Plaza
de la Encarnación
Este
espacio que ocupa la plaza de la Encarnación, se encuentra en lo que
había sido el extremo norte de la ciudad romana y visigoda. Al
expandirse la ciudad durante la etapa musulmana, especialmente a
partir del s. XI cuando el Guadalquivir se establece en su ubicación
actual, este lugar ocupó aproximadamente el centro geográfico de lo
que fue la ciudad medieval amurallada.
Tras
la conquista cristiana, numerosos nobles y caballeros se instalaron
en la zona, recibiendo el nombre de barrio de Morillo en honor a uno
de ellos. Las mejores familias sevillanas construyeron allí sus
casas-palacio
que,
tras la compra del Ayuntamiento para ensanchar algunas calles, dio
como resultado la creación de un gran solar fruto de las
demoliciones. El objetivo era crear una gran Plaza Mayor en el
corazón de la ciudad desde el que partieran todas las calles
periféricas.
Este inmenso solar urbano es resultado de dos conventos de herencia
renacentista que estaban situados en la zona, el Convento de Regina
Angelorum y el Convento de la Encarnación.
fundado en el s. XVI y es de monjas agustinas. Juan
de la Barrera había
hecho fortuna en América pero, al no tener descendencia, quiso
dedicar su herencia a obras piadosas. Su fundación se data en 1591,
cuando dona unas casas en el barrio de San Bartolomé, con la
posibilidad de ser vendidas para buscar otra ubicación si fuera
necesario. Y así fue, la ubicación definitiva sería la que hoy
conocemos y en él se instalarían hermanas agustinas. En el
testamento de Juan de la Barrera estaba estipulado que su
enterramiento tendría que llevarse a cabo en él y que el altar
mayor tendría que estar dedicado a la Anunciación.
En
1810 se produjo la invasión de Sevilla por parte de los franceses.
El 28 de abril se publicó en la «Gazeta de Sevilla» el decreto,
firmado por José Bonaparte en el Alcázar, para la "formación
de una plaza pública en el terreno que ocupa la manzana comprendida
entre las plazas de Regina y la Encarnación". El mismo decreto
ordena que las monjas fuesen trasladadas a otro convento. Se propuso
que las monjas fuesen trasladadas al Convento de Nuestra Señora de
la Paz, también de agustinas, pero las monjas no querían ser
fusionadas con otro convento, así que se trasladaron al Convento de
los Terceros, que había sido exclaustrado y el de la Encarnación
sería derribado.
El
mariscal Soult tenía en mente hacer de Sevilla una gran capital de
España y en el solar del convento de la Encarnación, ubicaría la
plaza mayor que la ciudad nunca tuvo, algo que no llegó a
materializarse.
El
11 de diciembre de 1813, el rey Fernando VII ordenó que se
devolviesen sus posesiones a todos los religiosos pero estas monjas
agustinas no tenían ya un lugar al que regresar. El
cabildo catedralicio les cedió la iglesia y el coro del Hospital
de Santa Marta, entre
la Plaza Virgen de los Reyes y la Plaza del Triunfo.
Las monjas recibieron en donación dos casas colindantes al hospital.
Se trasladaron a su nueva sede el 21 de diciembre de de 1819 y, al
día siguiente, volvieron los terceros a su respectivo convento.
Con
motivo de la Guerra de la Independencia y tras la marcha de los
franceses, la ciudad cuenta con un terreno de 25.000 m2 sin ningún
tipo de uso en el que, poco tiempo después, el Ayuntamiento decide
instalar un mercado de abastos.
El
mercado de la Encarnación
El
Mercado de la Encarnación fue uno de los mercados de abastos más
antiguos de la ciudad de Sevilla (junto con el de Triana y el que es
considerado como el más longevo de todos, el de la calle Feria). Fue
construido sobre el antiguo convento agustino de la Encarnación,
dando su nombre a la plaza en la que hoy nos encontramos.
Diseñado
por Melchor
Cano,
arquitecto mayor de Sevilla en 1832, el mercado contaba con más de
400 puestos de productos frescos. Debido a su tamaño y ubicación,
el mercado abastecía a toda la ciudad, ocupando todo el espacio que
hoy conocemos como Plaza de la Encarnación.
El
gran mercado, por su tamaño y ubicación, se convirtió rápidamente
en el centro de la vida diaria de la ciudad, convirtiendo la Plaza de
la Encarnación en el punto de mayor movimiento de Sevilla, las casas
de la antigua calle Imagen
se
derriban para su ensanche y conectarla con la calle Laraña,
formando ambas una misma calle recta. El mercado verá reducida su
superficie para dejar espacio al ensanche.
Sevilla
crecía, se transformaba y debido a la afluencia de tráfico desde la
Campana hasta Puerta Osario, se hizo un ensanche de la calle Imagen a
mediados del s. XX, perdiendo el mercado casi un tercio de su
espacio. De los 10.000 metros cuadrados que ocupó originalmente, al
quedar partido por la nueva avenida, su espacio se redujo a los 7.000
aproximadamente, surgiendo así por primera vez la Plaza de la
Encarnación. La nueva calle partía en dos el espacio que antes
ocupaba en su totalidad el mercado, quedando este a un lado y al otro
la nueva plaza.
En
1973, debido a problemas estructurales de los puestos de verduras y
pescado del Mercado, la riada del Tamarguillo y la aparición de los
primeros supermercados, el Mercado fue demolido con la promesa de un
nuevo edificio que mejorara las condiciones del mismo. De manera
aledaña, en el ángulo noreste de la plaza se dispusieron unas
instalaciones, pensadas para que los comerciantes pudieran ejercer su
actividad de forma provisional por un plazo máximo de 3 años, que
fueron finalmente 37. Durante todo ese tiempo, esta parte de Sevilla
se convirtió en un solar vallado que provocó la degradación de
toda esta zona de la ciudad que había sido el epicentro comercial y
social durante s. y medio.
De
los más de 400 comerciantes que había en el mercado original, hoy
encontramos menos de 40, apenas un 10% de lo que fue el principal
mercado de la ciudad.
El
primer uso que tuvo el espacio fue el de un aparcamiento en
superficie. El proyecto derivó posteriormente en la construcción de
un nuevo estacionamiento, esta vez subterráneo, sobre el que se
ubicaría el nuevo mercado. La falta de recursos fue dilatando la
actuación sobre el mismo y durante la década de los 90, se llevaron
acabo varias etapas de excavación arqueológica para la
identificación de los restos del antiguo convento. Se llegó hasta
los 3/3'5 metros de profundidad, identificándose restos de la etapa
almohade.
La
idea del proyecto de aparcamiento subterráneo y mercado continuó
hasta inicios del nuevo s.. Nuevas excavaciones, esta vez tomadas más
en serio y a cargo de Fernando
Amores y
la presión por parte de diferentes estamentos para la puesta en
valor de nuestro patrimonio, encaminaron el proyecto hacia una
conservación de los restos, dejando a un lado la idea del
estacionamiento.
Las
diferentes fases en la excavación fueron identificando y poniendo en
valor las diferentes etapas históricas escondidas bajo la Plaza de
la Encarnación. El final de la primera década llegaba con la
musealización de los restos, comprendidos entre el s. I y el VI d.C.
En
2004, el Ayuntamiento de Sevilla convocó un concurso internacional
de ideas para la reurbanización de la plaza de la Encarnación,
donde los restos arqueológicos quedaran integrados. Esta etapa
daría lugar al proyecto que conocemos como las Setas.