miércoles, 11 de marzo de 2026

ALHAMBRA DESPUES DE 1492

 

Qal´at al-Hamrā/Alhambra después de 1.492 Los españoles fueron los primeros en destruir la Alhambra. Fue uno de los primeros objetivos de los soldados españoles después de la caída de Granada en 1492, y el primer objetivo de los españoles con celo que querían imponerse sobre los logros del Islam. Durante más de 400 años, los españoles dejaron que la estructura y los jardines del monumental complejo acabaran en ruinas y decadencia. Para ellos, tan solo era un símbolo de una civilización de la que, intencionadamente, querían eliminar cualquier vestigio, con la consiguiente pérdida de decenas de miles de vidas y el sufrimiento de centenares de miles de āndalusīes que fueron expulsados arbitrariamente de su tierra natal al-Āndalus. Isabel I, reina de Castilla-León y Fernando II, rey de Aragón, dejan en la Alhambra guarnición especial, tras nombrar como alcaide a Iñigo López de Mendoza, conde de Tendilla, quien vinculó a su casa por herencia éste cargo, hasta la llegada en el s. XVIII el cambio de dinastía, al desposeer Felipe V de su alcaldía, en 1717, al marqués de Mondéjar- descendiente del conde de Tendilla- por haber secundado al archiduque Carlos de Austria en la guerra de Sucesión al trono de España. El Generalife pasó a manos de unos antiguos aristócratas granadinos, los Granada-Venegas, que no tardaron en entroncar con una familia de comerciantes genoveses, los Grimaldi, Mantuvieron bajo su control y propiedad la gran almunia y su espacio agrícola hasta el s. XX Los castellanos y sus familias se instalaron en la ciudad palatina y la concibieron como una fortaleza que dominaba la ciudad de Granada. Los espacios públicos quedaron reducidos a los estrictamente necesarios. La Alcazaba se reforzó. Algunas puertas fueron clausuradas de manera definitiva. Se instalaron baluartes para la artillería, temiendo asaltos de la propia población āndalusī granadina. Se aseguró el abastecimiento del agua, reforzando la coracha y construyendo un gran aljibe. Los palacios se adaptaron para las nuevas necesidades. La Capitanía General del Reyno de Granada cuyo gobierno fue entregado al conde de Tendilla, Iñigo López de Mendoza, se erigió en la máxima autoridad militar del Reyno. El resto de edificios y terrenos contiguos al Palacio fue poblado progresivamente por gente de baja posición social –artesanos y labradores sobre todo-, y el conjunto se convirtió en una auténtica ciudad dependiente territorialmente del cabildo de Granada pero con una jurisdicción propia que incluía, por ejemplo, a las actuales Puerta de Elvira y alrededores, Plaza de Bib-Rambla y calles Alcaicería, Oficios, Zacatín, Paños y López Rubio, entre otras. Carlos I de España y V de Alemania, en 1526, tras su boda en Sevilla con Isabel de Portugal, mandó demoler irracionalmente en la parte sur del Patio de Comares, una estancia de estructura similar a la Sala de la Barca, en su zona frontera norte, para construir un edificio renacentista romano -con iglesia incluida- que hoy lleva su nombre y que sirviera de puerta solemne revestida de cristiandad, pero sus formas adustas y desproporcionadas contrastan notablemente con la grácil acrópolis āndalusī. Cuando los extranjeros visitaron las ruinas de la Alhambra después de más de 300 años de abandono quedaron atónitos. El viajero inglés católico Henry Swinburne, cuando estuvo en Granada en 1775, se sorprendió de la gran desatención en que tenían los españoles su legado islámico:

«Las glorias de Granada han perecido con sus antiguos pobladores; las calles están repletas de suciedad, los acueductos derruidos, los bosques talados, el territorio despoblado, el comercio perdido; en resumen, todo en un estado de lo más deplorable».


Cuando la guerra de Sucesión trajo a la dinastía de los Borbones, los Mendoza, que tenían el poder sobre la Alhambra y habían apoyado al pretendiente austríaco, fueron desalojados del recinto. Comenzó un periodo de abandono que es el que alcanzó a ver y a describir Washington Irving. El recinto contenía siete Palacios además de las dos torres inscritas en el cinturón de murallas y adaptadas a un uso doméstico. De los siete Palacios cinco quedaron virtualmente destruidos entre 1492 y 1812,

  • El Palacio de El Partal; del que se conserva uno de los cuatro lados originales y una mezquita.

  • El Palacio de Abū al-Walīd Ismā´īl I

  • Palacio del conde de Tendilla, procede del gobierno de Abū l-Ḥaŷŷāŷ Yūsuf III al-Nāşir li-l-Dīn Allāh 809/1408-818/1417, demolido por Felipe V después de 1717.

  • Palacio del Convento de San Francisco, construido por Abū ´Abd Allāh Mwammād III al-Majlū (1303-1.309) y remodelado por Abū ´Abd Allāh Mwāmmad V al-Ganī bi-Llāh.

  • Palacio de los Abencerrajes, contiguo a la Torre de la Contaduría). Los franceses lo volaron en 1812.


El descubrimiento de la Alhambra

En el marco del enfrentamiento franco-británico de 1793-1815, el ejército napoleónico entró en Andalucía en enero de 1810. El comandante militar de Granada, Horace Sebastiani, un general revolucionario, quedó fascinado al descubrir los edificios āndalusīes que dominaban las alturas de la ciudad y decidió instalar su cuartel en la fortaleza roja. La Alhambra, desierta y colmada de escombros, fue casi totalmente restaurada. Los galos sacaron del abandono y la ruina al glorioso y legendario vestigio de la bizarría hispano-musulmana. Repararon los techos, amparando así los salones y las galerías contra las inclemencias y la acción destructora del tiempo. Los curtidos zapadores y pontoneros se convirtieron en jardineros creativos que recompusieron setos, estanques, canteros y plantaron arbustos y macizos de flores, restableciendo el sistema hidráulico que permitió que las fuentes y surtidores volvieran a fluir alegremente.

El Patio de los Arrayanes se convierte en almacén de proyectiles, al Patio de los Leones se le arranca su solería y se planta en él un jardín de rosas, jazmines y arrayanes muy al estilo francés imperante en la época. La Torre de la Cautiva ve desaparecer sus ricos artesonados, puertas y vestíbulo.

Ocurrió al final de la Guerra de Independencia. En 1812, cuando las tropas napoleónicas se retiraron de Granada después del brutal expolio al que sometieron a la ciudad, al general francés Horace Sebastiani se le ocurrió hacer una última gracia para despedirse de la ciudad que por fuerza tenían que abandonar: destruir la Alhambra.

Con metódica mala leche cargaron de pólvora el recinto alhambreño y prendieron la mecha. Una tras otra, las torres del recinto empezaron a caer reducidas a escombros, consiguiendo volar ocho de las torres del recinto, hasta que, cerca ya de los archifamosos Palacios nazarīes, el Cabo de Inválidos José García interceptó el reguero de pólvora que unían unas minas con otras, con su propio cuerpo, salvando así una de las maravillas del mundo.

A la entrada de la Alhambra en una de una de las explanadas, en el Patio de Aljibes, ante la Puerta del Vino podemos contemplar pegada en la muralla la placa que hace honor al Cabo de Inválidos José García, dando además memoria de su hazaña, "A la memoria del cabo de Inválidos José García, que con riesgo de perder la vida salvó de la ruina los Alcázares y torres de la Alhambra 1812", quedó cojo en la batalla de Bailén y murió en 1834 víctima del cólera Cuando Washington Irving vio la Alhambra por primera vez en 1829 señaló que los españoles habían descuidado su conservación. El famoso viajero Richard Ford, en 1830, dio testimonio del estado ruinoso del Palacio, que empeoró con la ocupación francesa durante la Guerra de la Independencia. Dentro de las ruinas de la Alhambra, quedaba nada, salvo «un grupo de inválidos demacrados y medio muertos de hambre que llevan por único uniforme su desgracia harapienta. Estos espantapájaros constituyen los únicos centinelas de un edificio que está en ruinas a causa de la apatía de los españoles». Paradójicamente, tanto los españoles como los musulmanes en general del s. XIX sabían poco o nada de la existencia de la Alhambra. La resurrección del magnífico Palacio āndalusī fue por tanto un logro de la élite culta europea. Y los escritos de Irving provocaron que los españoles se decidieran a hacer algo sobre la ruina; así, a partir de 1830 se acometieron pequeñas reformas.

La Revolución de 1868, que destrona a Isabel II, marca un cambio importante en la situación jurídica de la Alhambra, pues, al incautarse el Estado de todos los bienes del Patrimonio Real, aquélla quedaba también desligada de la Corona y pasaba a dominio del estado que en 1879 declaró todo el conjunto”Monumento Nacional Histórico y Artístico”, y, emprendió algunas restauraciones importantes, a través de los ministerios correspondientes, como Fomento y Bellas Artes, inició los expedientes de expropiación de casas y cuevas situadas en el término y dominio del monumento, a la vez que el gobierno de España dejaba de dar a la Alhambra uso militar. La reconversión de Palacio-fortaleza a ciudad y cuartel que sufrió la Alhambra obligó a realizar transformaciones, como la construcción de la Torre del Cubo –la de fachada semicircular- y el muro que da entrada a la Alcazaba, un aljibe, la ex parroquia de Santa María o el


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