamente bajo el mandato de García de Vinuesa. Sus "restos", los de la antigua puerta, estuvieron durante años a la espera de ser reconstruidos para servir de entrada al cementerio de San Fernando, inaugurado apenas nueve años antes, en 1853, algo que nunca ocurrió.


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