miércoles, 21 de noviembre de 2012

Al-Qal´at wādī-Xirá


Al-Qal´at wādī-Xirá
       
Al-Qaşr/alcázar de Alcalá de Guadaira se alza sobre un cerro a orillas del río Guadaira, al oeste de la localidad de Alcalá de Guadaira, es uno de los conjuntos fortificados más importantes de la provincia de Sevilla, comprendiendo una serie de edificaciones entre las que hay que distinguir el alcázar, de planta irregular en torno a dos patios, y la muralla de la antigua villa con sus puertas, torres, barbacanas y demás obras defensivas                                                                                                                
Este ámbito del Recinto Fortificado es el que tradicionalmente recibe la denominación de “Castillo”, y se compone de tres espacios, ampliaciones a su vez del enclave original.                                                                                        
Los hallazgos arqueológicos más antiguos apuntan a la existencia en este sector de un poblado de la Edad del Bronce (II milenio a C.), cuando se instala un pequeño poblado amurallado de planta ovalada de la que sólo se conservan algunas cimentaciones actualemte no visibles, en el extremo oeste del Cerro. Sería un asentamiento dedicado a la producción agrícola de la campiña del Guadaíra, que por su tamaño dependería de alguna manera del cercano (y mayor) poblado situado en la Mesa de Gandul. Con la llegada primero de los griegos, que la denominaron Hiemipa, y luego los romanos, que le cambiaron el nombre por el de Ordo Hienípensis, no sabemos cómo sería el asentamiento romano del Cerro del Castillo, pero los hallazgos de cerámica y algunos muros a cierta profundidad sí confirman su existencia, con un momento espacialmente importante en época altoimperial (siglos I - III a.C.), ellos construyeron el puente de piedra sobre el río Guadaira, formado por siete arcos. Durante varios siglos fue el único paso hacia los puertos de la Bahía de Cádiz en época de inundaciones.                         
A partir del siglo IV y hasta el siglo XI, el Cerro del Castillo vuelve a ser un emplazamiento para el que la Arqueología no aporta información. De la Historia del Cerro del Castillo hasta el siglo XII no podemos ver hoy nada, puesto que los indicios arqueológicos son escasos o se hallan bajo la superficie. Toda la edificación que podemos ver en la actualidad comienza su construcción a finales del siglo XII, cuando el Califato al-muwaḥḥád/almohade (siglos XII - XIII) construye una pequeña Qal´at/fortaleza, estratégicamente situado en el extremo oeste, la zona más alta del Cerro, sobre una antigua construcción romana.                                                                               
Al-Qal´at/Castillo de Alcalá de Guadaira consta de varias edificaciones. Es de planta irregular, los materiales utilizados en esta fortaleza son dos fundamentalmente: la piedra y el ladrillo. Se usa el tapial con ladrillo, sistema muy utilizado por los musulmanes, y se refuerza con sillares en zonas visibles del edificio como los vanos, las puertas o, incluso, las esquinas. Poseía foso y puente levadizo, y está franqueado por once torres, nueve de planta irregular y dos poligonales, formando dos recintos o patios. La mayoría de las torres son de forma cuadrangular y de gran altura, destacando la torre del Homenaje y una torre albarrana, en la parte principal, que se unía al resto del recinto por medio de un arco apuntado. En total posee 13 torres.                                                                                                 
La primera ampliación se produce entre fines del siglo XII y las primeras décadas del siglo XIII, hacia el sur, en repuesta a la necesidad de acantonar las tropas del ejército del califa al-muwaḥḥád Abū Ya´qūb Yūsuf, cuando del Patio de los Silos, se amplía hacia el sur con un nuevo recinto (Patio de la Sima) en cuyo interior se construye un pequeño ammām/baño público para el servicio de la guarnición de la fortaleza.


La conquista cristiana de Al-Qal´at wādī-Xirá 1246.                                                                                                                   
En septiembre de 1246, Fernando III, rey de Castilla emprendió una expedición de tanteo, ya que las tropas del rey a quien acompañaban su hermano el infante Alfonso de Molia, su hijo, el infante Enrique y los maestres de las órdenes de Calatrava y Santiago “non pasauan por trezientos caualleros arriba”, a las que habría que añadir la caballería y el peonaje del concejo de Qūrţuba/Córdoba. Un ejército muy menguado, en cualquier caso, como para acometer la empresa del cerco de asedio a Išbylīya/Sevilla; ello explica, sin duda, que el rey tras devastar y saquear todo el Alcor y el campo de Qarmūna/Carmona, avistó la formidable fotaleza de Al-Qal´at wādī-Xirá/Alcalá de Guadaira, cuyos habitantes, temerosos de los efectos de una resistencia imposible, se apresuraron a enviar una embajada de la madīnat/ciudad, la cuál se presentó en el real castellano para entregar las llaves de la misma de forma voluntaria. Pero no al monarca castellano, sino al ´Āmir de Garnāţa/Granada, Mwāmmad I ibn Naşr al-Amar, fundador de la dinastía naşrī/nazarí del Reyno de Garnāţa/Granada, quien acudía para reforzar al castellano con una tropa de 500 caballeros, subsiguientemente, entregó la villa a Fernando III, rey de Castilla el día 21 de septiembre de 1246, a quien había rendido pleito de homenaje, a cambio de una sustanciosa alfada de 150.000 maravedises anuales que se quedaría un tiempo en ella, ampliando el propio Patio de los Silos hacia el este, con la construcción de dos torres ochavadas (antecedentes de la Torre de la Plata, construida pocos años después en Sevilla). El rey dejó de frontero al noble castellano Rodrigo Alvares, y en el escudo de Castilla que se contempla sobre la puerta en recodo del Patio de los Silos vemos que el blasón está flanqueado por dos llaves que hoy día figuran en el escudo municipal, concedidas por Fernando III como símbolo de que la fortaleza era la llave del Valle del wādī-l-Qabīr/Guadalquivir.

Pero no sería hasta 1253 cuando después del reparto de Alfonso X, rey de Castilla, pasara a depender de los Fueros de la Catedral de Sevilla.

1.°) Mantenimiento de su ley y de sus “fueros”.           

2. °) Permanencia de la estructura tradicional de Al-ŷamá‘a/ aljama o comunidad, presidida por su Al-Qāī/alcalde Hamet Aben Paxat, en la que se integraban especialmente los viejos y personas de más prestigio de la localidad.

3.°) Respeto a sus costumbres y modo de vida tradicional, como se comprueba en la autorización de tener baños, tiendas, molinos y alhóndigas «a la costumbre de los moros», como se lee en un acuerdo con los musulmanes de Morón hecho en tiempos de Alfonso X.

4.°) Por último, derecho a marchar libremente a donde quisieran.

5.º El pago al rey del diezmo de todas las cosechas;un impuesto de capitulación, llamado genéricamente en los documentos «el pecho de los moros» o alfitra, y un impuesto sobre la tierra conocido con el nombre de almarjal. Es posible que también pagasen un impuesto sobre el ganado, llamado en la documentación valenciana de la época azaque, y que en algunos casos los musulmanes estuvieron sometidos a prestar ciertos servicios personales para la reparación de las fortalezas o para el mantenimiento de edificios de cierta importancia, como sucedía en Córdoba, donde los carpinteros, serradores y albañiles musulmanes debían trabajar gratis dos días al año en las obras de conservación de la mezquita catedral.
El régimen fiscal de los mudéjares distaba mucho de ser generoso, y es probable que los castellanos se encargasen de endurecerlo aún más en los años que siguieron a la conquista. Ello explicaría, entre otras, la sublevación casi general de los mudéjares andaluces y murcianos en la primavera de 1264 y la emigración de muchos de ellos a Granada, antes incluso de producirse la revuelta                                                                                 
 En la zona del Castillo, las transformaciones durante la Baja Edad Media son importantes. Un primer momento se fecha entre las épocas de Alfonso XI, rey de Castilla (1312-1350) y Pedro I, rey de Castilla (1350-1369), cuando posiblemente se construyen el Alcázar Real y la Torre del Homenaje. Tradicionalmente se asocian estas obras a la tenencia del Castillo de Alcalá por parte de Leonor de Guzmán, amante de Alfonso XI, rey de Castilla, si bien es un punto no contrastado. También en este momento se reformaría o reconstruiría completamente la monumental torre de comunicación entre el Patio de los Silos y el Patio de la Sima, posiblemente de origen almohade        
Por ultimo, entre los ss .XIV-XV se añade el Alcázar Real, con su zona “señorial” la Torre del Homenaje. El conjunto de las Alcazabas Occidentales se hallaba defendido por un antemuro, todavía visible y fechable entre los ss. XIII-XV.                                                                                                             
Ya en el siglo XV, los diferentes momentos de luchas nobiliarias también afectaron al Castillo y la Villa de Alcalá. En 1444 se produce un importante asalto armado a la Villa de Alcalá, con uso de artillería, que produjo importantes destrozos y las consiguientes reparaciones en las murallas de la fortaleza.  Como consecuencia de los disturbios que tuvieron lugar durante el reinado de Enrique IV, rey de Castilla, dentro de los enfrentamientos con motivo de la subida al trono de Isabel I de Castilla, entre los Guzmán y los Ponce de León, el marqués de Cádiz en 1471 de apoderó de la alcazaba y construyó el pequeño alcázar ubicado en la zona oeste del recinto, dotado de un muro de tapial con troneras de cruz y orbe y defendido por un foso y acceso mediante un puente levadizo. La ocupación se mantuvo hasta 1477, empleando el Castillo como base de operaciones para hostigar a los partidarios de Isabel, acantonados en Sevilla. Las fuentes documentales nos hablan de que en este momento se realizan importantes obras en el Castillo, concretadas posiblemente en el cierre oriental del Patio de la Sima y el antemuro que separa la zona del Castillo y la Puerta de San Miguel del arrabal, lugar preferente para los asaltos armados a la fortaleza. Así mismo, se observan en dicho recinto los restos de dos grandes aljibes al nivel del suelo, por lo que sus bóvedas formarían una azotea a la altura de la entrada de la albarrana reconvertida en torre del homenaje. Varias cortaban el paso del adarve para, en caso de un asalto, impedir a los atacantes invadir el resto de la fortaleza. Igualmente, todo el recinto contaba con un antemuro y dos corachas que bajaban hasta el río para controlarlo. Finalmente, añadir que en el extremo oeste, donde se ubica el pequeño alzázar antes mencionado, había una poterna disimulada en una falsa torre y que daba a la liza. Junto a una de las corachas había otra poterna aprovechando un desdoblamiento de la muralla.                  El fin de las luchas nobiliarias y la paz impuesta por Isabel I, reina de Castilla y Fernando II, rey de Aragón marcaría el principio del fin de muchas fortalezas andaluzas, perdida ya su función militar. El alcázar acogió a ilustres personalidades, como Isabel I, reina de Castilla y Fernando II, rey de Aragón y Carlos V, rey de España, que convirtieron entonces el Castillo en cárcel real para importantes personajes, como Diego García de Padilla (Maestre de Calatrava), Juan Cardellas (Arzobispo de Braga y partidario del conde Trastámara), y Pedro Girón, III duque de Osuna, entre otros. Posteriormente fue propiedad del Conde de Arcos y luego del Conde de Niebla.
Durante el siglo XVI fue entregado a familias noble sevillanas (como los Enríquez de Ribera) como favor cortesano antes que como oportunidad militar. Todavía en este siglo se realizan algunas obras para mejorar la habitabilidad de la fortaleza, como el conjunto de patios y habitaciones construidos al interior del Patio de la Sima. No obstante, a comienzos del siglo XVII el Castillo presentaba ya un aspecto ruinoso, que marca el comienzo de su abandono hasta el siglo XX.                                                                       Durante el siglo XIX, el Cerro del Castillo permanecería prácticamente abandonado, convertido en referente para los viajeros románticos. Hay que esperar a mediados del siglo XX para retomar el uso del antiguo recinto amurallado, cuando en los terrenos del barrio de Santa María se realizan importantes obras de explanación y aterrazamiento, a fin de instalar la Feria de Alcalá en estos terrenos. El uso de Santa María como recinto ferial se mantendría hasta finales del siglo XX, dando un nuevo uso al espacio monumental. Paralelamente se produce la reocupación urbana de San Miguel, con un asentamiento de familias obreras con pocos recursos, germen de la actual barriada.                                                                                                                   
Fue declarado Monumento  de Interés Histórico-Artístico,  en 1924, aunque esto no impidió que muchos de los habitantes de la villa utilizasen los materiales para la construcción de sus viviendas, lo que hizo resentirse al majestuoso edificio defensivo, y en 1985 recibió la catalogación como Bien de Interés Cultural. Bajo la protección de la Declaración genérica del Decreto de 22 de abril de 1949, y la Ley 16/1985 sobre el Patrimonio Histórico Español. En el año 1993 la Junta de Andalucía otorgó un reconocimiento especial a los castillos de la Comunidad Autónoma de Andalucía.
Villa Medieval
         A finales del siglo XIII, Alcalá entra a formar parte de la línea interior del conjunto de fortificaciones de la "Banda Morisca", espacio fronterizo entre el Reino de Sevilla y el Reyno de Garnāţa/Granada. Durante varias décadas, el paso de tropas de uno y otro bando a través del paso del Guadaíra sería constante, especialmente de las huestes benimerines que procedentes de Ronda atacaron Sevilla en varias ocasiones. Como consecuencia de ello, en 1280 Alfonso X, rey de Castilla funda la Villa de Alcalá, en la explanada al Este del Castillo, con ello se pretendía disponer de una población estable en este enclave, que pudiese controlar el paso del Guadaira durante las incursiones benimerines de finales del siglo XIII. Con esta fundación se constituye por primera vez un asentamiento urbano en el Cerro del Castillo,                                                         
         Por la situación militar del momento, la Villa de Alcalá se amuralló rápidamente, cerrando la explanada con un circuito continuo de murallas que conectaban con el Castillo.                                                                                         
Las Murallas de la Villa circunvalan el perímetro superior del Cerro del Castillo, enlazando el complejo de las Alcazabas Occidentales con la Alcazaba de la Torre Mocha, situada al este. Su recorrido presenta dos accesos, la propia Torre Mocha, o Puerta de Santa María, y la Puerta de San Miguel, en la conexión con el arrabal del mismo nombre.                                                                                                               
El sistema constructivo de la muralla es uniforme, a base de un núcleo de argamasa de cal y arena mezclada con mampuestos sin desbastar y un forro al exterior e interior de mampuestos careados con cascajo (ripio) en las juntas. Las solidez de la fabrica junto con su grosos (una media de 2m de anchura) otorga una gran consistencia al conjunto amurallado, originalmente coronado con un paseo de ronda y un peto corrido de tapial.                                                                                                                    
La Villa de Alcalá durante el siglo XIV se organizaba en grandes manzanas en la parte superior del Cerro del Castillo, en torno a la iglesia de Santa María del Águila, siguiendo un trazado regular, propio de una fundación de nueva planta La comunicación exterior del barrio (collación) de Santa María se realizaba a través de dos puertas, la de Santa María (también conocida como "Torre Mocha") al este y la de San Miguel al sur. Cada manzana albergaba una o varias casas, construidas en mampostería y centralizadas por patios con solería de ladrillos, entorno a los cuales se disponían las habitaciones. El conjunto presentaba pocas ventanas al exterior, siguiendo la tecnica constructiva bajomedieval sevillana.                                                                                                                       
El auge económico y demográfico que experimenta Alcalá durante la Baja Edad Media (siglos XIV - XV) explica que durante el siglo XIV se produjese un nuevo poblamiento en la falda suroeste del Cerro del Castillo, en torno a la iglesia de San Miguel. Éste sería el origen del arrabal de San Miguel, igualmente amurallado durante el siglo XIV, cerrando así el circuito de murallas de Alcalá de Guadaíra hasta la ribera del río. Con ello se constituía uno de los recintos fortificados más extensos de Andalucía, con una superficie total de 21 hectáreas.                                                                                              
Junto con el Castillo, el barrio de Santa María y el arrabal de San Miguel también son progresivamente abandonados durante los siglos XVII y XVIII. Por una parte, los documentos señalan las dificultades de abastecimiento, precisamente por su complicada localización y acceso. Esto explica el surgimiento de nuevos barrios de Alcalá en zonas más bajas (Santiago, San Sebastián...). A ello se unieron varios brotes epidémicos, que terminarían por vaciar el barrio de Santa María.                                                                                                                                              
Primera implantación de pobladores cristianos en la Villa.

       Acabarían integrándose un grupo de soldados/repobladores que pudieron asentarse en Alcalá tras haber recibido tierras en su término y casas en la villa como pago a los servicios prestados en la conquista de Sevilla y/o, como parece probable, por su condición de repobladores.                                                                                       

Este grupo de soldados/repobladores recibió casas en Alcalá y heredades en la aldea o hacienda de Borgalhamar, que el rey había reservado inicialmente para sus galeras. Los beneficiarios pertenecían a cinco cuadrillas de almogávares o peones, a las órdenes de sus respectivos jefes de grupo o almocadenes. A cada uno de ellos se entregaron lotes de tierra, de acuerdo con su categoría militar. Y, así cada uno de los cinco almocadenes recibió un lote consistente en dos yugadas de tierra de labor (unas 60 has.), dos aranzadas de viña; tres aranzadas de olivar, y una aranzada y media de huerta; mientras que cada uno de los almogávares —57 en total— recibió una yugada de tierra de labor; dos aranzadas de viña; dos de olivar y una de huerta.  Así pues, el total de bienes repartido ascendió a 60 casas, 61 yugadas de tierra de labor (unas 1.830 has.), 117 aranzadas de olivar, otras tantas de viña y unas 58 y media de huerta.

martes, 20 de noviembre de 2012

UN REY PARA LOS MORISCOS



  • Primera Parte

    Los descendientes de los infantes don Juan y don
    Hernando tienen por apellido de Granada, y traen por
    armas dos granadas en campo azul, y un letrero
    atravesado que dice Lagaleblila, que quiere decir:
    No hay vencedor sino Dios

    (Luis del Mármol Carvajal)

    Los acontecimientos vividos en el reino de Granada bajo los Reyes Católicos -la conquista y su posterior etapa mudéjar-, pese a los vacíos que de hecho existen, están perfectamente desvelados en sus líneas básicas (
    1).

    En cambio, al día de la fecha quedan todavía lagunas importantísimas sobre la época morisca, desenlace final de muchos de los entramados elaborados en la etapa precedente. Dentro del periodo, el alzamiento de 1568 es, sin ninguna duda, el punto culminante, por cuanto fue el desenlace final de muchos puntos marcados desde la toma de Granada.

    La rebelión del reino reinició algunos de los engranajes creados por aquellos protagonistas de finales del siglo XV, los cuales volvían a desempolvar viejos métodos de colaboración y colaboracionismo (2) . Aunque -también al igual que entonces- las diferencias que envolvían el complejísimo equilibrio morisco salpicaban por doquier.

    Uno de aquellos nudos gordianos afecta a la propia familia real granadina, concretamente a los descendientes de los hijos del rey Muley Hacen habidos con la esclava Zoraya o Turayya, pues la sublevación de 1568 los convirtió en protagonistas esenciales de un episodio nada conocido. La azarosa historia de estos infantes de Granada está perfectamente desvelada en sus líneas maestras a través del admirable estudio de López de Coca. Gracias a este trabajo reconstructivo podemos comprender el complejo entramado de propósitos y despropósitos que envolvieron a los nasríes en sus últimos años (3).

    El seguimiento posterior de los príncipes Sa’d y Nasr, al igual que el de su descendencia, prácticamente es desconocido, aun cuando -como queda dicho- la guerra de los moriscos los puso en el candelero. Puede que el conflicto granadino les quedara lejos, pero, quizás sin saberlo y tal vez sin quererlo, eran quienes eran y la guerra -como cualquier otra guerra- no entendía de medias tintas.
    Los sucesos que vamos a relatar, al igual que en su día hiciera el maestro López de Coca, se basan en la reconstrucción minuciosa de un interrogatorio realizado en Milán en plena guerra de los moriscos sobre los infantes de Granada (4), así como la correspondencia que distintos oficiales regios en Italia realizaron en torno a ellos. Los documentos históricos descritos no trascendieron más allá de los despachos filipinos, convirtiéndose en una información reservada que fue tratada como un "asunto de Estado", prácticamente mantenido en secreto hasta la actualidad. Mucho, pues, de lo que se expone en este trabajo tiene que ver con el complejo servicio de espionaje de Felipe II y su organizada trama por mantener su equilibrado sistema internacional. Un mundo casi desconocido, pero que rigió el enmarañado imperio y formidable “Mundo Mediterráneo” del que nos hablara Braudel. Los espías del rey, con sus aciertos y desaciertos, observaciones y previsiones, pueden abrir sorpresas como la que relatamos (5).

    I PARTE
    LOS ANTECEDENTES

    UNOS SÚBDITOS MUY ESPECIALES: LA FAMILIA REAL NASRÍ


    A partir de 1492 en el reino de Granada sólo cabía una posición de poder: colaborar en los proyectos de los Reyes Católicos. Por ello, la salida de Boabdil en 1493 fue un asunto de Estado que culminó con éxito la carrera de su artífice, el secretario real Hernando de Zafra (6). La marcha del Rey Chico vino acompañada de un cierto reconocimiento de la realeza de sus hermanos, los infantes de Granada. En efecto, los príncipes S’ad y Nasr eran los eternos rivales de su hermano Boabdil desde que Muley Hacen en 1478 se encaprichara de su madre, a quien le entregó gran parte de las herencias de sus tías, las princesas Çetti o­nfalfata y Çetti Haxa (7). De hecho, en 1490 los hermanos de Boabdil se presentaron como recambio regio, inquietante noticia que inclinó a los Reyes Católicos por secuestrarlos y enviarlos a Sevilla (8). Tuvo mucho que ver en aquel asunto Çidi Yahya al Nayar -miembro de una rama real nasrí contraria-, personaje clave a partir de entonces en el reino de Granada, puesto que se erigió en el representante de la colaboración con los Reyes Católicos (9).
    Bautizados en fechas muy cercanas a la toma de la ciudad, ambos príncipes recibieron el sacramento -según una crónica granadina del siglo XVII- bajo el signo regio:
    [....] Pusiéronle Çad, el mayor, don Fernando de Granada, por el Rey Católico que fue su padrino, y al menor le pusieron don Juan de Granada, respeto del príncipe don Juan que lo apadrinó. Diéronle palabra de que se les daría el estado de Mondexar, que era suyo en Las Alpuxarras, abiéndose conquistado, y ellos desto se les hiço otras muchas merçedes” (10).

    Puede decirse que en 1492 la descendencia de Muley Hacén quedaba eternamente dividida: mientras que su primogénito, el rey Boabdil, se mantenía musulmán y alejado del reino de Granada, sus hijos menores eran cristianos y cercanos a la corte de los Reyes Católicos. La madre de estos últimos también se bautizó poco tiempo después con el nombre de Dª Isabel de Granada, seguramente por influencia de la reina Católica, a quien acompañó en la corte hasta su muerte.
    El feliz desenlace sólo se rompió con la vuelta a Granada de un miembro real, el destronado sultán meriní Abu Zayyan, casado con la tía de los infantes. Este inconveniente, empero, se solucionó positivamente, pues el noble musulmán y su esposa terminaron por bautizarse con el nombre de D. Fernando y Dª Isabel -seguramente por el padrinazgo de los Reyes Católicos- e igualmente acabaron desempeñando importantes labores de colaboración. El estatuto real de D. Fernando de Fez le permitirá colocarse en una posición de preeminencia moral y protocolaria entre la comunidad morisca, al mismo nivel que la rama real contraria (11).
    Con la salida de la familia real nasrí allende, los infantes disfrutaron de algunas rentas sueltas, símbolo que identificaba su realeza (12), si bien los Reyes Católicos las cambiaron por un juro de un cuento y cuatrocientos mil maravedíes y la tenencia del castillo de Monleón, en Galicia (13). La intención era clara: primero, tenerlos alejados de Granada y evitar su contacto con la población mudéjar. Segundo, preservarlos como elemento de recambio -o cuando menos de discordia- en caso de que en tiempos futuros la familia real nasrí reclamase nuevamente el trono.

    A partir de 1495, en el reino de Granada sólo se admitía la sumisión de la casa real o la colaboración. Los infantes de Granada representaban el primer papel, mientras que la línea real contrincante de Çidi Yahya y su hijo, bautizados como D. Pedro y D. Alonso de Granada-Venegas, participaban de la segunda vía. En ambas posturas los nasrís eran literalmente súbditos de Castilla, nobles y de esclarecido linaje, pero al fin y al cabo súbditos. El nuevo estatus generará en ellos un ansia integradora que acabará justificando increíbles árboles genealógicos en los que se hacen ver ambas familias como descendientes de los godos que recuperaban su antigua fe. Incluso los tratadistas identificaron a la sultana Soraya como cristiana, una tal Dª Isabel de Solís, y a su hermana aún la presentaban como esposa del cabeza de la línea real contraria (14).
    En conclusión, y en palabras de López de Coca, con el Zagal y Boabdil en Berbería y Granada-Venegas (a los que por nuestra parte añadiríamos los Fez-Muley), cuyos derechos sucesorios basados en la línea femenina carecían de respaldo, una posible restauración nasrí era prácticamente imposible (15). Los únicos verdaderamente con legitimidad para reclamar el trono de La Alhambra eran los infantes de Granada y, convertidos en súbditos leales de Castilla, pasaba por impensable.

    LOS INFANTES DE GRANADA AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA

    Los
    infantes de Granada y su madre continuaron en todo momento la ruta de los Reyes Católicos: entre 1504 y 1505 residen en Segovia, Salamanca y Valladolid. Como cualquier otro noble del momento, aparecen asegurando sus posesiones en Granada a través de copias de escrituras arábigas que D. Fernando de Mendoza solicitaba en 1506 ante las autoridades de la ciudad (
    16). Totalmente mimetizados en la sociedad del momento, en los albores del siglo XVI, ambos infantes se encontraban casados con importantes linajes castellanos, tan destacados como los del condestable de Castilla: D. Hernando de Granada había enlazado con D.ª Mencía Sandoval y de la Vega, señora de Tordehumos, Castrillo, Guardo y Castejón (partido de Medina de Río Seco), nieta del Adelantado de Castilla D. Gómez de Sandoval; mientras que D. Juan de Granada era esposo de D.ª Beatriz de Sandoval, hija de D. Juan de Sandoval y nieta de D. Diego de Sandoval, conde de Castrogeriz. Este último enlace le emparentó con la familia real nasrí contrincante, pues Cidi Yayha había casado en segundas nupcias con D.ª Elvira de Sandoval, también nieta del conde de Castro (17).

    D. Hernando de Granada no dejó descendencia y murió tempranamente, en 1512, en Burgos; enterrándose en el monasterio vallisoletano de Ntra. Sra. de Prado, del que era protector. D. Juan de Granada heredó las tierras y señoríos de su hermano y tuvo una vida más larga, convirtiéndose en un colaborador nato de la monarquía. En efecto, con motivo de la guerra de las Comunidades este personaje presidió la "comunidad de Valladolid", logrando controlar a los sectores más exaltados. El episodio no escapó con los años a las defensas que diversos personajes harán de los moriscos sobre su adhesión a la monarquía, tales como Núñez-Muley y el cronista Mármol Carvajal (18). Pese a que este tema se escapa a nuestro trabajo, la participación o no de los moriscos en las Comunidades sería necesario analizarla, pues -al igual que hacía el infante en Castilla- en un punto más delicado como el reino de Granada había moriscos que se alineaban en el mismo bando regio, tal es el caso de Diego López Abenajara, quien capitaneó un cuerpo de 1.000 hombres para aplastar las comunidades de Baza y Huéscar (19).

    Sea como fuere, la labor del infante en Valladolid le valió el reconocimiento regio, materializado en dos cosas: en primer lugar el matrimonio de su hija Dª Magdalena de Granada con el nieto del rey de Portugal, D. Luis de Alencastre, Gran Maestre de la Orden de Avis, hijo del duque de Aveiro, noble filohispano (20). En segundo lugar, su designación como gobernador del reino de Galicia, tierra en la que tenía algunas rentas. Durante su gobernación gozó de la total confianza del emperador, desarrollando importantes reformas en la audiencia gallega, todas ellas tendentes a insertar definitivamente el poder central contra la reacia nobleza, alineada con las comunidades (21).

    D. Juan de Granada tuvo larga descendencia, pues, a la muerte de su esposa, casó en segundas nupcias con D.ª María de Toledo y Monzón, dejando de ambos enlaces larga progenie (22). El hijo mayor fue D. Juan de Granada, Caballero de Santiago que enlazó con D.ª Beatriz de Velasco y Mendoza, hija del virrey de Méjico y de D.ª Juana de Castilla (23). Por esta última, su esposa era nieta de D. Sancho de Castilla, noble cuyos señoríos estaban en el reino de Granada, concretamente la villa de Gor y la taha de Alboloduy (24). El primogénito de D. Juan no dejó descendencia, por lo que todos sus derechos dinásticos pasaron a su hermano.

    D.JUAN Y D.HERNANDO DE GRANADA Y MENDOZA EN ITALIA

    Al morir su hermano sin descendencia, D. Gerónimo Bernardino de Granada y Sandoval se convirtió en la cabeza familiar. Estaba casado con Dª Cecilia de Mendoza, hija del conde de Castro, D. Carlos de Mendoza, hermano del Adelantado de Galicia, D. Diego Hurtado de Mendoza. Este enlace lo adscribía a la nobleza gallega representada por la casa de Ribadavia e, igualmente, lo conectaba nuevamente con la nobleza granadina, puesto que un tío de su esposa era D. Enrique Enríquez el de Baza, por matrimonio con D.ª Francisca de Sarmiento (25). D. Bernardino sólo dejó dos varones: D. Juan y D. Hernando de Granada Mendoza, nacidos a finales de la década de los años treinta o primeros de la siguiente. Muerto casi al nacer sus hijos, todos los derechos dinásticos de D. Bernardino recalaron en el mayor de la casa, D. Juan de Granada. Ambos infantes se educaron en Alcalá de Henares y anduvieron por la corte en Toledo, mientras que su madre -ya viuda- permanecía en Valladolid (26) . Será en la ciudad imperial del Tajo donde ambos hermanos -especialmente D. Juan- entablen amistad con un soldado, Antonio Sánchez. Como él mismo dice:
    [...] en Toledo le començe a conosçer, porque ally le dy leccion de la scrima” (27) . Esta relación se mantendrá muy estrecha con el paso de los años, como más adelante veremos.

    A mediados de los años sesenta, coincidiendo con el nombramiento del duque de Alburquerque como gobernador de Milán, D. Juan marcha a su lado, quedando entretenido como asistente con un sueldo de 20 escudos. Tiempo después -en pretensión de hacer igual carrera- le sigue su hermano D. Fernando, quien, alrededor del mes de noviembre o diciembre de 1568, embarca en Cádiz en un galeón de Benito Rodríguez y desembarca en Liorna (28) , entrando a servir en la guarnición de Asti bajo el mando del capitán Gonzalo de Salinas. En tierras italianas ambos hermanos disfrutan de las amistades de los mejores generales del momento, entre ellas la de su paisano D. Luis Quijada, señor de Villagarcía, persona de total confianza de la casa real como tutor de D. Juan de Austria (29) .

    Junto con la más alta nobleza, los infantes gustan de otras amistades menores. Por ejemplo, en este tiempo los hermanos vuelven a coincidir con su profesor de esgrima, Antonio Sánchez, quien se encuentra destacado en Milán. La antigua amistad se refuerza muchísimo, especialmente con D. Juan, como comenta el propio soldado
    [...] despues viviendo yo en Milán le hallé en él aquí, donde he estado en su compañía dende que vine habrá un año, y por ser mi amigo me dava una cama en la estançia donde estava (30).

    Corre el año 1567 y otra amistad, esta vez más peregrina, es fundamental en la vida del infante: la relación que en Plasencia comienza a tener con un soldado llamado Chaves, también destacado como él en esta plaza italiana. La característica que destaca al soldado es que
    [...] él estuvo en Constantinopla esclavo mucho tiempo, y que se escapó de allá él y otros en una fregata, y estando don Juan en Plasencia le halló ally en el castillo, que servía de soldado (31) .
    La amistad del biznieto de Muley Hacén con una persona que había estado "mucho tiempo" en la capital del imperio turco -enemigo mortal de España- sí era motivo de alerta. Entre otras razones porque la experiencia decía que gran parte de los cristianos que cayeron en manos turcas perdieron de su fe y se convirtieron en musulmanes, ingresando así en el grueso número de "renegados". Unos renegados -dicho sea de paso- que en muchos casos volvieron a sus tierras de origen y sirvieron de espías para la Sublime Puerta (32) . ¿Acaso es descabellado pensar esta posibilidad? Desde luego para el gobernador de Milán no pasaba desapercibida.
    Pese a la distancia, la comunicación de los hermanos con España es fluida, no sólo por sus propias idas a la Península sino por la constante correspondencia con su madre, cartas en [...] las quales contenían cosas entre padres e hijos y que nos embiavan nuestros terçios acostumbrados (33).
    Junto a estos dos medios, algunos compañeros de armas que vuelven a la Península también ayudan a transmitir información fresca. Una de aquellas noticias era la inquietud que en 1568 tenía D. Juan por volver a España, aludiendo para ello diferentes causas. La más expresada ante D. Beltrán de la Cueva era visitar a su esposa, pues, como advierte su propio hermano, [...] tenía entendido gustar a su excelencia y holgarse que se fuesse, por yr como yva a su casa a casarse y hazer vida con su mujer, que no lo contrario. Ymaginándome yo ésto, entendí que para obra tan buena y sancta, que su excelencia le diera ayuda y favor (para partir a España) y se lo aconsejara y mandara por fuerça, por ser su excelencia tan cristianíssimo como es, por haver estado tanto tiempo sin juntarse con su mujer (34).

    Corría el último trimestre del año 1568, fecha clave para el reino de Granada y aun para esta peculiar familia, como ahora veremos.

    II PARTE
    LOS HECHOS:LA REBELIÓN MORISCA DEL REINO DE GRANADA

    EL ALZAMIENTO DE LAS ALPUJARRAS Y EL BIZNIETO DEL REY MULEY HAZEN


    El hijo mayor de la dinastía, D. Juan de Granada, a la altura de 1569 era descrito por los italianos como un [...] moço de edad de 25 años, con poca barba, grande de cuerpo [...](35).

    Todos coincidían en que [...] éste era -a my parezer- cavallero y la cara lo denotava modo de venticuatro años, barba roxa, hombre delicado, de buena estatura”36 . Aunque alguno lo hacía de más edad: [...] era mançevo blanco con poca barba, roxa, de çerca de treinta años (37).
    .
    En suma, hombre joven, entre 25 y 30 años, de buena estatura, tez blanca y pelirrojo. Desde muy joven había casado con D.ª Juana de Castilla y Acuña, hija de D. Alonso de Castilla y D.ª Inés de Acuña. Durante sus servicios en Italia, la esposa queda en Valladolid, aunque es visitada con cierta regularidad por D. Juan. No obstante, a finales de 1568 el matrimonio se verá afectado por la sublevación de los moriscos del reino de Granada, pues tal evento era evidente que les atañía grandemente.

    No sabemos si los moriscos granadinos pensaron en el nieto mayor del príncipe Nazarí como su rey, pero las circunstancias lo rodearon para que fuera el punto esencial de una increíble historia. Las disensiones entre los sublevados por encontrar una cabeza que los uniese no escapaban al análisis de la monarquía hispana y, desde luego, aún menos las observaciones sobre la legitimidad potencial del infante de Granada. En la mente de los granadinos todavía estaba impresionado el primer momento de la pascua de 1568, cuando El Albaicín se negó a abrir las puertas a Farax ben Farax, quien les demandaba su apoyo para coronarse. Aún en el mes de enero de 1569 la ciudad de la Alhambra recibía noticias desconcertantes sobre las enormes disputas que en Beznar protagonizó este morisco tintorero con los Valoríes alpujarreños, por coronar como rey al hijo de D. Antonio de Córdoba y Válor (38). La razón era descender de los califas de Córdoba (de ahí el apellido de la ciudad de la mezquita), quien acabó coronándose con el nombre de Muley Mahamete aben Humeya (Omeya) (39).

    No sabemos cuándo pudo llegar la noticia del alzamiento a Italia, pero da la coincidencia que D. Juan de Granada expresa al duque de Alburquerque su interés por ver a su mujer en la fecha de la sublevación. D. Beltrán de la Cueva se niega a algo que antes le agradaba. En los primeros meses del año 1569 D. Juan vuelve a intentarlo, aduciendo esta vez la necesidad que tiene de curarse en su tierra de una enfermedad. El gobernador de Milán reitera su negativa.

    Desde España, Dª. Cecilia de Mendoza -siempre atenta a los sucesos granadinos- no dudó en los primeros meses de 1569 en enviar cartas a sus hijos para informarles de la sublevación y rogarles que no se moviesen de Italia. El consejo materno especialmente se acentuaba con su hijo mayor, pues si bien él estaba enfermo y deseaba volver a la casa familiar
    [...] ella le havia escrito que estando muy malo, como él le dezia, se podía partir por amor de la salud, aunque de otra manera se holgava más que estuviesse fuera de Spaña mientras durava lo de Granada (40).

    Entre tanto, el alzamiento morisco continuaba conformándose, siendo la organización de sus cuadros de mando la que interesaba en aquel momento. Mientras que en el sector occidental alpujarreño la figura de Aben Humeya adquiría predicamento, en otras regiones del reino aún se dudaba de él. En efecto, había grandes sectores moriscos que seguían desconfiando de la familia Umeya y preferían decantarse por la familia real nasrí. Bien es cierto que los únicos miembros que podían tener a la mano era la línea destronada del infante Çidi Yahya al Nayar, a quien en la figura de D. Alonso Avis Granada-Venegas los moriscos de la zona oriental de Almería le ofrecieron la corona de sus antepasados; toda vez que a un pariente suyo, D. Alonso de Bazán Hazén, también se le ofertó el cargo de general (41). En suma, la falta de un líder nato para la rebelión morisca era vox populi.
    El escaso consenso para entronizar a un rey de los moriscos seguía inquietando a la viuda de D. Bernardino de Granada. Por ello, a finales del primer trimestre de 1569 volvía a reiterar su convicción de advertir a sus hijos que se mantuvieran en Italia. Su comunicante esta vez fue un compañero de ambos hermanos, el capitán D. Alfonso de Villarroel, quien de paso para su tierra visitó en Valladolid a D.ª Cecilia de Mendoza. En aquel encuentro esta dama expresó al militar el enorme riesgo que rodeaba la vuelta de su primogénito:
    [...] porque le dezian que los moriscos de Granada buscavan a otros que eran menos parientes de sus hijos para hazerlos cabeça, lo qual me dixo la dicha señora el mes de março passado quando yo bolvia en Italia, diziéndome, sy bien me acuerdo, que yo lo dixesse assy a don Juan, su hijo, paresçiendole que hasta que lo de Granada fuesse acabado estarían bien por acá en Italia, y assy yo luego que llegué a Milán lo dixe al dicho don Juan, y él me dixo entonçes que holgava de hallarse por acá, y que quando se hallara en España fuera para servir a su magestad (42).

    Pese a que Villaroel comunicó con D. Juan, éste seguía empeñado en volver a España. En estos delicados momentos aparece de nuevo la figura del soldado Chaves, quien se desplaza de Plasencia a Milán al lado del infante. Como comenta D. Hernando de Granada, pese a tener una curiosa biografía, la estancia con su hermano nada tenía de particular, pues
    [...] Chaves era soldado en el dicho castillo de Plasençia, y de ally le truxo my hermano por ruegos que le hizo que le llevasse en Spaña. Y particularmente lo que oy dezir es que él fue esclavo en Constantinopla muchos días, y después él y otros cristianos levantaron una fregata o bergantín en que se salvaron, habrá como quatro o çinco años, de lo qual llevava sus fees y recaudos. Y por ser hombre pobre y no tener con que yr a Spaña para dar quenta a Su Magestad de este serviçio rogó a my hermano le llevasse consigo (43).

    UN DESEO IMPOSIBLE: LA MARCHA DEL INFANTE A ESPAÑA.

    Durante el primer trimestre de 1569 -y pese a los ruegos contrarios de su madre- D. Juan de Granada no deja de pedir a D. Beltrán de la Cueva el permiso para marchar a España, recibiendo siempre la misma y taxativa negativa. A finales de la primavera de 1569, un nuevo hecho pone sobre aviso a las autoridades españolas del Milanesado. Así declaraba en agosto el Auditor General de Guerra: [...] en el presidio de Aste fue preso pocos meses ha un turco por la sopecha que se tuvo de que venía con algún tratado,
    [...] que el dicho turco está todavia preso y que por lo que contra él resulta se le han dado diversos tormentos, y que entre otras cosas que ha confessado ha dicho que haya çiertas comissiones de algunos moros de Spaña
    (44).

    En realidad era un renegado cristiano de Palermo que fue capturado el 24 de mayo de 1569 y de su confesión se supo que se llamaba Francisco Mariano y era hijo de Francisco de Calabria y Magdalena de Túnez. Su interrogatorio lo mantenía en secreto el gobernador de Milán (45). Mucha coincidencia era que en torno a los infantes recalasen personajes vinculados a los otomanos: primero, la amistad de D. Juan con el soldado Chaves. Segundo, un renegado al servicio del Gran Turco aparece en el presidio que sirve D. Hernando. Para Alburquerque todo ello era algo más que suerte...
    ¿Acaso los moriscos granadinos querían contactar con D. Juan de Granada a través de los turcos? Las fechas desde luego son coincidentes con la reactivación de la guerra que Aben Humeya planteaba a través de los otomanos. Desde marzo su hermano Luis de Válor, conocido como Abdallá Humeya, era embajador en Argel y más tarde en Constantinopla, si bien sus tratos no son del todo conocidos (46). Las relaciones entre turcos y moriscos a lo largo de la primavera se materializaron en el verano con un importante pacto a través del gobernador de Túnez (47). Entre los acuerdos alcanzados se encontraba la ayuda militar otomana en armamento y asesores militares (48). ¿Habría que conectar el apresamiento del renegado en el presidio de Asti con una nueva estrategia morisca?.

    Como reconocía Felipe II a finales de noviembre al duque de Alburquerque, el renegado capturado en Asti advertía la relación entre los cristianos nuevos de los reinos de Granada y Valencia, peligrosa bolsa de moriscos que -caso de sublevarse- ponía en serio aprieto a las tropas reales (49). La información del prisionero permitió comunicar a los capitanes generales de ambos reinos que tomasen medidas extraordinarias, así como a D. Luis de Requesens, pues
    [...] se ha analizado lo que dijo el moro en Haste y, aunque tiene tan bariable que se puede tomar poco fundamente dello, todavía por lo que dize del trato que tuvo con aquel morisco veynticuatro de Xativa y con otros de Granada, me ha parecido avisar de ello al ilustrísimo D. Juan de Austria, mi hermano, y al Conde de Benavente, para que lo tengan entendido y hagan la diligencia necesaria, y también al Comendador Mayor, para que sepa del moro que es de la galeras de Guillem de Rocafull (50) .
    Con el renegado preso en Asti y sus preocupantes declaraciones, las ansias de D. Juan por marchar a España aumentaban. Con ellas Alburquerque extremaba su vigilancia y, por supuesto, su negativa a la partida. Las conversaciones entre D. Beltrán de la Cueva y D. Juan de Granada quedan resumidas perfectamente así:
    [...] su excelencia le dixo que no le conbenia yr a Spaña estando las cosas de Granada en los términos que están, sin dar quenta al señor Luis Quixada. Y que respondiendo el dicho don Juan que Luis Quixada estava lexos del rey. Que el duque le dixo que escriviese a algún amigo suyo en la corte. Y que don Juan respondió que no tenía amigo. Y replicándole el duque que los de su casa hazian este offiçio y assi mesmo su excelencia escriviría por él a quien don Juan quisiesse y que lo pensasse y otro dia dixesse a su excelencia lo que en esto quería hazer, para que lo favoresçiere y ayudasse con ello (51).
    Era evidente que el infante sabía que su amigo y paisano, D. Luis Quijada, estaba al lado de D. Juan de Austria en Granada, pues -como comenta el cronista Luis del Mármol.
    [...] a 6 días del mes de abril partió don Juan de Austria de los jardines de Aranjuez, donde había ido a besar las manos a su magestad y a despedirse para proseguir su camino, llevando consigo a Luis Quijada; y tomando postas por jornadas moderadas, llegó en seis días a la villa de Hiznaleuz (Iznalloz), que está cinco leguas de Granada (52).

    Por las mismas fechas que entraba su paisano Quijada en Granada, el infante tenía conocimiento -como el resto de la población italiana- de la movilización de los tercios para la guerra de los moriscos. El aludido cronista debió venir con el primer contingente, concretamente en las compañías de Piamonte, Nápoles y Lombardía, las cuales desembarcaron con D. Luis de Requesens en tierra peninsular a últimos de mayo 53 . Pese a la más rotunda realidad, el gobernador de Milán seguía negando lo evidente. ¿Qué podía pensar D. Juan de Granada ante lo innegable? ¿Cómo se atrevía a decir al gobernador de Milán que no conocía a nadie para escribir, cuando en su genealogía aparecían apellidos de rancio abolengo como Sandoval, Velasco o Mendoza?.
    Italia entera sabía de la guerra de los Moriscos, pero los virreyes, gobernadores y embajadores españoles destacados en la península apenina respondían al mismo patrón estratégico: la rebelión era pequeña e insignificante, estaba a punto de concluirse y no merecía la pena desplazarse a España. Un ejemplo meridiano es Fernando Gonzaga, marqués de Castiglione, quien, enterado en esta población cercana a Milán del alzamiento morisco, pretendía servir al rey. El propio gobernador de Milán con una admirable diplomacia volvió a negar lo evidente, resumiendo perfectamente en fechas posteriores al rey la política seguida en los estados italianos con respecto al tema granadino:
    [...] convendría mucho, más si fuesse possible, que ningún hombre Bella (Italia), en esta occasión ni en otras, pasasse a Spaña, pues, bolviendo por acá, son éstos los que más daño hazen con su naçion, que toda es de la calidad que por otra he dicho a Vuestra Magestad (54).

    Era lógico que admitir la debilidad española en su propio territorio sólo podía traer, cuando menos, problemas. Máxime cuando desde la primavera de 1569 Felipe II había ordenado a su embajador ante Pío V que restableciese con Roma la organización de una coalición antiotomana (55). ¿Era consciente D. Juan de la alta política regia? ¿Qué estaba pasando en el reino de Granada para tanta negativa del gobernador de Milán? ¿D. Juan no podía haber hecho sus propias cábalas sobre la situación granadina? ¿Qué sabía el infante sobre toda la situación mediterránea?.

    Sólo escapaban a la cerrada salida española algunos nobles italianos de indudable fidelidad. Un caso era el genovés Pelegrán Doria, quien acompañaba a D. Juan de Austria en su campaña granadina y que en la toma de Galera se hizo famoso por el disparo que sufrió, siendo merecedor de citas de los cronistas de la guerra: [...] a Pagán de Oria, hermano del príncipe Juan Andrea de Oria, de otro (disparo) que le pasó los dos muslos (56).

    PARTE III.
    LA TRAMA

    LOS
    PREPARATIVOS PARA LA HUIDA A ESPAÑA


    A finales de julio de 1569 D. Juan de Granada tiene decidido marcharse a España, y aprovechando la ida de Antonio Sánchez a Asti para cobrar su paga, le rogó que hablase con su hermano. De la entrevista entre ambos amigos, D. Hernando reconoce que [...] él me dixo de parte de my hermano como se quería yr en Spaña, y esto me lo dixo a boca, trattando conmigo algunas cosas particulares (57). No sabemos más, aunque conocemos el interés de D. Juan de Granada por charlar personalmente con su hermano. Está decidido a marchase a España, sea como sea.

    En la misma fecha y con idéntico motivo que Sánchez, viajaba a Asti Salcedo, criado de D. Juan, quien entregó a su hermano una carta. Como reconoce D. Hernando de Granada,
    [...] lo que contenia la dicha letra es que, vista aquella, partiesse para Milán, porque estava determinado yrse a Spaña y pedir a su excelencia me diesse su plaça o me entreteniesse conforme a la calidad de my persona. Y en deffetto que su excelencia no tuviese quenta dehazerme merced, me fuesse con él (58).

    Para evitar problemas, la misiva la mostró el infante a su alférez Ruy Gómez y a D. Rodrigo de Castro [...] lo uno por darles parte de mis negocios, lo otro por venir en la carta encomendadas para ellos (59).
    ¿Querían ambos hermanos de alguna manera evitar sospechas de su encuentro en Milán? ¿Tal vez hicieron ver otra cosa?
    A principios de agosto D. Hernando de Granada se desplaza a Milán para encontrarse con su hermano, advirtiendo la negativa de D. Beltrán a permitirle marchar y concederle la sustitución de la plaza. D. Juan debe explicarle sus planes para irse a España y le insta a que le acompañe. D. Hernando de Granada comprende a su hermano pero no se marchará de Italia. Luego dirá a las autoridades españolas que [...] es verdad que él me escribió que quería yr luego en Spaña y con toda brevedad, pero no dezia secretamente. Y dezía que era para effetto de disponer y tratar de los negoçios de su hazienda (60).
    ¿Era esto verdad o, por el contrario, es lo que D. Hernando debía o pretendía decir? Para D. Hernando, la celeridad en la marcha de su hermano era disponer sus asuntos económicos, pues según las declaraciones de varios testigos se advierte que D. Juan de Granada no se encontraba muy boyante. A esta apreciación se suma las de sus criados: Antonio Sánchez advierte que los problemas de liquidez de D. Juan obligaban al secretismo, [...] por temor de sus acreedores no le impidiessen la yda, porque entendiendo que él se querría partir, como yalo havia publicado, venieran muchos a demandarle sus créditos (61).

    Simón de Mucis, responde lo mismo:
    [...] yo le havia oydo dezir otras muchas vezes que quería hazer aquel viaje a effetto de casarse, [aunque] antes me suspeché que [....] me ymaginé que huviesse venido a my casa porque sus acreedores no se fatigasse 62) .
    ¿Quiénes eran estos banqueros que tanto angustiaban a D. Juan? Según su criado,
    [...] los mercaderes que le davan dineros eran los Negrones, los quales solían estar en la calle de San Pedro Lorto, y que agora están junto al Cavallero Aretin, y que assimesmo le dava Peligro Doria, el qual está a San Lorenço, la vía por donde era de Spaña (63).

    Si el infante no tenía dinero, ¿cómo podía partir a España? En principio D. Juan pensó en viajar junto al conde de Cifuentes, quien preparaba su marcha a España. Al fin y al cabo el aristócrata entraba dentro de la parentela familiar del infante (64) , además de ser amigos desde que ambos residieron en Alcalá de Henares. De aquel ruego del infante, [...] el Conde le respondió que haviendo buen passaje yría luego. Y de otra suerte que no pensava yr hasta tanto que escriviesse el señor Ruy Gómez le enbiasse una galera, o dos, para su passaje”.
    Por lo que quiera que fuese -tal vez la lentitud de Cifuentes- hace que D. Juan cambie de parecer, pues [...] dixo que determinava yrse y passar en lo que hallasse. Y en defetto de no hallar passaje yr en una fregata, o en la primera cosa que hallase
    (65).

    En la búsqueda de un nuevo transporte, nuestro personaje parece que se decide por una fragata tierra a tierra, argumentando la negativa a partir con Cifuentes
    [...] porque no dixesse que se yva en compañía del conde porque le hiziesse el gasto (66).
    El medio ya estaba solucionado, ahora quedaba costear el pasaje. La falta de liquidez la resolvió el infante contactando a últimos de julio con el banquero Antonio María Vivaldo. El interlocutor elegido ante Vivaldus fue un oficial del duque de Alburquerque, Martín de Alvelda, quien [...] con larga arenga me rogó y importunó que yo le acomodasse de dozientos escudos a cambio para Spaña, que allende me quedaría en grandíssima obligación y me daría por seguridad algunos gentiles hombres españoles en quien yo me contentasse (67).

    El dinero se entregaría cuando lo pidiese D. Juan. Resuelto el último problema a principios del mes siguiente, la partida a España se fija para la madrugada del domingo 15 de agosto. El día antes D. Juan recibe del banquero Vivaldi 200 escudos
    [...] a cambio de otros tantos que le ha de dar en Madrid a Lorenzo de Spinola, con más el cambio. Y estos dineros le dio el sabado de mañana, el día antes que se partiesse (68). Es curioso que en la trama financiera para sufragar el viaje de D. Juan se encuentre Peligro Doria, banquero genovés que -como hemos visto en el apartado anterior- tiempo después acompañaba a D. Juan de Austria en su campaña contra los moriscos. El mismo que presionaba al infante por deudas. Con el dinero en el bolsillo desde la mañana, D. Juan de Granada tiene vía libre para su proyecto. Por la noche charla con su hermano, quien se había trasladado de Asti a Milán a su solicitud, momento en el que ambos charlaron a solas. De aquella conversación todo parece indicar que el gobernador de Milán desconocía la marcha, razón por la cual no quiso pedirle su sustitución en la plaza. Según dijo después D. Hernando de Granada, su hermano le rogó que al día siguiente se entrevistase con el duque de Alburquerque y le comunicase su partida a España. Tras despedirse de su hermano, D. Juan huye del palaçio del gobernador.

    EL INTENTO FRACASADO DE HUIDA

    La noche entre el sábado 14 y el domingo 15 de agosto es intensa; mientras que D. Juan de Granada habla con su hermano, su equipaje está siendo trasladado a otro sitio: [...] hizo enbalisar la ropa que tenía en palacio de su excelencia en dos baules, los guales hizo llevar fuera (69).
    Se trataba de la casa de su criado Simón de Mucis, quien describe perfectamente el desarrollo de las horas siguientes: [...] don Juan havia ydo a su casa de tres horas de noche, con un paje y dos faquines que llevavan dos caxas y que avia dormido ally (70).
    Amaneció, pues, el palacio del gobernador de Milán sin el infante de Granada.

    Tras dormir unas horas, el domingo 15 de agosto es bastante movido en casa de Simón de Mucis. Por la mañana D. Juan le entrega dinero al criado para que compre comida y busque caballos para su partida, quedando solo en la vivienda. Entre tanto llega a la misma su amigo Chaves, aquél que residió en Constantinopla. A solas conversan, nada se sabe de lo que hablaron. De vuelta, Simón de Mucis anuncia al infante los problemas que hay para encontrar caballos, es domingo y víspera de la virgen: [...] despues de haver comido el dicho don Juan en compañía de Chaves, mandó a este confesante que fuesse a llamar a Antón Sánchez y assí mermo a buscar cavallos o coche para su partida (71).

    Nuevamente quedan solos en la casa D. Juan de Granada y Chaves. Se desconoce la conversación mantenida. A las seis o siete de la tarde llega Antonio Sánchez a la casa -ya no está Chaves- y [...] después de haver hablado con él de cosas, como se suele entre los amigos, se partió (72).
    Eran las 8 de la tarde y acompañaban al infante, además de Simón de Mucis, "dos faquines que le llevaban la ropa hasta la primera hostería fuera de Milán que va a Binasco, en compañía de Antón Sánchez y Salçedo y Jerónimo, sus criados que acompañaban" (73).

    Llegados "antes del Ave María" a la Hostería La Briosca, a las afueras de Milán y en el camino a Binasco, surge el primer percance del proyectado viaje. Al demandar el infante caballos, el dueño de la hostería, Pedro Ferrari, "le respondió que no tenía cavallos y después de haverle dado de bever a él y a los demás que venían en su compañía, siendo venidos a caso çiertos molineros con dos mulos, se concertó con ellos que le llevassen las valisas y ropa hasta la hostería del Molino Nuevo" (74). No pudo conseguir más el infante, por lo que "se fue a pie el dicho don Juan hazia Binasco, haciendo llevar su ropa en dos mulos de un molinero" (75). Aquí se despiden Antonio Sánchez y Simón de Mucis, siguiendo solo D. Juan y sus dos criados.

    De todas formas, en la ruta entre la hostería La Briosca y el Molino Nuevo, D. Juan cambia de idea y se vuelve a Milán. Quedan en camino el molinero, llevando el equipaje, siguiéndole los criados del infante a pie. ¿Era premeditada esta vuelta? ¿Fueron sólo las circunstancias las que obligan a cambiar de planes?

    EL ENCARCELAMIENTO DE D. HERNANDO DE GRANADA

    Mientras D. Juan huía durante el domingo 14 de agosto, su hermano no hacía nada por comunicar con el gobernador, según él decía que habían acordado. Muy al contrario, [...] aquel día estava en casa del médico, curándome y pensando que venía presto para poder hallar a su excelencia, (si bien) no huvo lugar por ser tarde. Y ansy hablé al señor don Beltrán de la Cueva y le dy un recado de parte de my hermano y dexava para el lunes el hablar a su excelencia (76).
    Llegada la nota al gobernador, el duque de Alburquerque -en previsión de posibles consecuencias- ordena encarcelar a D. Hernando de Granada. El infante se encontraba cenando en casa del maestro Viçenço. A las 11 de la noche entró en casa del médico el capitán de caballos ligeros Ulibarre, informando a D. Hernando que debía acompañarlo al palacio del gobernador.
    En las habitaciones del duque le espera el capitán Carvajal, el cual lo traslada a las 6 de la mañana del día 16 de agosto al castillo de Bragassa, donde fue entregado al castellano para su prisión.
    El mismo 16 de agosto comenzó el interrogatorio a D. Hernando de Granada. Curiosamente en todo momento negó haber recibido cartas de España en las que se anunciase la rebelión de los moriscos, algo imposible de creer por las declaraciones públicas que hacían su madre y amigos. Igualmente daba a entender que nunca tuvo conocimiento de morisco alguno en Asti, pese a estar destinado en aquella guarnición. De igual modo no pensó que la marcha de su hermano fuera una huida. En fin, todo eran sospechas de primer orden, máxime cuando el servicio secreto español conocía la actividad turca a favor de los moriscos y su proyectado avance por el Mediterráneo a costa de la rebelión granadina (77).



viernes, 16 de noviembre de 2012

Mundūŷar Mondújar. El Castillo de Mondújar es una fortaleza de época musulmana tardía, situada sobre un cerro elevado, llamado del Castillejo, junto al actual pueblo de Mondújar, municipio de Lecrín (provincia de Granada). Está situado a 879 m de altitud, con planta poligonal irregular, permaneciendo aún en pie varios lienzos de muros, especialmente en sus lados norte y este, realizados en mampostería, utilizando los cortados existentes entre las rocas para cerrar el espacio interior. En la zona noroeste se encuentran restos de una torre trapezoidal, en cuyo interior se conserva el acceso original al castillo, con puerta de doble recodo en rampa, con obra en ladrillo y mapostería, y con diversas ventanas y cinco saeteras, posiblemente de época cristiana. Existe en el interior un gran aljibe, con lados de 7,40 x 7,48 x 4,77 x 4,12 metros, con restos de la arcada de la bóveda de ladrillo y del brocal. Se perciben, además, un gran número de restos de distintos habitáculos, algunos con bóveda

En 1925 aparecieron las 70 tumbas vacías de los reyes en la Alhambra

Las grandes dinastías reales que han pasado por la Península Ibérica han elegido monumentos significativos para ellos a la hora de elegir sus túmulos funerarios, siempre próximos a sus centros de poder o a sus propiedades personales. Así ocurrió hasta el levantamiento del panteón real de El Escorial, donde reposan todos los reyes de la España unificada a partir de Carlos I. Los reyes, reyezuelos y régulos de anteriores dinastías reposan en sepulturas sembradas a lo largo de infinidad de monasterios, iglesias y conventos.
La Alhambra de Granada también cumplió en su tiempo la misión de panteón real de la dinastía nazarita, que gobernó al-Āndalus durante casi tanto tiempo como los actuales Borbones, entre 1237 y 1492. Los Naşr, aquella importante familia hispano-árabe de la Edad Media, aportó 22 monarcas al Reino de Granada durante dos siglos y medio largos.
La historia escrita y comprobada nos cuenta cómo a finales de 1491, el Reino de Granada negociaba su capitulación ante el poderío de Isabel y Fernando. La debilidad y el aislamiento de la monarquía nazarí desaconsejaban resistir con las armas; ya sólo quedaba la firma de una rendición lo más honrosa posible para un pueblo agotado por las guerras. Boabdil, que reinó como Mohamed XII, firmó una capitulación general de su reino y otra personal para él y su familia. Hacia el 25 de noviembre de 1491, Boabdil daba por bueno el texto que le presentaban; a la familia real granadina se le concedían unas tierras, una especie de señorío, en Andarax, extremo almeriense de La Alpujarra, además de respetársele algunas posesiones de origen familiar en el Valle de Lecrín, alhajas, muebles, telas, sirvientes, etc.
Durante los meses de noviembre y diciembre de 1491, Boabdil había ordenado exhumar secretamente a todos sus antepasados del cementerio real de la Alhambra, la Rawda, para depositarlos en un lugar que, según él pensaba, iba a quedar en tierra bajo su dominio; los secundaron sus parientes más cercanos.
El lugar elegido fue la alquería de Mondújar, una zona de propiedad familiar por vía materna, precisamente a los pies del castillo que pocos años atrás eligió su propio padre, Muley Hacén, para retirarse una vez derrocado por su propio hijo; era muy probable que Muley Hacén, muerto hacia 1487, ya estuviera enterrado en tierras de Mondújar. A Andarax se dirigió Boabdil a comienzos del mes de enero de 1492 con toda su familia y una corte de sirvientes, donde pensaba vivir alejado de todo poder político.
El lugar elegido por los Reyes Católicos para el "destierro" de Boabdil fue seleccionado estratégicamente, es decir, lo suficientemente alejado de la capital, lo suficientemente alejado del mar y lo suficientemente poblado (unas 7.000 almas en todos sus nuevos dominios). Allí llegó con Moraima, pero sin sus hijos Yusuf y Ahmed, a quienes los nuevos reyes de Granada retuvieron todavía unos meses en calidad de rehenes.
La felicidad de la pareja de monarcas desterrados, Boabdil y Moraima, debió durar menos de medio año en la localidad de Andarax, pues se tienen noticias de que uno de sus hijos murió por entonces, nada más serle devuelto por los Reyes Católicos.
La infelicidad se iba a cebar aún más con el Rey Chico el 8 de julio de 1493, fecha en que decide abandonar definitivamente España; ese día es la fecha de la última carta autógrafa de Boabdil, dirigida a los Reyes Católicos y conservada en el archivo de Simancas, aceptando la venta del señorío de Andarax y su decisión de pasarse a África. Parecía que ya nada le ataba a la tierra de sus antepasados. La reina Moraima debió fallecer antes del 28 de agosto de 1493, pues en esta última fecha escribió una carta Hernando de Zafra a los Reyes Católicos en la que le daba cuenta de que Boabdil había enviudado y tendría menos inconveniente para abandonar el Reino: "La mujer deste Muley Baubdilí, murió, y creo que aprovechó su muerte para el servicio a Vuestras Altezas, porque su dolencia daba algún embarazo a la partida del Rey: agora queda más libre para lo que ha de hacer".
Antes de que finalizara el verano de 1493, Moraima quedaba enterrada en el cementerio de Mondújar envuelta en un sudario de color blanco sin coser en cabeza ni pies. Suponemos que fue la última persona regia de los nazaritas sepultada allí; no hay referencia a que su hijo, fallecido unos meses antes en Andarax, también fuera trasladado aquí para que recibiera sepultura. En aquel enterramiento estuvieron presentes su rey viudo, su otro hijo, alcaides, mayordomos y varios sirvientes, como así lo atestiguaron varios documentos
Existen varias referencias escritas que autentifican el Mondújar granadino (existe también Mondújar de Santa Fe, en Almería) como lugar del segundo enterramiento de la familia real nazarí tras la toma de Granada. Las más importantes son sin duda las que contienen el Libro de Apeo y Repartimiento de Mondújar, con deslindes fechados en 1547, 1572 y 1593. Vecinos, conocedores y escribanos declaran que Mondújar tiene en la ladera del Cerro del Algarrobo (actual barriada del Cerrillo) un macáber en que fueron enterrados los reyes de Granada. En la referencia de 1547 se dice textualmente: "Un macáber grande de seis marjales poco más o menos por abrir que alinda con haza de Diego Aguilar y con Haza de Diego Escobar… donde dicen que están enterrados los Reyes Moros de Granada". En aquel deslinde actuó el alguacil de Mondújar, llamado Fernando Auldulbiri, quien se ofreció a señalar el lugar donde estaban enterrados los reyes y Moraima. Seguidamente declaró Isabel Nihiriza, esposa de Mahomad Almeyres, quien fue mayordomo de la reina Moraima, y cuenta cómo fue el reparto de los bienes de su ama con especial cuidado en una manda para que el alfaquí fuera a rezar dos veces por semana sobre su tumba y la de los otros reyes āndalusīes. La propia Isabel Nihiriza declaró que vio traer el cuerpo muerto de la reina "en un arca o en un ataúd y la vido enterrar en un haça adonde estauan enterrados otros reyes moros que los auían enterrado en Granada y después los troxeron a enterrar allí do la dicha rreyna se enterró después". Otro de los testigos de aquel deslinde reitera que Boabdil enterró a su esposa "donde primeramente auían sido enterrados y sepultados otros reyes moros predeçesores y parientes de la dicha rreyna".
En 1549 es Jusepe de Herrera quien va a relatarnos por qué estaban enterrados en Mondújar los reyes de Granada: "Están enterrados al pie de la dicha fortaleza (habla del castillo de Mondújar), en una haça que se llama la rrauda, todos los cuerpos de los rreyes moros que fueron de granada al tiempo que fue de moros y después la rreyna horra mora se truxo desde Andarax …" En la Alhambra, todavía a finales del siglo XVI se sabía y se reconocía el lugar que había ocupado la rawda donde tiempo atrás fueron desenterrados los monarcas. Así nos lo cuenta Luis de Mármol al narrar que en 1574 aparecieron unas losas de alabastro (macabrillas) "que parece estaban puestas a la cabecera de cuatro reyes de esta casa".
Quedan, pues, suficientemente referenciadas las noticias acerca del lugar de enterramiento de Moraima y de los reyes de Granada en el viejo macáber de Mondújar. A partir de las sublevaciones mudéjares de 1499-1500, el cementerio musulmán quedó en el olvido por dos causas: la pretensión de los conquistadores de que se abandonase el sistema de enterramiento de los musulmanes para una mayor cristianización de los sometidos y la apropiación por la fuerza de todas aquellas hazas por parte de Pedro de Zafra, hermano del secretario de los Reyes Católicos. Para dar cumplimiento a la necesidad de enterramiento de la población musulmana de Mondújar fue habilitado un nuevo cementerio en la zona de Torna Alta, que funcionó hasta por lo menos la guerra de la Alpujarra (1568-71). En cuanto al viejo macáber musulmán donde se enterró a los reyes, debió seguir funcionando hasta comienzos del quinientos, pues ya en 1509 sabemos por un pleito de la Inquisición que se estaba rellenando de tierra para ponerlo en cultivo por la viuda e hijos de Pedro de Zafra. Las sepulturas de los reyes de Granada en Mondújar quedaron en el olvido durante siglos; sólo la leyenda de los viejos del lugar recordaban que entre la rábita (posterior iglesia) y el Cerrillo habían sido enterrados los reyes de la Alhambra. No volveremos a tener noticia del panteón real nazarita en la Alhambra y su posterior traslado a Mondújar hasta el año 1897. La vieja Rawda alhambreña fue modificada en el siglo XVI por las obras del Palacio de Carlos V y parte de su solar dedicado a casa del cura de la iglesia de Santa María de la Alhambra. En aquella fecha decimonónica, el arquitecto conservador Mariano Contreras redescubrió la Rawda al derribar un cobertizo anexo al Palacio de Carlos V. Incluso Manuel Gómez Moreno, en su Guía de Granada de 1892, incluyó referencia a que habían aparecido cuatro tumbas de reyes moros. Fue otro arquitecto conservador de la Alhambra, Leopoldo Torres Balbás, quien en 1925 inició unos trabajos de restauración en la Rawda nazarí con un resultado sorprendente: localizó más de 70 tumbas vacías. Eran sin duda las fosas que un día ocuparon los monarcas nazaríes y sus familiares; también había otras próximas, pero con algunos cadáveres dentro. La memoria de aquella excavación de Torres Balbás dice lo siguiente: "... En ninguna encontráronse huesos, lo que prueba que la traslación de los restos a Mondújar fue cuidadosa". Fuera de este recinto, aunque próximo a él, nos dio noticias Torres Balbás de la aparición de otras muchas sepulturas, que sí contenían huesos, que debieron corresponder a personas ajenas a la familia real o de no tan alta alcurnia "… y por ello no se transportaron sus restos a Mondújar, o se hizo con poca atención".
Se contaron 22 los reyes que tuvo el Reino de Granada entre 1237 y 1492, pero no todos ellos fueron a dar con sus huesos a la Rawda real. Se sabe que este panteón real comenzó a funcionar a partir de la muerte de Ismail I (1325); se tiene referencia a que sus cuatro antecesores (Muhammad I, Muhammad II, Muhammad III y Nazar) fueron enterrados en otra rawda que había en el monte de la Assabica, frente a la Alhambra, en lo que hoy es el Carmen de los Mártires; también se tiene referencia de que Muhammad V, Yusuf II y Yusuf III fueron enterrados en otro cementerio en la zona del Generalife. Pero nunca se han encontrado sus modestas moradas fúnebres. Así nos lo cuenta, en parte, Ibn Al-Jatib en su Historia de los Reyes de la Alhambra, quien las vio personalmente y anotó las inscripciones de sus macabrillas. Es seguro que los dos últimos reyes de Granada tampoco fueron enterrados en la Alhambra. Muley Hacén se retiró al castillo de Mondújar hacia 1485, tras ser destronado por su hijo Boabdil; su muerte ocurrió hacia 1487 y sobre su lugar de enterramiento se barajan dos lugares: Mondújar y Salobreña (la supuesta tumba en la cima del monte Mulhacén es sólo una leyenda). Y, por supuesto, tampoco Boabdil yace enterrado en lugar alguno de al-
Āndalus.

Restos removidos en 1988 Hasta ahora hemos comprobado, a través de fuentes escritas y de las excavaciones de Torres Balbás, que la mayor parte de la dinastía nazarita estuvo enterrada en la Alhambra hasta 1491, desenterrados sus restos a finales de ese año y vueltos a enterrar en Mondújar. El olvidado macáber real de Mondújar había pasado a ser campo de cultivo durante casi cinco siglos. Se hacía necesaria una intervención de tipo arqueológico para comprobar fehacientemente la veracidad de las fuentes escritas.
La oportunidad llegó a comienzos del siglo XXI. Con motivo de la construcción de la autovía Granada-Motril, las referencias históricas obligaron a efectuar una intervención arqueológica previa que, en este caso, corrió a cargo de Ángel Rodríguez Aguilera y Sonia Bordes. El resultado de su informe está depositado en la Delegación de Cultura. Lo primero que comprobaron los arqueólogos al acotar la zona fue que el macáber musulmán de Mondújar ya había sido removido con anterioridad, concretamente durante las obras de construcción de la vieja carretera de circunvalación de Mondújar. Este hecho había ocurrido en 1988, sin que tengamos noticia de que dicha obra se hiciera con la presencia de arqueólogo o con medidas de tipo cautelar similares. Antes de comenzar la excavación de 2001 se apreciaban tumbas cortadas en el talud superior de la carretera y huesos esparcidos por la cuneta. (hay una extensa colección fotográfica de ello). Fue en las excavaciones que se llevaron a cabo en 2001 para construir la Autovía de Motril cuando se confirmó que sus tumbas fueron removidas en 1988 y los huesos esparcidos, probablemente, bajo el asfalto de la circunvalación de Mondújar. Aquel detallado proceso arqueológico arrojó resultados sorprendentes que venían a confirmar Mondújar como lugar de enterramiento de los reyes de Granada. El primero de ellos fue hallar una complejidad funeraria sin precedentes, muestra seguramente de la influencia que introdujo en su entorno el sistema alhambreño de enterramiento; asimismo, se comprobó una colmatación de este macáber en los años finales del XV, como si de pronto muchas otras personas hubiesen deseado ser enterradas junto a las tumbas reales. Esta práctica se mantuvo hasta los primeros años del siglo XVI, en que fue clausurado el cementerio mudéjar y abierto otro en la zona de Torna Alta en calidad de comunidad morisca o criptomusulmana. En este último caso, el sistema de enterramiento fue totalmente distinto y de unos ritos musulmanes decadentes.
Para el arqueólogo Ángel Rodríguez Aguilera, queda clara la similitud en los sistemas de enterramiento entre la rawda de la Alhambra y el macáber musulmán del Cerrillo de Mondújar. En 2002 fue excavada la zona alta de lo que había sido el cementerio, pero la parte baja, la más cercana a la antigüa mezquita y seguramente la parte noble donde fueron enterrados la mayoría de los reyes de Granada (Moraima reposó inmediatamente detrás de la mezquita), había desaparecido por completo en los movimientos de tierra de 1988. No se pudo profundizar en la investigación de campo: los huesos y las makabrillas estaban ya en el vertedero de tierra.
Tumbas intactas Aun así, fueron escavadas casi 70 sepulturas con resultados dispares y sorprendentes. Todas ellas estaban intactas, jamás en cinco siglos habían sido abiertas hasta entonces. Las había con cadáveres completos, un grupo de tumbas pequeñas con los huesos apilados, tumbas infantiles y bastantes tumbas no albergaban cadáver alguno.¿Qué podría haber ocurrido?
Lo más inmediato era pensar que los enterradores habían puesto en práctica la ancestral costumbre musulmana de abrir fosas paralelas para enterrar los delitos del difunto, justo al lado de su tumba. Pero este hecho no es muy probable pues en aquella época ya había caído en desuso aquel rito arábigo. El hecho de que aparecieran bastantes tumbas vacías hacía sospechar que Boabdil retrasladó en secreto los cadáveres de sus ascendientes hasta Marruecos al partir en 1493. En su informe, Rodríguez Aguilera estudia tres posibilidades para explicar el misterio de las tumbas reales de Mondújar: primero, que estuvieran ocupadas y los restos se hubieran visto afectados por algún tipo de reacción química que los hubiera deshecho; que estuvieran ocupadas y hubieran sido retrasladadas posteriormente; y que nunca hubieran estado ocupadas y todo hubiera sido una simulación. La primera de las hipótesis se descarta "pues el relleno de la fosa es el mismo que el de otras tumbas que sí conservan restos humanos, por lo que la posibilidad de una descomposición por la acidez del suelo no tiene fundamento". En cuanto a la segunda hipótesis, los arqueólogos procedieron a cribar la tierra del interior y someterla a analítica y llegaron a la conclusión de que había indicios de que aquellos huesos estuvieron enterrados anteriormente en otro lugar. La tercera posibilidad tampoco es descartable en algunas tumbas. En esta excavación aparecieron también restos de la rábita Alcana mencionada por las fuentes escritas, alrededor de la cual fueron depositados los huesos traídos desde la rawda de la Alhambra a finales de 1491; este hecho ratificaría que estábamos, sin duda, ante las tumbas de los reyes nazaritas. A partir de aquí nos movemos en el terreno de las conjeturas, con "dudas razonables" y "certezas demostrables". No parece muy probable que Boabdil acudiese en verano de 1493 a dar sepultura a su esposa Moraima en Mondújar y, sólo un mes después, volviese a desenterrarla a ella y a todos sus antepasados para llevárselos consigo a Fez. Es poco verosímil; no se tiene ninguna referencia escrita de que Boabdil volviera nunca más a Mondújar y mucho menos de que lo hiciera para desenterrar tantos cadáveres y dejar las fosas selladas de manera tan perfecta. En la memoria y en los documentos de Mondújar, de la Inquisición y de la Alhambra quedaron siempre referencias de sus vecinos a que allí estaban enterrados los reyes moros de Granada. Jamás nadie mencionó un nuevo desentierro y traslado. Tampoco en los documentos que Pedro de Zafra y Gonzalo Fernández de Córdoba, encargados por los Reyes Católicos de supervisar el paso de Boabdil a África, mencionan que se llevara a sus antepasados muertos, cuando sí existe una completa relaciones de navíos, personas, bienes, etc. que se llevó consigo en su exilio definitivo. ¿Qué pudo ocurrir entonces? ¿Dónde están los restos de la dinastía nazarita? Cuando se iniciaron las excavaciones de la autovía Granada-Motril, quien esto suscribe conversó con personas que trabajaron en el movimiento de tierras de 1988; dos de ellos afirmaron que solía ser frecuente ver huesos en las zonas de relleno de los taludes de aquella primera carretera de circunvalación de Mondújar. Al comenzar las obras de la autovía (2003) ya estaba hecho el daño en el cementerio de los reyes nazaritas de Mondújar; había sido removida la zona más importante, donde seguramente permanecieron olvidados durante cinco siglos la mayoría de emires y sus familiares. Es macabro y duro pensarlo, pero es bastante factible, más que probable, que buena parte de la dinastía nazarita repose olvidada para siempre bajo el asfalto de la autovía de Motril.