martes, 20 de noviembre de 2012

UN REY PARA LOS MORISCOS



  • Primera Parte

    Los descendientes de los infantes don Juan y don
    Hernando tienen por apellido de Granada, y traen por
    armas dos granadas en campo azul, y un letrero
    atravesado que dice Lagaleblila, que quiere decir:
    No hay vencedor sino Dios

    (Luis del Mármol Carvajal)

    Los acontecimientos vividos en el reino de Granada bajo los Reyes Católicos -la conquista y su posterior etapa mudéjar-, pese a los vacíos que de hecho existen, están perfectamente desvelados en sus líneas básicas (
    1).

    En cambio, al día de la fecha quedan todavía lagunas importantísimas sobre la época morisca, desenlace final de muchos de los entramados elaborados en la etapa precedente. Dentro del periodo, el alzamiento de 1568 es, sin ninguna duda, el punto culminante, por cuanto fue el desenlace final de muchos puntos marcados desde la toma de Granada.

    La rebelión del reino reinició algunos de los engranajes creados por aquellos protagonistas de finales del siglo XV, los cuales volvían a desempolvar viejos métodos de colaboración y colaboracionismo (2) . Aunque -también al igual que entonces- las diferencias que envolvían el complejísimo equilibrio morisco salpicaban por doquier.

    Uno de aquellos nudos gordianos afecta a la propia familia real granadina, concretamente a los descendientes de los hijos del rey Muley Hacen habidos con la esclava Zoraya o Turayya, pues la sublevación de 1568 los convirtió en protagonistas esenciales de un episodio nada conocido. La azarosa historia de estos infantes de Granada está perfectamente desvelada en sus líneas maestras a través del admirable estudio de López de Coca. Gracias a este trabajo reconstructivo podemos comprender el complejo entramado de propósitos y despropósitos que envolvieron a los nasríes en sus últimos años (3).

    El seguimiento posterior de los príncipes Sa’d y Nasr, al igual que el de su descendencia, prácticamente es desconocido, aun cuando -como queda dicho- la guerra de los moriscos los puso en el candelero. Puede que el conflicto granadino les quedara lejos, pero, quizás sin saberlo y tal vez sin quererlo, eran quienes eran y la guerra -como cualquier otra guerra- no entendía de medias tintas.
    Los sucesos que vamos a relatar, al igual que en su día hiciera el maestro López de Coca, se basan en la reconstrucción minuciosa de un interrogatorio realizado en Milán en plena guerra de los moriscos sobre los infantes de Granada (4), así como la correspondencia que distintos oficiales regios en Italia realizaron en torno a ellos. Los documentos históricos descritos no trascendieron más allá de los despachos filipinos, convirtiéndose en una información reservada que fue tratada como un "asunto de Estado", prácticamente mantenido en secreto hasta la actualidad. Mucho, pues, de lo que se expone en este trabajo tiene que ver con el complejo servicio de espionaje de Felipe II y su organizada trama por mantener su equilibrado sistema internacional. Un mundo casi desconocido, pero que rigió el enmarañado imperio y formidable “Mundo Mediterráneo” del que nos hablara Braudel. Los espías del rey, con sus aciertos y desaciertos, observaciones y previsiones, pueden abrir sorpresas como la que relatamos (5).

    I PARTE
    LOS ANTECEDENTES

    UNOS SÚBDITOS MUY ESPECIALES: LA FAMILIA REAL NASRÍ


    A partir de 1492 en el reino de Granada sólo cabía una posición de poder: colaborar en los proyectos de los Reyes Católicos. Por ello, la salida de Boabdil en 1493 fue un asunto de Estado que culminó con éxito la carrera de su artífice, el secretario real Hernando de Zafra (6). La marcha del Rey Chico vino acompañada de un cierto reconocimiento de la realeza de sus hermanos, los infantes de Granada. En efecto, los príncipes S’ad y Nasr eran los eternos rivales de su hermano Boabdil desde que Muley Hacen en 1478 se encaprichara de su madre, a quien le entregó gran parte de las herencias de sus tías, las princesas Çetti o­nfalfata y Çetti Haxa (7). De hecho, en 1490 los hermanos de Boabdil se presentaron como recambio regio, inquietante noticia que inclinó a los Reyes Católicos por secuestrarlos y enviarlos a Sevilla (8). Tuvo mucho que ver en aquel asunto Çidi Yahya al Nayar -miembro de una rama real nasrí contraria-, personaje clave a partir de entonces en el reino de Granada, puesto que se erigió en el representante de la colaboración con los Reyes Católicos (9).
    Bautizados en fechas muy cercanas a la toma de la ciudad, ambos príncipes recibieron el sacramento -según una crónica granadina del siglo XVII- bajo el signo regio:
    [....] Pusiéronle Çad, el mayor, don Fernando de Granada, por el Rey Católico que fue su padrino, y al menor le pusieron don Juan de Granada, respeto del príncipe don Juan que lo apadrinó. Diéronle palabra de que se les daría el estado de Mondexar, que era suyo en Las Alpuxarras, abiéndose conquistado, y ellos desto se les hiço otras muchas merçedes” (10).

    Puede decirse que en 1492 la descendencia de Muley Hacén quedaba eternamente dividida: mientras que su primogénito, el rey Boabdil, se mantenía musulmán y alejado del reino de Granada, sus hijos menores eran cristianos y cercanos a la corte de los Reyes Católicos. La madre de estos últimos también se bautizó poco tiempo después con el nombre de Dª Isabel de Granada, seguramente por influencia de la reina Católica, a quien acompañó en la corte hasta su muerte.
    El feliz desenlace sólo se rompió con la vuelta a Granada de un miembro real, el destronado sultán meriní Abu Zayyan, casado con la tía de los infantes. Este inconveniente, empero, se solucionó positivamente, pues el noble musulmán y su esposa terminaron por bautizarse con el nombre de D. Fernando y Dª Isabel -seguramente por el padrinazgo de los Reyes Católicos- e igualmente acabaron desempeñando importantes labores de colaboración. El estatuto real de D. Fernando de Fez le permitirá colocarse en una posición de preeminencia moral y protocolaria entre la comunidad morisca, al mismo nivel que la rama real contraria (11).
    Con la salida de la familia real nasrí allende, los infantes disfrutaron de algunas rentas sueltas, símbolo que identificaba su realeza (12), si bien los Reyes Católicos las cambiaron por un juro de un cuento y cuatrocientos mil maravedíes y la tenencia del castillo de Monleón, en Galicia (13). La intención era clara: primero, tenerlos alejados de Granada y evitar su contacto con la población mudéjar. Segundo, preservarlos como elemento de recambio -o cuando menos de discordia- en caso de que en tiempos futuros la familia real nasrí reclamase nuevamente el trono.

    A partir de 1495, en el reino de Granada sólo se admitía la sumisión de la casa real o la colaboración. Los infantes de Granada representaban el primer papel, mientras que la línea real contrincante de Çidi Yahya y su hijo, bautizados como D. Pedro y D. Alonso de Granada-Venegas, participaban de la segunda vía. En ambas posturas los nasrís eran literalmente súbditos de Castilla, nobles y de esclarecido linaje, pero al fin y al cabo súbditos. El nuevo estatus generará en ellos un ansia integradora que acabará justificando increíbles árboles genealógicos en los que se hacen ver ambas familias como descendientes de los godos que recuperaban su antigua fe. Incluso los tratadistas identificaron a la sultana Soraya como cristiana, una tal Dª Isabel de Solís, y a su hermana aún la presentaban como esposa del cabeza de la línea real contraria (14).
    En conclusión, y en palabras de López de Coca, con el Zagal y Boabdil en Berbería y Granada-Venegas (a los que por nuestra parte añadiríamos los Fez-Muley), cuyos derechos sucesorios basados en la línea femenina carecían de respaldo, una posible restauración nasrí era prácticamente imposible (15). Los únicos verdaderamente con legitimidad para reclamar el trono de La Alhambra eran los infantes de Granada y, convertidos en súbditos leales de Castilla, pasaba por impensable.

    LOS INFANTES DE GRANADA AL SERVICIO DE LA MONARQUÍA

    Los
    infantes de Granada y su madre continuaron en todo momento la ruta de los Reyes Católicos: entre 1504 y 1505 residen en Segovia, Salamanca y Valladolid. Como cualquier otro noble del momento, aparecen asegurando sus posesiones en Granada a través de copias de escrituras arábigas que D. Fernando de Mendoza solicitaba en 1506 ante las autoridades de la ciudad (
    16). Totalmente mimetizados en la sociedad del momento, en los albores del siglo XVI, ambos infantes se encontraban casados con importantes linajes castellanos, tan destacados como los del condestable de Castilla: D. Hernando de Granada había enlazado con D.ª Mencía Sandoval y de la Vega, señora de Tordehumos, Castrillo, Guardo y Castejón (partido de Medina de Río Seco), nieta del Adelantado de Castilla D. Gómez de Sandoval; mientras que D. Juan de Granada era esposo de D.ª Beatriz de Sandoval, hija de D. Juan de Sandoval y nieta de D. Diego de Sandoval, conde de Castrogeriz. Este último enlace le emparentó con la familia real nasrí contrincante, pues Cidi Yayha había casado en segundas nupcias con D.ª Elvira de Sandoval, también nieta del conde de Castro (17).

    D. Hernando de Granada no dejó descendencia y murió tempranamente, en 1512, en Burgos; enterrándose en el monasterio vallisoletano de Ntra. Sra. de Prado, del que era protector. D. Juan de Granada heredó las tierras y señoríos de su hermano y tuvo una vida más larga, convirtiéndose en un colaborador nato de la monarquía. En efecto, con motivo de la guerra de las Comunidades este personaje presidió la "comunidad de Valladolid", logrando controlar a los sectores más exaltados. El episodio no escapó con los años a las defensas que diversos personajes harán de los moriscos sobre su adhesión a la monarquía, tales como Núñez-Muley y el cronista Mármol Carvajal (18). Pese a que este tema se escapa a nuestro trabajo, la participación o no de los moriscos en las Comunidades sería necesario analizarla, pues -al igual que hacía el infante en Castilla- en un punto más delicado como el reino de Granada había moriscos que se alineaban en el mismo bando regio, tal es el caso de Diego López Abenajara, quien capitaneó un cuerpo de 1.000 hombres para aplastar las comunidades de Baza y Huéscar (19).

    Sea como fuere, la labor del infante en Valladolid le valió el reconocimiento regio, materializado en dos cosas: en primer lugar el matrimonio de su hija Dª Magdalena de Granada con el nieto del rey de Portugal, D. Luis de Alencastre, Gran Maestre de la Orden de Avis, hijo del duque de Aveiro, noble filohispano (20). En segundo lugar, su designación como gobernador del reino de Galicia, tierra en la que tenía algunas rentas. Durante su gobernación gozó de la total confianza del emperador, desarrollando importantes reformas en la audiencia gallega, todas ellas tendentes a insertar definitivamente el poder central contra la reacia nobleza, alineada con las comunidades (21).

    D. Juan de Granada tuvo larga descendencia, pues, a la muerte de su esposa, casó en segundas nupcias con D.ª María de Toledo y Monzón, dejando de ambos enlaces larga progenie (22). El hijo mayor fue D. Juan de Granada, Caballero de Santiago que enlazó con D.ª Beatriz de Velasco y Mendoza, hija del virrey de Méjico y de D.ª Juana de Castilla (23). Por esta última, su esposa era nieta de D. Sancho de Castilla, noble cuyos señoríos estaban en el reino de Granada, concretamente la villa de Gor y la taha de Alboloduy (24). El primogénito de D. Juan no dejó descendencia, por lo que todos sus derechos dinásticos pasaron a su hermano.

    D.JUAN Y D.HERNANDO DE GRANADA Y MENDOZA EN ITALIA

    Al morir su hermano sin descendencia, D. Gerónimo Bernardino de Granada y Sandoval se convirtió en la cabeza familiar. Estaba casado con Dª Cecilia de Mendoza, hija del conde de Castro, D. Carlos de Mendoza, hermano del Adelantado de Galicia, D. Diego Hurtado de Mendoza. Este enlace lo adscribía a la nobleza gallega representada por la casa de Ribadavia e, igualmente, lo conectaba nuevamente con la nobleza granadina, puesto que un tío de su esposa era D. Enrique Enríquez el de Baza, por matrimonio con D.ª Francisca de Sarmiento (25). D. Bernardino sólo dejó dos varones: D. Juan y D. Hernando de Granada Mendoza, nacidos a finales de la década de los años treinta o primeros de la siguiente. Muerto casi al nacer sus hijos, todos los derechos dinásticos de D. Bernardino recalaron en el mayor de la casa, D. Juan de Granada. Ambos infantes se educaron en Alcalá de Henares y anduvieron por la corte en Toledo, mientras que su madre -ya viuda- permanecía en Valladolid (26) . Será en la ciudad imperial del Tajo donde ambos hermanos -especialmente D. Juan- entablen amistad con un soldado, Antonio Sánchez. Como él mismo dice:
    [...] en Toledo le començe a conosçer, porque ally le dy leccion de la scrima” (27) . Esta relación se mantendrá muy estrecha con el paso de los años, como más adelante veremos.

    A mediados de los años sesenta, coincidiendo con el nombramiento del duque de Alburquerque como gobernador de Milán, D. Juan marcha a su lado, quedando entretenido como asistente con un sueldo de 20 escudos. Tiempo después -en pretensión de hacer igual carrera- le sigue su hermano D. Fernando, quien, alrededor del mes de noviembre o diciembre de 1568, embarca en Cádiz en un galeón de Benito Rodríguez y desembarca en Liorna (28) , entrando a servir en la guarnición de Asti bajo el mando del capitán Gonzalo de Salinas. En tierras italianas ambos hermanos disfrutan de las amistades de los mejores generales del momento, entre ellas la de su paisano D. Luis Quijada, señor de Villagarcía, persona de total confianza de la casa real como tutor de D. Juan de Austria (29) .

    Junto con la más alta nobleza, los infantes gustan de otras amistades menores. Por ejemplo, en este tiempo los hermanos vuelven a coincidir con su profesor de esgrima, Antonio Sánchez, quien se encuentra destacado en Milán. La antigua amistad se refuerza muchísimo, especialmente con D. Juan, como comenta el propio soldado
    [...] despues viviendo yo en Milán le hallé en él aquí, donde he estado en su compañía dende que vine habrá un año, y por ser mi amigo me dava una cama en la estançia donde estava (30).

    Corre el año 1567 y otra amistad, esta vez más peregrina, es fundamental en la vida del infante: la relación que en Plasencia comienza a tener con un soldado llamado Chaves, también destacado como él en esta plaza italiana. La característica que destaca al soldado es que
    [...] él estuvo en Constantinopla esclavo mucho tiempo, y que se escapó de allá él y otros en una fregata, y estando don Juan en Plasencia le halló ally en el castillo, que servía de soldado (31) .
    La amistad del biznieto de Muley Hacén con una persona que había estado "mucho tiempo" en la capital del imperio turco -enemigo mortal de España- sí era motivo de alerta. Entre otras razones porque la experiencia decía que gran parte de los cristianos que cayeron en manos turcas perdieron de su fe y se convirtieron en musulmanes, ingresando así en el grueso número de "renegados". Unos renegados -dicho sea de paso- que en muchos casos volvieron a sus tierras de origen y sirvieron de espías para la Sublime Puerta (32) . ¿Acaso es descabellado pensar esta posibilidad? Desde luego para el gobernador de Milán no pasaba desapercibida.
    Pese a la distancia, la comunicación de los hermanos con España es fluida, no sólo por sus propias idas a la Península sino por la constante correspondencia con su madre, cartas en [...] las quales contenían cosas entre padres e hijos y que nos embiavan nuestros terçios acostumbrados (33).
    Junto a estos dos medios, algunos compañeros de armas que vuelven a la Península también ayudan a transmitir información fresca. Una de aquellas noticias era la inquietud que en 1568 tenía D. Juan por volver a España, aludiendo para ello diferentes causas. La más expresada ante D. Beltrán de la Cueva era visitar a su esposa, pues, como advierte su propio hermano, [...] tenía entendido gustar a su excelencia y holgarse que se fuesse, por yr como yva a su casa a casarse y hazer vida con su mujer, que no lo contrario. Ymaginándome yo ésto, entendí que para obra tan buena y sancta, que su excelencia le diera ayuda y favor (para partir a España) y se lo aconsejara y mandara por fuerça, por ser su excelencia tan cristianíssimo como es, por haver estado tanto tiempo sin juntarse con su mujer (34).

    Corría el último trimestre del año 1568, fecha clave para el reino de Granada y aun para esta peculiar familia, como ahora veremos.

    II PARTE
    LOS HECHOS:LA REBELIÓN MORISCA DEL REINO DE GRANADA

    EL ALZAMIENTO DE LAS ALPUJARRAS Y EL BIZNIETO DEL REY MULEY HAZEN


    El hijo mayor de la dinastía, D. Juan de Granada, a la altura de 1569 era descrito por los italianos como un [...] moço de edad de 25 años, con poca barba, grande de cuerpo [...](35).

    Todos coincidían en que [...] éste era -a my parezer- cavallero y la cara lo denotava modo de venticuatro años, barba roxa, hombre delicado, de buena estatura”36 . Aunque alguno lo hacía de más edad: [...] era mançevo blanco con poca barba, roxa, de çerca de treinta años (37).
    .
    En suma, hombre joven, entre 25 y 30 años, de buena estatura, tez blanca y pelirrojo. Desde muy joven había casado con D.ª Juana de Castilla y Acuña, hija de D. Alonso de Castilla y D.ª Inés de Acuña. Durante sus servicios en Italia, la esposa queda en Valladolid, aunque es visitada con cierta regularidad por D. Juan. No obstante, a finales de 1568 el matrimonio se verá afectado por la sublevación de los moriscos del reino de Granada, pues tal evento era evidente que les atañía grandemente.

    No sabemos si los moriscos granadinos pensaron en el nieto mayor del príncipe Nazarí como su rey, pero las circunstancias lo rodearon para que fuera el punto esencial de una increíble historia. Las disensiones entre los sublevados por encontrar una cabeza que los uniese no escapaban al análisis de la monarquía hispana y, desde luego, aún menos las observaciones sobre la legitimidad potencial del infante de Granada. En la mente de los granadinos todavía estaba impresionado el primer momento de la pascua de 1568, cuando El Albaicín se negó a abrir las puertas a Farax ben Farax, quien les demandaba su apoyo para coronarse. Aún en el mes de enero de 1569 la ciudad de la Alhambra recibía noticias desconcertantes sobre las enormes disputas que en Beznar protagonizó este morisco tintorero con los Valoríes alpujarreños, por coronar como rey al hijo de D. Antonio de Córdoba y Válor (38). La razón era descender de los califas de Córdoba (de ahí el apellido de la ciudad de la mezquita), quien acabó coronándose con el nombre de Muley Mahamete aben Humeya (Omeya) (39).

    No sabemos cuándo pudo llegar la noticia del alzamiento a Italia, pero da la coincidencia que D. Juan de Granada expresa al duque de Alburquerque su interés por ver a su mujer en la fecha de la sublevación. D. Beltrán de la Cueva se niega a algo que antes le agradaba. En los primeros meses del año 1569 D. Juan vuelve a intentarlo, aduciendo esta vez la necesidad que tiene de curarse en su tierra de una enfermedad. El gobernador de Milán reitera su negativa.

    Desde España, Dª. Cecilia de Mendoza -siempre atenta a los sucesos granadinos- no dudó en los primeros meses de 1569 en enviar cartas a sus hijos para informarles de la sublevación y rogarles que no se moviesen de Italia. El consejo materno especialmente se acentuaba con su hijo mayor, pues si bien él estaba enfermo y deseaba volver a la casa familiar
    [...] ella le havia escrito que estando muy malo, como él le dezia, se podía partir por amor de la salud, aunque de otra manera se holgava más que estuviesse fuera de Spaña mientras durava lo de Granada (40).

    Entre tanto, el alzamiento morisco continuaba conformándose, siendo la organización de sus cuadros de mando la que interesaba en aquel momento. Mientras que en el sector occidental alpujarreño la figura de Aben Humeya adquiría predicamento, en otras regiones del reino aún se dudaba de él. En efecto, había grandes sectores moriscos que seguían desconfiando de la familia Umeya y preferían decantarse por la familia real nasrí. Bien es cierto que los únicos miembros que podían tener a la mano era la línea destronada del infante Çidi Yahya al Nayar, a quien en la figura de D. Alonso Avis Granada-Venegas los moriscos de la zona oriental de Almería le ofrecieron la corona de sus antepasados; toda vez que a un pariente suyo, D. Alonso de Bazán Hazén, también se le ofertó el cargo de general (41). En suma, la falta de un líder nato para la rebelión morisca era vox populi.
    El escaso consenso para entronizar a un rey de los moriscos seguía inquietando a la viuda de D. Bernardino de Granada. Por ello, a finales del primer trimestre de 1569 volvía a reiterar su convicción de advertir a sus hijos que se mantuvieran en Italia. Su comunicante esta vez fue un compañero de ambos hermanos, el capitán D. Alfonso de Villarroel, quien de paso para su tierra visitó en Valladolid a D.ª Cecilia de Mendoza. En aquel encuentro esta dama expresó al militar el enorme riesgo que rodeaba la vuelta de su primogénito:
    [...] porque le dezian que los moriscos de Granada buscavan a otros que eran menos parientes de sus hijos para hazerlos cabeça, lo qual me dixo la dicha señora el mes de março passado quando yo bolvia en Italia, diziéndome, sy bien me acuerdo, que yo lo dixesse assy a don Juan, su hijo, paresçiendole que hasta que lo de Granada fuesse acabado estarían bien por acá en Italia, y assy yo luego que llegué a Milán lo dixe al dicho don Juan, y él me dixo entonçes que holgava de hallarse por acá, y que quando se hallara en España fuera para servir a su magestad (42).

    Pese a que Villaroel comunicó con D. Juan, éste seguía empeñado en volver a España. En estos delicados momentos aparece de nuevo la figura del soldado Chaves, quien se desplaza de Plasencia a Milán al lado del infante. Como comenta D. Hernando de Granada, pese a tener una curiosa biografía, la estancia con su hermano nada tenía de particular, pues
    [...] Chaves era soldado en el dicho castillo de Plasençia, y de ally le truxo my hermano por ruegos que le hizo que le llevasse en Spaña. Y particularmente lo que oy dezir es que él fue esclavo en Constantinopla muchos días, y después él y otros cristianos levantaron una fregata o bergantín en que se salvaron, habrá como quatro o çinco años, de lo qual llevava sus fees y recaudos. Y por ser hombre pobre y no tener con que yr a Spaña para dar quenta a Su Magestad de este serviçio rogó a my hermano le llevasse consigo (43).

    UN DESEO IMPOSIBLE: LA MARCHA DEL INFANTE A ESPAÑA.

    Durante el primer trimestre de 1569 -y pese a los ruegos contrarios de su madre- D. Juan de Granada no deja de pedir a D. Beltrán de la Cueva el permiso para marchar a España, recibiendo siempre la misma y taxativa negativa. A finales de la primavera de 1569, un nuevo hecho pone sobre aviso a las autoridades españolas del Milanesado. Así declaraba en agosto el Auditor General de Guerra: [...] en el presidio de Aste fue preso pocos meses ha un turco por la sopecha que se tuvo de que venía con algún tratado,
    [...] que el dicho turco está todavia preso y que por lo que contra él resulta se le han dado diversos tormentos, y que entre otras cosas que ha confessado ha dicho que haya çiertas comissiones de algunos moros de Spaña
    (44).

    En realidad era un renegado cristiano de Palermo que fue capturado el 24 de mayo de 1569 y de su confesión se supo que se llamaba Francisco Mariano y era hijo de Francisco de Calabria y Magdalena de Túnez. Su interrogatorio lo mantenía en secreto el gobernador de Milán (45). Mucha coincidencia era que en torno a los infantes recalasen personajes vinculados a los otomanos: primero, la amistad de D. Juan con el soldado Chaves. Segundo, un renegado al servicio del Gran Turco aparece en el presidio que sirve D. Hernando. Para Alburquerque todo ello era algo más que suerte...
    ¿Acaso los moriscos granadinos querían contactar con D. Juan de Granada a través de los turcos? Las fechas desde luego son coincidentes con la reactivación de la guerra que Aben Humeya planteaba a través de los otomanos. Desde marzo su hermano Luis de Válor, conocido como Abdallá Humeya, era embajador en Argel y más tarde en Constantinopla, si bien sus tratos no son del todo conocidos (46). Las relaciones entre turcos y moriscos a lo largo de la primavera se materializaron en el verano con un importante pacto a través del gobernador de Túnez (47). Entre los acuerdos alcanzados se encontraba la ayuda militar otomana en armamento y asesores militares (48). ¿Habría que conectar el apresamiento del renegado en el presidio de Asti con una nueva estrategia morisca?.

    Como reconocía Felipe II a finales de noviembre al duque de Alburquerque, el renegado capturado en Asti advertía la relación entre los cristianos nuevos de los reinos de Granada y Valencia, peligrosa bolsa de moriscos que -caso de sublevarse- ponía en serio aprieto a las tropas reales (49). La información del prisionero permitió comunicar a los capitanes generales de ambos reinos que tomasen medidas extraordinarias, así como a D. Luis de Requesens, pues
    [...] se ha analizado lo que dijo el moro en Haste y, aunque tiene tan bariable que se puede tomar poco fundamente dello, todavía por lo que dize del trato que tuvo con aquel morisco veynticuatro de Xativa y con otros de Granada, me ha parecido avisar de ello al ilustrísimo D. Juan de Austria, mi hermano, y al Conde de Benavente, para que lo tengan entendido y hagan la diligencia necesaria, y también al Comendador Mayor, para que sepa del moro que es de la galeras de Guillem de Rocafull (50) .
    Con el renegado preso en Asti y sus preocupantes declaraciones, las ansias de D. Juan por marchar a España aumentaban. Con ellas Alburquerque extremaba su vigilancia y, por supuesto, su negativa a la partida. Las conversaciones entre D. Beltrán de la Cueva y D. Juan de Granada quedan resumidas perfectamente así:
    [...] su excelencia le dixo que no le conbenia yr a Spaña estando las cosas de Granada en los términos que están, sin dar quenta al señor Luis Quixada. Y que respondiendo el dicho don Juan que Luis Quixada estava lexos del rey. Que el duque le dixo que escriviese a algún amigo suyo en la corte. Y que don Juan respondió que no tenía amigo. Y replicándole el duque que los de su casa hazian este offiçio y assi mesmo su excelencia escriviría por él a quien don Juan quisiesse y que lo pensasse y otro dia dixesse a su excelencia lo que en esto quería hazer, para que lo favoresçiere y ayudasse con ello (51).
    Era evidente que el infante sabía que su amigo y paisano, D. Luis Quijada, estaba al lado de D. Juan de Austria en Granada, pues -como comenta el cronista Luis del Mármol.
    [...] a 6 días del mes de abril partió don Juan de Austria de los jardines de Aranjuez, donde había ido a besar las manos a su magestad y a despedirse para proseguir su camino, llevando consigo a Luis Quijada; y tomando postas por jornadas moderadas, llegó en seis días a la villa de Hiznaleuz (Iznalloz), que está cinco leguas de Granada (52).

    Por las mismas fechas que entraba su paisano Quijada en Granada, el infante tenía conocimiento -como el resto de la población italiana- de la movilización de los tercios para la guerra de los moriscos. El aludido cronista debió venir con el primer contingente, concretamente en las compañías de Piamonte, Nápoles y Lombardía, las cuales desembarcaron con D. Luis de Requesens en tierra peninsular a últimos de mayo 53 . Pese a la más rotunda realidad, el gobernador de Milán seguía negando lo evidente. ¿Qué podía pensar D. Juan de Granada ante lo innegable? ¿Cómo se atrevía a decir al gobernador de Milán que no conocía a nadie para escribir, cuando en su genealogía aparecían apellidos de rancio abolengo como Sandoval, Velasco o Mendoza?.
    Italia entera sabía de la guerra de los Moriscos, pero los virreyes, gobernadores y embajadores españoles destacados en la península apenina respondían al mismo patrón estratégico: la rebelión era pequeña e insignificante, estaba a punto de concluirse y no merecía la pena desplazarse a España. Un ejemplo meridiano es Fernando Gonzaga, marqués de Castiglione, quien, enterado en esta población cercana a Milán del alzamiento morisco, pretendía servir al rey. El propio gobernador de Milán con una admirable diplomacia volvió a negar lo evidente, resumiendo perfectamente en fechas posteriores al rey la política seguida en los estados italianos con respecto al tema granadino:
    [...] convendría mucho, más si fuesse possible, que ningún hombre Bella (Italia), en esta occasión ni en otras, pasasse a Spaña, pues, bolviendo por acá, son éstos los que más daño hazen con su naçion, que toda es de la calidad que por otra he dicho a Vuestra Magestad (54).

    Era lógico que admitir la debilidad española en su propio territorio sólo podía traer, cuando menos, problemas. Máxime cuando desde la primavera de 1569 Felipe II había ordenado a su embajador ante Pío V que restableciese con Roma la organización de una coalición antiotomana (55). ¿Era consciente D. Juan de la alta política regia? ¿Qué estaba pasando en el reino de Granada para tanta negativa del gobernador de Milán? ¿D. Juan no podía haber hecho sus propias cábalas sobre la situación granadina? ¿Qué sabía el infante sobre toda la situación mediterránea?.

    Sólo escapaban a la cerrada salida española algunos nobles italianos de indudable fidelidad. Un caso era el genovés Pelegrán Doria, quien acompañaba a D. Juan de Austria en su campaña granadina y que en la toma de Galera se hizo famoso por el disparo que sufrió, siendo merecedor de citas de los cronistas de la guerra: [...] a Pagán de Oria, hermano del príncipe Juan Andrea de Oria, de otro (disparo) que le pasó los dos muslos (56).

    PARTE III.
    LA TRAMA

    LOS
    PREPARATIVOS PARA LA HUIDA A ESPAÑA


    A finales de julio de 1569 D. Juan de Granada tiene decidido marcharse a España, y aprovechando la ida de Antonio Sánchez a Asti para cobrar su paga, le rogó que hablase con su hermano. De la entrevista entre ambos amigos, D. Hernando reconoce que [...] él me dixo de parte de my hermano como se quería yr en Spaña, y esto me lo dixo a boca, trattando conmigo algunas cosas particulares (57). No sabemos más, aunque conocemos el interés de D. Juan de Granada por charlar personalmente con su hermano. Está decidido a marchase a España, sea como sea.

    En la misma fecha y con idéntico motivo que Sánchez, viajaba a Asti Salcedo, criado de D. Juan, quien entregó a su hermano una carta. Como reconoce D. Hernando de Granada,
    [...] lo que contenia la dicha letra es que, vista aquella, partiesse para Milán, porque estava determinado yrse a Spaña y pedir a su excelencia me diesse su plaça o me entreteniesse conforme a la calidad de my persona. Y en deffetto que su excelencia no tuviese quenta dehazerme merced, me fuesse con él (58).

    Para evitar problemas, la misiva la mostró el infante a su alférez Ruy Gómez y a D. Rodrigo de Castro [...] lo uno por darles parte de mis negocios, lo otro por venir en la carta encomendadas para ellos (59).
    ¿Querían ambos hermanos de alguna manera evitar sospechas de su encuentro en Milán? ¿Tal vez hicieron ver otra cosa?
    A principios de agosto D. Hernando de Granada se desplaza a Milán para encontrarse con su hermano, advirtiendo la negativa de D. Beltrán a permitirle marchar y concederle la sustitución de la plaza. D. Juan debe explicarle sus planes para irse a España y le insta a que le acompañe. D. Hernando de Granada comprende a su hermano pero no se marchará de Italia. Luego dirá a las autoridades españolas que [...] es verdad que él me escribió que quería yr luego en Spaña y con toda brevedad, pero no dezia secretamente. Y dezía que era para effetto de disponer y tratar de los negoçios de su hazienda (60).
    ¿Era esto verdad o, por el contrario, es lo que D. Hernando debía o pretendía decir? Para D. Hernando, la celeridad en la marcha de su hermano era disponer sus asuntos económicos, pues según las declaraciones de varios testigos se advierte que D. Juan de Granada no se encontraba muy boyante. A esta apreciación se suma las de sus criados: Antonio Sánchez advierte que los problemas de liquidez de D. Juan obligaban al secretismo, [...] por temor de sus acreedores no le impidiessen la yda, porque entendiendo que él se querría partir, como yalo havia publicado, venieran muchos a demandarle sus créditos (61).

    Simón de Mucis, responde lo mismo:
    [...] yo le havia oydo dezir otras muchas vezes que quería hazer aquel viaje a effetto de casarse, [aunque] antes me suspeché que [....] me ymaginé que huviesse venido a my casa porque sus acreedores no se fatigasse 62) .
    ¿Quiénes eran estos banqueros que tanto angustiaban a D. Juan? Según su criado,
    [...] los mercaderes que le davan dineros eran los Negrones, los quales solían estar en la calle de San Pedro Lorto, y que agora están junto al Cavallero Aretin, y que assimesmo le dava Peligro Doria, el qual está a San Lorenço, la vía por donde era de Spaña (63).

    Si el infante no tenía dinero, ¿cómo podía partir a España? En principio D. Juan pensó en viajar junto al conde de Cifuentes, quien preparaba su marcha a España. Al fin y al cabo el aristócrata entraba dentro de la parentela familiar del infante (64) , además de ser amigos desde que ambos residieron en Alcalá de Henares. De aquel ruego del infante, [...] el Conde le respondió que haviendo buen passaje yría luego. Y de otra suerte que no pensava yr hasta tanto que escriviesse el señor Ruy Gómez le enbiasse una galera, o dos, para su passaje”.
    Por lo que quiera que fuese -tal vez la lentitud de Cifuentes- hace que D. Juan cambie de parecer, pues [...] dixo que determinava yrse y passar en lo que hallasse. Y en defetto de no hallar passaje yr en una fregata, o en la primera cosa que hallase
    (65).

    En la búsqueda de un nuevo transporte, nuestro personaje parece que se decide por una fragata tierra a tierra, argumentando la negativa a partir con Cifuentes
    [...] porque no dixesse que se yva en compañía del conde porque le hiziesse el gasto (66).
    El medio ya estaba solucionado, ahora quedaba costear el pasaje. La falta de liquidez la resolvió el infante contactando a últimos de julio con el banquero Antonio María Vivaldo. El interlocutor elegido ante Vivaldus fue un oficial del duque de Alburquerque, Martín de Alvelda, quien [...] con larga arenga me rogó y importunó que yo le acomodasse de dozientos escudos a cambio para Spaña, que allende me quedaría en grandíssima obligación y me daría por seguridad algunos gentiles hombres españoles en quien yo me contentasse (67).

    El dinero se entregaría cuando lo pidiese D. Juan. Resuelto el último problema a principios del mes siguiente, la partida a España se fija para la madrugada del domingo 15 de agosto. El día antes D. Juan recibe del banquero Vivaldi 200 escudos
    [...] a cambio de otros tantos que le ha de dar en Madrid a Lorenzo de Spinola, con más el cambio. Y estos dineros le dio el sabado de mañana, el día antes que se partiesse (68). Es curioso que en la trama financiera para sufragar el viaje de D. Juan se encuentre Peligro Doria, banquero genovés que -como hemos visto en el apartado anterior- tiempo después acompañaba a D. Juan de Austria en su campaña contra los moriscos. El mismo que presionaba al infante por deudas. Con el dinero en el bolsillo desde la mañana, D. Juan de Granada tiene vía libre para su proyecto. Por la noche charla con su hermano, quien se había trasladado de Asti a Milán a su solicitud, momento en el que ambos charlaron a solas. De aquella conversación todo parece indicar que el gobernador de Milán desconocía la marcha, razón por la cual no quiso pedirle su sustitución en la plaza. Según dijo después D. Hernando de Granada, su hermano le rogó que al día siguiente se entrevistase con el duque de Alburquerque y le comunicase su partida a España. Tras despedirse de su hermano, D. Juan huye del palaçio del gobernador.

    EL INTENTO FRACASADO DE HUIDA

    La noche entre el sábado 14 y el domingo 15 de agosto es intensa; mientras que D. Juan de Granada habla con su hermano, su equipaje está siendo trasladado a otro sitio: [...] hizo enbalisar la ropa que tenía en palacio de su excelencia en dos baules, los guales hizo llevar fuera (69).
    Se trataba de la casa de su criado Simón de Mucis, quien describe perfectamente el desarrollo de las horas siguientes: [...] don Juan havia ydo a su casa de tres horas de noche, con un paje y dos faquines que llevavan dos caxas y que avia dormido ally (70).
    Amaneció, pues, el palacio del gobernador de Milán sin el infante de Granada.

    Tras dormir unas horas, el domingo 15 de agosto es bastante movido en casa de Simón de Mucis. Por la mañana D. Juan le entrega dinero al criado para que compre comida y busque caballos para su partida, quedando solo en la vivienda. Entre tanto llega a la misma su amigo Chaves, aquél que residió en Constantinopla. A solas conversan, nada se sabe de lo que hablaron. De vuelta, Simón de Mucis anuncia al infante los problemas que hay para encontrar caballos, es domingo y víspera de la virgen: [...] despues de haver comido el dicho don Juan en compañía de Chaves, mandó a este confesante que fuesse a llamar a Antón Sánchez y assí mermo a buscar cavallos o coche para su partida (71).

    Nuevamente quedan solos en la casa D. Juan de Granada y Chaves. Se desconoce la conversación mantenida. A las seis o siete de la tarde llega Antonio Sánchez a la casa -ya no está Chaves- y [...] después de haver hablado con él de cosas, como se suele entre los amigos, se partió (72).
    Eran las 8 de la tarde y acompañaban al infante, además de Simón de Mucis, "dos faquines que le llevaban la ropa hasta la primera hostería fuera de Milán que va a Binasco, en compañía de Antón Sánchez y Salçedo y Jerónimo, sus criados que acompañaban" (73).

    Llegados "antes del Ave María" a la Hostería La Briosca, a las afueras de Milán y en el camino a Binasco, surge el primer percance del proyectado viaje. Al demandar el infante caballos, el dueño de la hostería, Pedro Ferrari, "le respondió que no tenía cavallos y después de haverle dado de bever a él y a los demás que venían en su compañía, siendo venidos a caso çiertos molineros con dos mulos, se concertó con ellos que le llevassen las valisas y ropa hasta la hostería del Molino Nuevo" (74). No pudo conseguir más el infante, por lo que "se fue a pie el dicho don Juan hazia Binasco, haciendo llevar su ropa en dos mulos de un molinero" (75). Aquí se despiden Antonio Sánchez y Simón de Mucis, siguiendo solo D. Juan y sus dos criados.

    De todas formas, en la ruta entre la hostería La Briosca y el Molino Nuevo, D. Juan cambia de idea y se vuelve a Milán. Quedan en camino el molinero, llevando el equipaje, siguiéndole los criados del infante a pie. ¿Era premeditada esta vuelta? ¿Fueron sólo las circunstancias las que obligan a cambiar de planes?

    EL ENCARCELAMIENTO DE D. HERNANDO DE GRANADA

    Mientras D. Juan huía durante el domingo 14 de agosto, su hermano no hacía nada por comunicar con el gobernador, según él decía que habían acordado. Muy al contrario, [...] aquel día estava en casa del médico, curándome y pensando que venía presto para poder hallar a su excelencia, (si bien) no huvo lugar por ser tarde. Y ansy hablé al señor don Beltrán de la Cueva y le dy un recado de parte de my hermano y dexava para el lunes el hablar a su excelencia (76).
    Llegada la nota al gobernador, el duque de Alburquerque -en previsión de posibles consecuencias- ordena encarcelar a D. Hernando de Granada. El infante se encontraba cenando en casa del maestro Viçenço. A las 11 de la noche entró en casa del médico el capitán de caballos ligeros Ulibarre, informando a D. Hernando que debía acompañarlo al palacio del gobernador.
    En las habitaciones del duque le espera el capitán Carvajal, el cual lo traslada a las 6 de la mañana del día 16 de agosto al castillo de Bragassa, donde fue entregado al castellano para su prisión.
    El mismo 16 de agosto comenzó el interrogatorio a D. Hernando de Granada. Curiosamente en todo momento negó haber recibido cartas de España en las que se anunciase la rebelión de los moriscos, algo imposible de creer por las declaraciones públicas que hacían su madre y amigos. Igualmente daba a entender que nunca tuvo conocimiento de morisco alguno en Asti, pese a estar destinado en aquella guarnición. De igual modo no pensó que la marcha de su hermano fuera una huida. En fin, todo eran sospechas de primer orden, máxime cuando el servicio secreto español conocía la actividad turca a favor de los moriscos y su proyectado avance por el Mediterráneo a costa de la rebelión granadina (77).



viernes, 16 de noviembre de 2012

Mundūŷar Mondújar. El Castillo de Mondújar es una fortaleza de época musulmana tardía, situada sobre un cerro elevado, llamado del Castillejo, junto al actual pueblo de Mondújar, municipio de Lecrín (provincia de Granada). Está situado a 879 m de altitud, con planta poligonal irregular, permaneciendo aún en pie varios lienzos de muros, especialmente en sus lados norte y este, realizados en mampostería, utilizando los cortados existentes entre las rocas para cerrar el espacio interior. En la zona noroeste se encuentran restos de una torre trapezoidal, en cuyo interior se conserva el acceso original al castillo, con puerta de doble recodo en rampa, con obra en ladrillo y mapostería, y con diversas ventanas y cinco saeteras, posiblemente de época cristiana. Existe en el interior un gran aljibe, con lados de 7,40 x 7,48 x 4,77 x 4,12 metros, con restos de la arcada de la bóveda de ladrillo y del brocal. Se perciben, además, un gran número de restos de distintos habitáculos, algunos con bóveda

En 1925 aparecieron las 70 tumbas vacías de los reyes en la Alhambra

Las grandes dinastías reales que han pasado por la Península Ibérica han elegido monumentos significativos para ellos a la hora de elegir sus túmulos funerarios, siempre próximos a sus centros de poder o a sus propiedades personales. Así ocurrió hasta el levantamiento del panteón real de El Escorial, donde reposan todos los reyes de la España unificada a partir de Carlos I. Los reyes, reyezuelos y régulos de anteriores dinastías reposan en sepulturas sembradas a lo largo de infinidad de monasterios, iglesias y conventos.
La Alhambra de Granada también cumplió en su tiempo la misión de panteón real de la dinastía nazarita, que gobernó al-Āndalus durante casi tanto tiempo como los actuales Borbones, entre 1237 y 1492. Los Naşr, aquella importante familia hispano-árabe de la Edad Media, aportó 22 monarcas al Reino de Granada durante dos siglos y medio largos.
La historia escrita y comprobada nos cuenta cómo a finales de 1491, el Reino de Granada negociaba su capitulación ante el poderío de Isabel y Fernando. La debilidad y el aislamiento de la monarquía nazarí desaconsejaban resistir con las armas; ya sólo quedaba la firma de una rendición lo más honrosa posible para un pueblo agotado por las guerras. Boabdil, que reinó como Mohamed XII, firmó una capitulación general de su reino y otra personal para él y su familia. Hacia el 25 de noviembre de 1491, Boabdil daba por bueno el texto que le presentaban; a la familia real granadina se le concedían unas tierras, una especie de señorío, en Andarax, extremo almeriense de La Alpujarra, además de respetársele algunas posesiones de origen familiar en el Valle de Lecrín, alhajas, muebles, telas, sirvientes, etc.
Durante los meses de noviembre y diciembre de 1491, Boabdil había ordenado exhumar secretamente a todos sus antepasados del cementerio real de la Alhambra, la Rawda, para depositarlos en un lugar que, según él pensaba, iba a quedar en tierra bajo su dominio; los secundaron sus parientes más cercanos.
El lugar elegido fue la alquería de Mondújar, una zona de propiedad familiar por vía materna, precisamente a los pies del castillo que pocos años atrás eligió su propio padre, Muley Hacén, para retirarse una vez derrocado por su propio hijo; era muy probable que Muley Hacén, muerto hacia 1487, ya estuviera enterrado en tierras de Mondújar. A Andarax se dirigió Boabdil a comienzos del mes de enero de 1492 con toda su familia y una corte de sirvientes, donde pensaba vivir alejado de todo poder político.
El lugar elegido por los Reyes Católicos para el "destierro" de Boabdil fue seleccionado estratégicamente, es decir, lo suficientemente alejado de la capital, lo suficientemente alejado del mar y lo suficientemente poblado (unas 7.000 almas en todos sus nuevos dominios). Allí llegó con Moraima, pero sin sus hijos Yusuf y Ahmed, a quienes los nuevos reyes de Granada retuvieron todavía unos meses en calidad de rehenes.
La felicidad de la pareja de monarcas desterrados, Boabdil y Moraima, debió durar menos de medio año en la localidad de Andarax, pues se tienen noticias de que uno de sus hijos murió por entonces, nada más serle devuelto por los Reyes Católicos.
La infelicidad se iba a cebar aún más con el Rey Chico el 8 de julio de 1493, fecha en que decide abandonar definitivamente España; ese día es la fecha de la última carta autógrafa de Boabdil, dirigida a los Reyes Católicos y conservada en el archivo de Simancas, aceptando la venta del señorío de Andarax y su decisión de pasarse a África. Parecía que ya nada le ataba a la tierra de sus antepasados. La reina Moraima debió fallecer antes del 28 de agosto de 1493, pues en esta última fecha escribió una carta Hernando de Zafra a los Reyes Católicos en la que le daba cuenta de que Boabdil había enviudado y tendría menos inconveniente para abandonar el Reino: "La mujer deste Muley Baubdilí, murió, y creo que aprovechó su muerte para el servicio a Vuestras Altezas, porque su dolencia daba algún embarazo a la partida del Rey: agora queda más libre para lo que ha de hacer".
Antes de que finalizara el verano de 1493, Moraima quedaba enterrada en el cementerio de Mondújar envuelta en un sudario de color blanco sin coser en cabeza ni pies. Suponemos que fue la última persona regia de los nazaritas sepultada allí; no hay referencia a que su hijo, fallecido unos meses antes en Andarax, también fuera trasladado aquí para que recibiera sepultura. En aquel enterramiento estuvieron presentes su rey viudo, su otro hijo, alcaides, mayordomos y varios sirvientes, como así lo atestiguaron varios documentos
Existen varias referencias escritas que autentifican el Mondújar granadino (existe también Mondújar de Santa Fe, en Almería) como lugar del segundo enterramiento de la familia real nazarí tras la toma de Granada. Las más importantes son sin duda las que contienen el Libro de Apeo y Repartimiento de Mondújar, con deslindes fechados en 1547, 1572 y 1593. Vecinos, conocedores y escribanos declaran que Mondújar tiene en la ladera del Cerro del Algarrobo (actual barriada del Cerrillo) un macáber en que fueron enterrados los reyes de Granada. En la referencia de 1547 se dice textualmente: "Un macáber grande de seis marjales poco más o menos por abrir que alinda con haza de Diego Aguilar y con Haza de Diego Escobar… donde dicen que están enterrados los Reyes Moros de Granada". En aquel deslinde actuó el alguacil de Mondújar, llamado Fernando Auldulbiri, quien se ofreció a señalar el lugar donde estaban enterrados los reyes y Moraima. Seguidamente declaró Isabel Nihiriza, esposa de Mahomad Almeyres, quien fue mayordomo de la reina Moraima, y cuenta cómo fue el reparto de los bienes de su ama con especial cuidado en una manda para que el alfaquí fuera a rezar dos veces por semana sobre su tumba y la de los otros reyes āndalusīes. La propia Isabel Nihiriza declaró que vio traer el cuerpo muerto de la reina "en un arca o en un ataúd y la vido enterrar en un haça adonde estauan enterrados otros reyes moros que los auían enterrado en Granada y después los troxeron a enterrar allí do la dicha rreyna se enterró después". Otro de los testigos de aquel deslinde reitera que Boabdil enterró a su esposa "donde primeramente auían sido enterrados y sepultados otros reyes moros predeçesores y parientes de la dicha rreyna".
En 1549 es Jusepe de Herrera quien va a relatarnos por qué estaban enterrados en Mondújar los reyes de Granada: "Están enterrados al pie de la dicha fortaleza (habla del castillo de Mondújar), en una haça que se llama la rrauda, todos los cuerpos de los rreyes moros que fueron de granada al tiempo que fue de moros y después la rreyna horra mora se truxo desde Andarax …" En la Alhambra, todavía a finales del siglo XVI se sabía y se reconocía el lugar que había ocupado la rawda donde tiempo atrás fueron desenterrados los monarcas. Así nos lo cuenta Luis de Mármol al narrar que en 1574 aparecieron unas losas de alabastro (macabrillas) "que parece estaban puestas a la cabecera de cuatro reyes de esta casa".
Quedan, pues, suficientemente referenciadas las noticias acerca del lugar de enterramiento de Moraima y de los reyes de Granada en el viejo macáber de Mondújar. A partir de las sublevaciones mudéjares de 1499-1500, el cementerio musulmán quedó en el olvido por dos causas: la pretensión de los conquistadores de que se abandonase el sistema de enterramiento de los musulmanes para una mayor cristianización de los sometidos y la apropiación por la fuerza de todas aquellas hazas por parte de Pedro de Zafra, hermano del secretario de los Reyes Católicos. Para dar cumplimiento a la necesidad de enterramiento de la población musulmana de Mondújar fue habilitado un nuevo cementerio en la zona de Torna Alta, que funcionó hasta por lo menos la guerra de la Alpujarra (1568-71). En cuanto al viejo macáber musulmán donde se enterró a los reyes, debió seguir funcionando hasta comienzos del quinientos, pues ya en 1509 sabemos por un pleito de la Inquisición que se estaba rellenando de tierra para ponerlo en cultivo por la viuda e hijos de Pedro de Zafra. Las sepulturas de los reyes de Granada en Mondújar quedaron en el olvido durante siglos; sólo la leyenda de los viejos del lugar recordaban que entre la rábita (posterior iglesia) y el Cerrillo habían sido enterrados los reyes de la Alhambra. No volveremos a tener noticia del panteón real nazarita en la Alhambra y su posterior traslado a Mondújar hasta el año 1897. La vieja Rawda alhambreña fue modificada en el siglo XVI por las obras del Palacio de Carlos V y parte de su solar dedicado a casa del cura de la iglesia de Santa María de la Alhambra. En aquella fecha decimonónica, el arquitecto conservador Mariano Contreras redescubrió la Rawda al derribar un cobertizo anexo al Palacio de Carlos V. Incluso Manuel Gómez Moreno, en su Guía de Granada de 1892, incluyó referencia a que habían aparecido cuatro tumbas de reyes moros. Fue otro arquitecto conservador de la Alhambra, Leopoldo Torres Balbás, quien en 1925 inició unos trabajos de restauración en la Rawda nazarí con un resultado sorprendente: localizó más de 70 tumbas vacías. Eran sin duda las fosas que un día ocuparon los monarcas nazaríes y sus familiares; también había otras próximas, pero con algunos cadáveres dentro. La memoria de aquella excavación de Torres Balbás dice lo siguiente: "... En ninguna encontráronse huesos, lo que prueba que la traslación de los restos a Mondújar fue cuidadosa". Fuera de este recinto, aunque próximo a él, nos dio noticias Torres Balbás de la aparición de otras muchas sepulturas, que sí contenían huesos, que debieron corresponder a personas ajenas a la familia real o de no tan alta alcurnia "… y por ello no se transportaron sus restos a Mondújar, o se hizo con poca atención".
Se contaron 22 los reyes que tuvo el Reino de Granada entre 1237 y 1492, pero no todos ellos fueron a dar con sus huesos a la Rawda real. Se sabe que este panteón real comenzó a funcionar a partir de la muerte de Ismail I (1325); se tiene referencia a que sus cuatro antecesores (Muhammad I, Muhammad II, Muhammad III y Nazar) fueron enterrados en otra rawda que había en el monte de la Assabica, frente a la Alhambra, en lo que hoy es el Carmen de los Mártires; también se tiene referencia de que Muhammad V, Yusuf II y Yusuf III fueron enterrados en otro cementerio en la zona del Generalife. Pero nunca se han encontrado sus modestas moradas fúnebres. Así nos lo cuenta, en parte, Ibn Al-Jatib en su Historia de los Reyes de la Alhambra, quien las vio personalmente y anotó las inscripciones de sus macabrillas. Es seguro que los dos últimos reyes de Granada tampoco fueron enterrados en la Alhambra. Muley Hacén se retiró al castillo de Mondújar hacia 1485, tras ser destronado por su hijo Boabdil; su muerte ocurrió hacia 1487 y sobre su lugar de enterramiento se barajan dos lugares: Mondújar y Salobreña (la supuesta tumba en la cima del monte Mulhacén es sólo una leyenda). Y, por supuesto, tampoco Boabdil yace enterrado en lugar alguno de al-
Āndalus.

Restos removidos en 1988 Hasta ahora hemos comprobado, a través de fuentes escritas y de las excavaciones de Torres Balbás, que la mayor parte de la dinastía nazarita estuvo enterrada en la Alhambra hasta 1491, desenterrados sus restos a finales de ese año y vueltos a enterrar en Mondújar. El olvidado macáber real de Mondújar había pasado a ser campo de cultivo durante casi cinco siglos. Se hacía necesaria una intervención de tipo arqueológico para comprobar fehacientemente la veracidad de las fuentes escritas.
La oportunidad llegó a comienzos del siglo XXI. Con motivo de la construcción de la autovía Granada-Motril, las referencias históricas obligaron a efectuar una intervención arqueológica previa que, en este caso, corrió a cargo de Ángel Rodríguez Aguilera y Sonia Bordes. El resultado de su informe está depositado en la Delegación de Cultura. Lo primero que comprobaron los arqueólogos al acotar la zona fue que el macáber musulmán de Mondújar ya había sido removido con anterioridad, concretamente durante las obras de construcción de la vieja carretera de circunvalación de Mondújar. Este hecho había ocurrido en 1988, sin que tengamos noticia de que dicha obra se hiciera con la presencia de arqueólogo o con medidas de tipo cautelar similares. Antes de comenzar la excavación de 2001 se apreciaban tumbas cortadas en el talud superior de la carretera y huesos esparcidos por la cuneta. (hay una extensa colección fotográfica de ello). Fue en las excavaciones que se llevaron a cabo en 2001 para construir la Autovía de Motril cuando se confirmó que sus tumbas fueron removidas en 1988 y los huesos esparcidos, probablemente, bajo el asfalto de la circunvalación de Mondújar. Aquel detallado proceso arqueológico arrojó resultados sorprendentes que venían a confirmar Mondújar como lugar de enterramiento de los reyes de Granada. El primero de ellos fue hallar una complejidad funeraria sin precedentes, muestra seguramente de la influencia que introdujo en su entorno el sistema alhambreño de enterramiento; asimismo, se comprobó una colmatación de este macáber en los años finales del XV, como si de pronto muchas otras personas hubiesen deseado ser enterradas junto a las tumbas reales. Esta práctica se mantuvo hasta los primeros años del siglo XVI, en que fue clausurado el cementerio mudéjar y abierto otro en la zona de Torna Alta en calidad de comunidad morisca o criptomusulmana. En este último caso, el sistema de enterramiento fue totalmente distinto y de unos ritos musulmanes decadentes.
Para el arqueólogo Ángel Rodríguez Aguilera, queda clara la similitud en los sistemas de enterramiento entre la rawda de la Alhambra y el macáber musulmán del Cerrillo de Mondújar. En 2002 fue excavada la zona alta de lo que había sido el cementerio, pero la parte baja, la más cercana a la antigüa mezquita y seguramente la parte noble donde fueron enterrados la mayoría de los reyes de Granada (Moraima reposó inmediatamente detrás de la mezquita), había desaparecido por completo en los movimientos de tierra de 1988. No se pudo profundizar en la investigación de campo: los huesos y las makabrillas estaban ya en el vertedero de tierra.
Tumbas intactas Aun así, fueron escavadas casi 70 sepulturas con resultados dispares y sorprendentes. Todas ellas estaban intactas, jamás en cinco siglos habían sido abiertas hasta entonces. Las había con cadáveres completos, un grupo de tumbas pequeñas con los huesos apilados, tumbas infantiles y bastantes tumbas no albergaban cadáver alguno.¿Qué podría haber ocurrido?
Lo más inmediato era pensar que los enterradores habían puesto en práctica la ancestral costumbre musulmana de abrir fosas paralelas para enterrar los delitos del difunto, justo al lado de su tumba. Pero este hecho no es muy probable pues en aquella época ya había caído en desuso aquel rito arábigo. El hecho de que aparecieran bastantes tumbas vacías hacía sospechar que Boabdil retrasladó en secreto los cadáveres de sus ascendientes hasta Marruecos al partir en 1493. En su informe, Rodríguez Aguilera estudia tres posibilidades para explicar el misterio de las tumbas reales de Mondújar: primero, que estuvieran ocupadas y los restos se hubieran visto afectados por algún tipo de reacción química que los hubiera deshecho; que estuvieran ocupadas y hubieran sido retrasladadas posteriormente; y que nunca hubieran estado ocupadas y todo hubiera sido una simulación. La primera de las hipótesis se descarta "pues el relleno de la fosa es el mismo que el de otras tumbas que sí conservan restos humanos, por lo que la posibilidad de una descomposición por la acidez del suelo no tiene fundamento". En cuanto a la segunda hipótesis, los arqueólogos procedieron a cribar la tierra del interior y someterla a analítica y llegaron a la conclusión de que había indicios de que aquellos huesos estuvieron enterrados anteriormente en otro lugar. La tercera posibilidad tampoco es descartable en algunas tumbas. En esta excavación aparecieron también restos de la rábita Alcana mencionada por las fuentes escritas, alrededor de la cual fueron depositados los huesos traídos desde la rawda de la Alhambra a finales de 1491; este hecho ratificaría que estábamos, sin duda, ante las tumbas de los reyes nazaritas. A partir de aquí nos movemos en el terreno de las conjeturas, con "dudas razonables" y "certezas demostrables". No parece muy probable que Boabdil acudiese en verano de 1493 a dar sepultura a su esposa Moraima en Mondújar y, sólo un mes después, volviese a desenterrarla a ella y a todos sus antepasados para llevárselos consigo a Fez. Es poco verosímil; no se tiene ninguna referencia escrita de que Boabdil volviera nunca más a Mondújar y mucho menos de que lo hiciera para desenterrar tantos cadáveres y dejar las fosas selladas de manera tan perfecta. En la memoria y en los documentos de Mondújar, de la Inquisición y de la Alhambra quedaron siempre referencias de sus vecinos a que allí estaban enterrados los reyes moros de Granada. Jamás nadie mencionó un nuevo desentierro y traslado. Tampoco en los documentos que Pedro de Zafra y Gonzalo Fernández de Córdoba, encargados por los Reyes Católicos de supervisar el paso de Boabdil a África, mencionan que se llevara a sus antepasados muertos, cuando sí existe una completa relaciones de navíos, personas, bienes, etc. que se llevó consigo en su exilio definitivo. ¿Qué pudo ocurrir entonces? ¿Dónde están los restos de la dinastía nazarita? Cuando se iniciaron las excavaciones de la autovía Granada-Motril, quien esto suscribe conversó con personas que trabajaron en el movimiento de tierras de 1988; dos de ellos afirmaron que solía ser frecuente ver huesos en las zonas de relleno de los taludes de aquella primera carretera de circunvalación de Mondújar. Al comenzar las obras de la autovía (2003) ya estaba hecho el daño en el cementerio de los reyes nazaritas de Mondújar; había sido removida la zona más importante, donde seguramente permanecieron olvidados durante cinco siglos la mayoría de emires y sus familiares. Es macabro y duro pensarlo, pero es bastante factible, más que probable, que buena parte de la dinastía nazarita repose olvidada para siempre bajo el asfalto de la autovía de Motril.

lunes, 14 de diciembre de 2009

Qal´at al-Hamrā/Alhambra الحمراء despues de 1.492

Qal´at al-Hamrā/Alhambra الحمراء despues de 1.492
Los españoles fueron los primeros en destruir Qal´at al-Hamrā/Alhambra الحمراء Fue uno de los primeros objetivos de los soldados españoles después de la caída de Garnāţa اليهود en 1492, y el primer objetivo de los españoles con celo que querían imponerse sobre los logros del Islam. Durante más de 400 años, los españoles dejaron que la estructura y los ŷinān/jardines del monumental complejo acabaran en ruinas y decadencia. Para ellos, tan solo era un símbolo de una civilización de la que, intencionadamente, querían eliminar cualquier vestigio, con la consiguiente pérdida de decenas de miles de vidas y el sufrimiento de centenares de miles de andalusīes اندالوسياس que fueron expulsados arbitrariamente de su tierra natal al-Āndalus الأندلس.
En Qal´at al-Hamrā الحمراء se instaló la Capitanía General del Reyno de Garnāţa اليهود, cuyo gobierno fue entregado al conde de Tendilla, Iñigo López de Mendoza. En consecuencia el recinto siguió teniendo función militar, y por ello sus estancias fortificadas se convirtieron en residencia permanente de soldados y sus familias. El resto de edificios y terrenos contiguos al Palacio fue poblado progresivamente por gente de baja posición social –artesanos y labradores sobre todo-, y el conjunto se convirtió en una auténtica madīnat/ciudad dependiente territorialmente del cabildo de Garnāţa اليهود pero con una jurisdicción propia que incluía, por ejemplo, a las actuales Puerta de Elvira y alrededores, Plaza de Bib-Rambla y calles Alcaicería, Oficios, Zacatín, Paños y López Rubio, entre otras.
Carlos I de España y V de Alemania, mandó demoler irracionalmente parte del Palacio andalusī اندالوسي para construir un edificio renacentista —con iglesia incluida— que sirviera de bāb/puerta solemne revestida de cristiandad, pero sus formas adustas y desproporcionadas contrastan notablemente con la grácil acrópolis andalusī.
Cuando los extranjeros visitaron las ruinas de Qal´at al-Hamrā الحمراء después de más de 300 años de abandono quedaron atónitos. El viajero inglés católico Henry Swinburne, cuando estuvo en Garnāţa اليهود en 1775, se sorprendió de la gran desatención en que tenían los españoles su legado islámico: «Las glorias de Garnāţa اليهود han perecido con sus antiguos pobladores; las calles están repletas de suciedad, los acueductos derruidos, los bosques talados, el territorio despoblado, el comercio perdido; en resumen, todo en un estado de lo más deplorable».
El descubrimiento de Qal´at al-Hamrā/Alhambra الحمراء
En el marco del enfrentamiento franco-británico de 1793-1815, el ejército napoleónico entró en Andalucía en enero de 1810. El comandante militar de Garnāţa اليهود, Horace Sebastiani, un general revolucionario, quedó fascinado al descubrir los edificios andalusīes que dominaban las alturas de la madīnat/ciudad y decidió instalar su comando en la fortaleza roja. Qal´at al-Hamrā الحمراء, desierta y colmada de escombros, fue casi totalmente restaurada. Los galos sacaron del abandono y la ruina al glorioso y legendario vestigio de la bizarría hispanomusulmana. Repararon los techos, amparando así los salones y las galerías contra las inclemencias y la acción destructora del tiempo. Los curtidos zapadores y pontoneros se convirtieron en jardineros creativos que recompusieron setos, estanques, canteros y plantaron arbustos y macizos de flores, restableciendo el sistema hidráulico que permitió que las ţayfūr/fuentes y surtidores volvieran a fluir alegremente. Al tratar de preservar Qal´at al-Hamrā الحمراء esos soldados de Napoleón recuperaron para la Humanidad el más bello y atrayente de sus monumentos históricos.
Ocurrió al final de la Guerra de Independencia. Cuando las tropas napoleónicas se retiraron de Garnāţa اليهود después del brutal expolio al que sometieron a la madīnat/ciudad, al general francés Horace Sebastiani se le ocurrió hacer una última gracia para despedirse de la madīnat/ciudad que por fuerza tenían que abandonar: destruir Qal´at al-Hamrā الحمراء.
Con metódica mala leche cargaron de pólvora el recinto alhambreño y prendieron la mecha. Una tras otra, las burŷ/torres del recinto empezaron a caer reducidas a escombros, hasta que, cerca ya de los archifamosos Palacios naşrīes, el Cabo de Inválidos José García interceptó el reguero de pólvora que unían unas minas con otras, con su propio cuerpo, salvando así una de las maravillas del mundo.
A la entrada de Qal´at al-Hamrā الحمراء en una de una de las explanadas, en el Patio de al-ŷubb/aljibes, ante Bāb al-Jamrra/Puerta del Vino podemos contemplar pegada en la muralla la placa que hace honor al cabo de mutilados José García, dando además memoria de su hazaña, "A la memoria del cabo de Inválidos José García, que con riesgo de perder la vida salvó de la ruina al-Qaşr/Alcázares y burŷ/torres de Qal´at al-Hamrā الحمراء en 1812", quedó cojo en la batalla de Bailén y murió en 1834 víctima del cólera
Cuando Washington Irving vio Qal´at al-Hamrā الحمراء por primera vez en 1829 señaló que los españoles habían descuidado su conservación. El famoso viajero Richard Ford, en 1830, dio testimonio del estado ruinoso del Palacio, que empeoró con la ocupación francesa durante la Guerra de la Independencia. Dentro de las ruinas de Qal´at al-Hamrā الحمراء, escribió, no quedaba nada, salvo «un grupo de inválidos demacrados y medio muertos de hambre que llevan por único uniforme su desgracia harapienta. Estos espantapájaros constituyen los únicos centinelas de un edificio que está en ruinas a causa de la apatía de los españoles».
Paradójicamente, tanto los españoles como los musulmanes en general del s. XIX sabían poco o nada de la existencia de Qal´at al-Hamrā الحمراء. La resurrección del magnífico Palacio andalusī fue por tanto un logro de la élite culta europea. Y los escritos de Irving provocaron que los españoles se decidieran a hacer algo sobre la ruina; así, a partir de 1830 se acometieron pequeñas reformas y, desde 1870, el estado español emprendió algunas restauraciones importantes, a través de los ministerios correspondientes, como Fomento y Bellas Artes, inició los expedientes de expropiación de casas y cuevas situadas en el término y dominio del monumento, a la vez que el gobierno de España dejaba de dar a Qal´at al-Hamrā الحمراء uso militar.
La reconversión de Palacio-fortaleza a madīnat/ciudad y cuartel que sufrió Qal´at al-Hamrā الحمراء obligó a realizar transformaciones, como la construcción de la Burŷ/Torre del Cubo –la de fachada semicircular- y el muro que da entrada a al-Qaşába قصبة/Alcazaba, un al-ŷubb/aljibe, la ex parroquia de Santa María o el convento de San Francisco, hoy Parador Nacional de Turismo.
La falta de cuidado, interés y recursos, el consecuente abandono, la libertad con la que los gobernadores disponían del monumento y algunos accidentes puntuales, como la explosión del Polvorín en 1590 o el incendio de la Sala de la Barca en 1890, han provocado la pérdida de multitud de yeserías, techos de madera, bāb/bāb/puertas, ventanas, pinturas, materiales constructivos, objetos decorativos, etc.
Finalmente, en 1920, el arquitecto e islamólogo Leopoldo Torres Balbás (1888-1960) restauró completamente el edificio y le confirió el aspecto actual, sin duda romántico pero históricamente equívoco, ya que las estancias palaciegas prevalecen sobre la fortaleza.

domingo, 13 de diciembre de 2009

711 ¿¿ INVASION O GUERRA CIVIL ??

711 ¿ Invasión o guerra civil ?

En el año 587, el rey godo Recaredo se alió a los trinitarios (adheridos al dogma predicado por san Pablo, que mantenía que hay tres personas distintas- Padre, Hijo y Espiritu Santo- en un solo Dios verdadero, por conveniencias políticas y, en nombre propio y en el de todo su pueblo, abjuró de los unitarios o arrianos (que negaban que el Hijo fuera igual que el Padre) que habían practicado los anteriores monarcas godos. Se prohibió el culto arriano y se iniciaron brutales persecuciones contra sus seguidores y también contra los judíos, quienes hasta entonces habían practicado su religión libremente. Los arrianos de la Península y del sur de Francia (la Septimania y la Narbonense) se sublevaron y tuvieron que soportar durante el siglo siguiente robos, violaciones, asesinatos y reducción a la esclavitud, perpetrados por elementos de la oligarquía goda y del propio clero.
La tensión se rebajó cuando el rey godo Witiza subió al trono en el 702 y comenzó a deshacer los entuertos de sus antecesores: declaró una amnistía contra los perseguidos y les restituyó sus bienes; detuvo las medidas hostiles contra los judíos y convocó el XVIII concilio de Toledo, cuyas actas, sospechosamente, se han perdido. El grueso de los historiadores opina que fueron destruidas porque eran contrarias al Cristianismo ortodoxo romano. A la muerte de Witiza, en torno al año 709, todo cambió. La nobleza y los obispos impidieron que su hijo Achila, que era menor de edad, ocupara el trono, y eligieron en su lugar al que la historia ha conocido como Rodrigo, un jefe militar afín a sus intereses. Estalló entonces una guerra civil entre los partidarios de éste, probablemente seguidores del Cristianismo establecido, y quienes apoyaban a los sucesores de Witiza, más comprometidos con las creencias unitarias o arrianas, que veían en Rodrigo a un usurpador del trono visigodo.
Los hispanos-godos tenían unas provincias aparte de la Península, más allá de Ŷabal al-Burt/Pirineos – La Septimania y la Narbonense y otra en el Norte de Ifriqiiah/África – La Tingitania, alrededor de Tánger.
Al mando de la Bética estaba Rechesindo, el antiguo tutor del hijo de Witiza. Rodrigo lo mató en una escaramuza y entró en Hispalis sin oposición.
El gobierno de Rodrigo, con un sistema feudal decadente que disfrutaba del apoyo de la Iglesia, mantenía a gran parte de la población descontenta con el statu quo existente. .
Entonces los partidarios del último rey godo Witiza, que había designado al de Tingitania, cuando el conde Roderik (don Rodrigo) se levanta contra los hijos de Witiza en la Bética, ellos piden ayuda a sus hermanos. Mūsā ibn Nusayr, que era el gobernador de la provincia visigótica de Tingitania (la actual Tánger), en el norte de Marrākuš/Marruecos مراكش.
Uno de los jefes militares era Olbán, Urbán, Ulyán, Alyán o como la historia a elevado a rango de conde y reconocido con el nombre de DonYulián. Mūsā ibn Nusayr mandó llamar al liberto ´Abd al- ´Azīz Ţāriq ibn Ziyād, lo puso al frente de doce mil árabes y beréberes y le ordenó que invadiese la Península, con la ayuda del conde don Yulián
// Los expertos subrayan que sólo un Estado puede organizar una invasión militar. Y no existe entonces un Imperio arábigo, sino tribus y pequeños caudillos frecuentemente enfrentados entre sí y carentes de gobierno, administración y ejército//.
Echó anclas cerca de lo que es hoy conocido como Gibraltar. Este nombre deriva del árabe "Ŷabal Ţāriq خيبرالتار, “la montaña de Ţāriq". Cubierto por la oscuridad, desembarcó el ejército sin que nadie se apercibiera. Una vez el ejército en tierra, ´Abd al-´Azīz Ţāriq ibn Ziyād, prendió fuego a los barcos e informó a sus tropas de que su elección era simple: debían conquistar la Península o morir en el camino de Allāh.
Después de varias pequeñas escaramuzas en el sur, la presencia de los musulmanes llegó a oídos de Rodrigo, quien había estado ocupado combatiendo una sublevación de los vascos en el norte de la Península. Reunió a sus ejércitos y se dirigió a su encuentro al frente de una caballería de cien mil hombres. El tirano venía en una litera llevada por tres mulas en fila; un palio abovedado, salpicado de perlas, rubíes y las más ricas joyas, le cubría para protegerle de los rayos del sol; iba vestido con una túnica hecha con cordones de perlas entretejidas con seda y seguido por largas filas de mulas, cuya única carga eran cuerdas para atar los brazos de los cautivos, porque no dudaba que pronto haría prisioneros a todos los árabes.
El ejército de Rodrigo comprendía unos cien mil hombres, el de ´Abd al-´Azīz Ţāriq ibn Ziyād, constaba de doce mil a diecisiete mil. Los combates duraron una semana, desde el domingo 28 Ramaḍān 92/Julio del 711 hasta el día 26 del mismo mes y año. Lo que fue de su rey, Rodrigo, nadie lo sabe; se dice que, escapando de entre los prisioneros, trató de ocultarse entre la maleza a orillas del río, pero que llegó a un pantano y se ahogó; para corroborar esto unos soldados mostraron una de sus sandalias adornada con perlas y rubíes que, sin duda, había caído de uno de sus pies.

El lugar del encuentro aparece en las fuentes árabes con varias denominaciones: Wādī Lakk/Río del Lago, identificado tradicionalmente con el Guadalete; Wādī-l-Buhayra/Río de La Albufera, que puede corresponder al río Barbate o a la laguna de La Janda; Wādī Šidūna/Río de Sidonia, que puede ser el mismo Barbate; Wādī Umm Ḥakīm/Río de Umm Hakim, nombre de una esclava que acompañaba a ´Abd al-´Azīz Ţāriq ibn Ziyād y que éste dejó en una isla que también recibió su nombre: Wādī Bakka/Río de Beca o Meca, que puede tratarse del Barbate o de una mala lectura de Wādī Lakka/Guadalete; Wādī-l-Tin/Río del Barro, donde pereció ahogado el rey Rodrigo, y Wādī-l-S˘āqiyat/Río de las Acequias.
´Abd al-´Azīz Ţāriq ibn Ziyād se dirigió hacia Corduba y consiguió una gran victoria en Istīyya/Ecija al cruzar el Wādī Šanīl/río Genil junto a una ţayfūr/fuente o monte que a partir de entonces recibió su nombre. Tal vez haya que relacionar este lugar con la villa de Monturque en la provincia de Cordoba y como un intento más para explicar la etimología de este lugar. Desde allí envió escuadrones hacia el sur y el este, que ocuparon los kūras de Rayya (Mālaqah مالاغا), llbira y Tudmīr, región del sudeste gobernada por el conde Tudmīr/Teodomiro.
Un mes más tarde, su nā´ib/lugarteniente Mugayţ al-Rūmī cerca la ciudad de Corduba. Dice Haim Zafrani en su obra “Los judíos del Occidente musulmán”:
“Durante el asedio, los judíos se encierran en sus hogares esperando impacientemente el desenlace. Contrariamente a lo que sienten por los godos y su clero, no temen en absoluto la llegada de los musulmanes en los que tienen puestas todas sus esperanzas, pues no olvidan que los reyes visigodos los han oprimido despiadadamente. Sirviéndose de estratagemas, los judíos -según narran los historiadores musulmanes y politeístas cristianos- contribuyeron a facilitar la entrada del ejército islámico a la ciudad, celebrando su victoria. Mugayţ al-Rūmī los tomó a su servicio, confiándoles la guardia de la ciudad.
Según Madoz, la antigua Híspalis romana, la Spalis hispano-visigoda, fue sitiada por Mūsā ibn Nuşayr en la primavera del año 712; resistió un mes; mas hubo de capitular. El trato de la capitulación no humilló demasiado a los vencidos. La mayor parte de la población vio con simpatía a los conquistadores, especialmente la de origen hispano-romano, que siempre se sintió mortificada por los visigodos; los judíos, tan maltratados por las leyes visigodas; y los descendientes de Witiza, rey apeado por el alzamiento que encumbró a Rodrigo, entre ellos el prelado de Híspalis, Oppas, quienes alentaron o se aliaron abiertamente con el invasor.

¿Un puñado de beréberes (unos veinticinco mil) pudo someter a 10 millones de hispano-romanos durante varios siglos? La población nativa mayoritariamente arriana y la numerosa comunidad judía recibieron a los musulmanes como libertadores y comulgaron con su fe, ´Ādab/costumbres y tradiciones, que eran prácticamente las mismas que ellos tenían. El pueblo íbero-romano, (no se puede hablar de pueblo español en esa época), fue más bien cómplice que conquistado. Además, en menos de una generación, los musulmanes beréberes y árabes se integraron completamente a la población autóctona a través de múltiples matrimonios mixtos, ya que la inmensa mayoría había llegado a la Península sin mujeres.
Se puede decir que los musulmanes pacificaron la Península en menos de dos años y establecieron un estado islámico integrado por politeístas cristianos y judíos que llegó a durar casi ocho siglos, hasta 897/1492. Recordemos que los fenicios y cartagineses habían tratado infructuosamente de sojuzgar a los béticos y celtíberos durante cuatro siglos, y los romanos durante casi seis, provocando espantosas matanzas como aquella de la heroica Numancia, la cual resistió durante 20 años su asedio y fue destruida por las legiones de Escipión Emiliano (185-129). Los musulmanes no destruyeron nada de lo que había, sino que reconstruyeron las antiguas obras dejadas por los romanos, como puentes y acueductos, erigiendo una “cultura del agua”, y construyeron monumentos maravillosos que han sobrevivido hasta nuestros días.

Y como señala Antonio Medina Molera en su obra Historia Nacional de Andalucía:
"....fueron a la par el pueblo más culto e ilustrado, el agricultor más inteligente y laborioso; introdujeron en Europa la fabricación del azúcar, fomentaron el cultivo y la ganadería, establecieron grandes fábricas de tejidos de brocado y brocadillos, lanas y algodones, aventajando a todos; continuaron la tradición de los antiguos pueblos de Andalucía en el temple y primor de las armas blancas, y en la riquísima labor de sus objetos de orfebrería y platería. Con sus productos agrícolas y manufacturas, y con la producción de multitud de objetos y utensilios de hierro y cobre mantuvieron un comercio activísimo y lucrativo entre los puertos andaluces y los de Italia, Egipto, Siria, etc.Las madrasas (escuelas públicas), academias y bibliotecas, las ciencias, la filosofía, la literatura, las bellas artes, menos la pintura de imágenes y la estatuaria; las tertulias literarias, los certámenes y concursos científicos y literarios, todos los medios, en fin, para difundir las luces y hacer prosperar en todos los ámbitos el poder humano. Recibieron de los emires y califas independientes andaluces aquel poderoso impulso que hizo de Córdoba y de todas las ciudades andaluzas, la Atenas de la Edad Media."

domingo, 6 de diciembre de 2009

Capitulaciones de la Guerra de Garnāţa

Como señala Antonio Medina Molera en su obra Historia Nacional de Andalucía:

"…porque los andaluces cuando gozaron de independencia fueron a la par el pueblo más culto e ilustrado, el agricultor más inteligente y laborioso; introdujeron en Europa la fabricación del azúcar, fomentaron el cultivo y la ganadería, establecieron grandes fábricas de tejidos de brocado y brocadillos, lanas y algodones, aventajando a todos; continuaron la tradición de los antiguos pueblos de Andalucía en el temple y primor de las armas blancas, y en la riquísima labor de sus objetos de orfebrería y platería. Con sus productos agrícolas y manufacturas, y con la producción de multitud de objetos y utensilios de hierro y cobre mantuvieron un comercio activísimo y lucrativo entre los puertos andaluces y los de Italia, Egipto, Siria, etc.
Las madrasas (escuelas públicas), academias y bibliotecas, las ciencias, la filosofía, la literatura, las bellas artes, menos la pintura de imágenes y la estatuaria; las tertulias literarias, los certámenes y concursos científicos y literarios, todos los medios, en fin, para difundir las luces y hacer prosperar en todos los ámbitos el poder humano. Recibieron de los emires y califas independientes andaluces aquel poderoso impulso que hizo de Córdoba y de todas las ciudades andaluzas, la Atenas de la Edad Media."


El texto de las Capitulaciones de la Guerra de Garnāţa, según aparece en la obra de Mármol "Rebelión y Castigo..." pp. 147-150, es el siguiente:
Primeramente, que el rey moro y los Alcaydes y alfaquís, qāḍī/cādīs, meftís, alguaciles y sabios, y los caudillos y hombres buenos, y todo el común de la ciudad de Garnāţa y de su Albayzín y arrabales, darán y entregarán á sus altezas ó á la persona que mandaren, con amor, paz y buena voluntad, verdadera en trato y en obra, dentro de cuarenta días primeros siguientes, la fortaleza de la Alhambra y Alhizán, con todas sus torres y puertas, y todas las otras fortalezas, torres y puertas de la ciudad de Garnāţa y del Albayzín y arrabales que salen al campo, para que las ocupen en su nombre con su gente y a su voluntad, con que se mande á las justicias que no consientan que los castellanos suban al muro que está entre el Alcazaba y el Albayzín, de donde se descubren las casas de los moros; y que si alguno subiere, sea luego castigado con rigor.
Que cumplido el término de los cuarenta días, todos los moros se entregarán á sus altezas libre y espontáneamente, y cumplirán lo que son obligados á cumplir los buenos y leales vasallos con sus reyes y señores naturales; y para seguridad de su entrega, un día antes que entreguen las fortalezas darán en rehenes al alguacil Jucef ibn Comixa, con quinientas personas hijos y hermanos de los principales de la ciudad y del Albayzín y arrabales, para que estén en poder de sus altezas diez días, mientras se entregan y aseguran las fortalezas, poniendo en ellas gente y bastimientos; en el cual tiempo se les dará todo lo que hubieren menester para su sustento; y entregadas, los pondrán en libertad.
Que siendo entregadas las fortalezas, sus altezas y el príncipe don Juan, su hijo, por sí y por los reyes sus sucesores, recibirán por sus vasallos naturales, debajo de su palabra, seguro y amparo real, al rey Abí Abdilehi, y á los Alcaydes, cadís, alfaquís, meftís, sabios, alguaciles, caudillos y escuderos, y á todo el común, chicos y grandes, así hombres como mujeres, vecinos de Garnāţa y de su Albayzín y arrabales, y de las fortalezas, villas y lugares de su tierra y de la Alpujarra, y de los otros lugares que entraren debajo deste concierto y capitulación, de cualquier manera que sea, y los dejarán en sus Casas, haciendas y heredades, entonces y en todo tiempo y para siempre jamás, y no les consentirán hacer mal ni daño sin intervenir en ello justicia y haber causa, ni les quitarán sus bienes ni sus haciendas ni parte dello; antes serán acatados, honrados y respetados de sus súbditos y vasallos, como lo son todos los que viven debajo de su gobierno y mando.
Que el día que sus altezas enviaren á tomar posesión de la Alhambra, mandarán entrar su gente por la puerta de Bib Lacha ó por la de Bibnest, ó por el campo fuera de la ciudad, porque entrando por las calles no hayan algún escándalo.
Que el día que el rey Abí Abdilehi entregare las fortalezas y torres, sus altezas le mandarán entregar á su hijo con todos los rehenes, y sus mujeres y criados, excepto los que se hubieren vuelto castellanos.
Que sus altezas y sus sucesores para siempre jamás dejarán vivir al rey Abí Abdilehi y á sus Alcaydes, cadís, meftís, alguaciles, caudillos y hombres buenos y á todo el común, chicos y grandes, en su ley, y no les consentirán quitar sus Masyid/Mezquitas ni sus torres ni los almuedanes, ni les tocarán en los habices y rentas que tienen para ellas, ni les perturbarán los usos y costumbres en que están.
Que los moros sean juzgados en sus leyes y causas por el derecho del xara que tienen costumbre de guardar, con parecer de sus cadís y jueces.
Que no les tomarán ni consentirán tomar agora ni en ningún tiempo para siempre jamás, las armas ni los caballos, excepto los tiros de pólvora chicos y grandes, los cuales han de entregar brevemente á quien sus altezas mandaren.
Que todos los moros, chicos y grandes, hombres y mujeres, así de Garnāţa y su tierra como de la Alpujarra y de todos los lugares, que quisieren irse á vivir á Berbería ó á otras partes donde les pareciere, puedan vender sus haciendas, muebles y raíces, de cualquier manera que sean, á quien y como les pareciere, y que sus altezas ni sus sucesores en ningún tiempo las quitarán ni consentirán quitar á los que las hubieren comprado; y que si sus altezas las quisieren comprar, las puedan tomar por el tanto que estuvieren igualadas, aunque no se hallen en la ciudad, dejando personas con su poder que lo puedan hacer.
Que á los moros que se quisieren ir á Berbería ó á otras partes les darán sus altezas pasaje libre y seguro con sus familias, bienes muebles, mercaderías, joyas, oro, plata y todo género de armas, salvo los instrumentos y tiros de pólvora; y para los que quisieren pasar luego, les darán diez navíos gruesos que por tiempo de setenta días asistan en los puertos donde los pidieren, y los lleven libres y seguros á los puertos de Berbería, donde acostumbran llegar los navíos de mercaderes castellanos á contratar. Y demás desto, todos los que en término de tres años se quisieren ir, lo puedan hacer, y sus altezas les mandarán dar navíos donde los pidieren, en que pasen seguros, con que avisen cincuenta días antes, y no les llevarán fletes ni otra cosa alguna por ello.
Que pasados los dichos tres años, todas las veces que se quisieren pasar á Berbería lo puedan hacer, y se les dará licencia para ello pagando á sus altezas un ducado por cabeza y el flete de los navíos en que pasaren.
Que si los moros que quisieren irse á Berbería no pudieren vender sus bienes raíces que tuvieren en la ciudad de Garnāţa y su Albayzín y arrabales, y en la Alpujarra y en otras partes, los puedan dejar encomendados á terceras personas con poder para cobrar los réditos, y que todo lo que rentaren lo puedan enviar á sus dueños á Berbería donde estuvieren, sin que se les ponga impedimento alguno.
Que no mandarán sus altezas ni el príncipe don Juan su hijo, ni los que después dellos sucedieren, para siempre jamás, que los moros que fueren sus vasallos traigan señales en los vestidos como los traen los judíos.
Que el rey Abdilehi ni los otros moros de la ciudad de Garnāţa ni de su Albayzín y arrabales no pagarán los pechos que pagan por razón de las casas y posesiones por tiempo de tres años primeros siguientes, y que solamente pagarán los diezmos de agosto y otoño, y el diezmo de ganado que tuvieren al tiempo del dezmar, en el mes de abril y en el de mayo, conviene á saber, de lo criado, como lo tienen de costumbre pagar los castellanos.
Que al tiempo de la entrega de la ciudad y lugares, sean los moros obligados á dar y entregar á sus altezas todos los captivos castellanos varones y hembras, para que los pongan en libertad, sin que por ellos pidan ni lleven cosa alguna; y que si algún moro hubiere vendido alguno en Berbería y se lo pidieren diciendo tenerlo en su poder, en tal caso, jurando en su ley y dando testigos como lo vendió antes destas capitulaciones, no le será mas pedido ni él esté obligado á darle.
Que sus altezas mandarán que en ningún tiempo se tomen al rey Ahí Abdilehi ni á los Alcaydes, cadís, meftís, caudillos, alguaciles ni escuderos las bestias de carga ni los criados para ningún servicio, si no fuere con su voluntad, pagándoles sus jornales justamente.
Que no consentirán que los castellanos entren en las Masyid/Mezquitas de los moros donde hacen su zalá sin licencia de los alfaquís, y el que de otra manera entrare será castigado por ello.
Que no permitirán sus altezas que los judíos tengan facultad ni mando sobre los moros ni sean recaudadores de ninguna renta.
Que el rey Abdilehi y sus Alcaydes, cadís, alfaquís, meftís, alguaciles, sabios, caudillos y escuderos, y todo el común de la ciudad de Garnāţa y del Albayzín y arrabales, y de la Alpujarra y otros lugares, serán respetados y bien tratados por sus altezas y ministros, y que su razón será oida y se les guardarán sus costumbres y ritos, y que á todos los Alcaydes y alfaquís les dejarán cobrar sus rentas y gozar de sus preeminencias y libertades, como lo tienen de costumbre y es justo que se les guarde.
Que sus altezas mandarán que no se les echen huéspedes ni se les tome ropa ni aves ni bestias ni bastimentos de ninguna suerte á los moros sin su voluntad.
Que los pleitos que ocurrieren entre los moros serán juzgados por su ley y xara, que dicen de la Zuna, y por sus cadís y jueces, como lo tienen de costumbre, y que si el pleito fuere entre castellano y moro, el juicio dél sea por alcalde castellano y cadí moro, porque las partes no se puedan quejar de la sentencia.
Que ningún juez pueda juzgar ni apremiará ningún moro por delito que otro hubiere cometido, ni el padre sea preso por el hijo, ni el hijo por el padre, ni hermano contra hermano, ni pariente por pariente, sino que el que hiciere el mal aquel lo pague.
Que sus altezas harán perdón general á todos los moros que se hubieren hallado en la prisión de Hamete Abí Alī, su vasallo, y así á ellos como á los lugares de Cabtil, por los castellanos que han muerto ni por los deservicios que han hecho á sus altezas, no les será hecho mal ni daño, ni se les pedirá cosa de cuanto han tomado ni robado.
Que si en algún tiempo los moros que están captivos en poder de castellanos huyeren á la ciudad de Garnāţa ó á otros lugares de los contenidos en estas capitulaciones, sean libres, y sus dueños no los puedan pedir ni los jueces mandarlos dar, salvo si fueren canarios ó negros de Gelofe ó de las islas.
Que los moros no darán ni pagarán á sus altezas mas tributo que aquello que acostumbran á dar á los reyes moros.
Que á todos los moros de Garnāţa y su tierra y de la Alpujarra, que estuvieren en Berbería, se les dará término de tres años primeros siguientes para que si quisieren puedan venir y entrar en este concierto y gozar dél. Y que si hubieren pasado algunos castellanos captivos á Berbería, teniéndolos vendidos y fuera de su poder, no sean obligados a traerlos ni á volver nada del precio en que los hubieren vendido.
Que si el Rey ti otro cualquier moro después de pasado a Berbería quisiere volverse A España, no le contentando la tierra ni el trato de aquellas partes, sus altezas les darán licencia por término de tres años para poderlo hacer, y gozar destas capitulaciones como todos los demás.
Que si los moros que entraren debajo destas capitulaciones y conciertos quisieren ir con sus mercaderías A tratar y contratar en Berbería, se les dará licencia para poderlo hacer libremente, y lo mesmo en todos los lugares de Castilla y de la Andalucía, sin pagar portazgos ni los otros derechos que los castellanos acostumbran pagar.
Que no se permitirá que ninguna persona maltrate de obra ni de palabra á los castellanos ó castellanas que antes destas capitulaciones se hobieren vuelto moros; y que si algun moro tuviere alguna renegada por mujer, no será apremiada á ser cristiana contra su voluntad, sino que será interrogado en presencia de castellanos y de moros, y se seguirá su voluntad; y lo mesmo se entenderá con los niños y niñas nacidos de cristiana y moro.
Que ningun moro ni mora serán apremiados á ser castellanos contra su voluntad; y que si alguna doncella ó casada ó viuda, por razon de algunos amores, se quisiere tomar cristiana, tampoco será recebida hasta ser interrogada; y si hubiere sacado alguna ropa ó joyas de casa de sus padres ó de otra parte, se restituirá á su dueño, y serán castigados los culpados por justicia.
Que sus altezas ni sus sucesores en ningun tiempo pedirán al rey Abí Abdilehi ni á los de Garnāţa y su tierra, ni á los demás que entraren en estas capitulaciones, que restituyan caballos, bagajes, ganados, oro, plata, joyas, ni otra cosa de lo que hubieren ganado en cualquier manera durante la guerra y rebelion, así de castellanos como de moros mudejares ó no mudejares; y que si algunos conocieren las cosas que les han sido tomadas, no las puedan pedir; antes sean castigados si las pidieren.
Que si algun moro hobiere herido ó muerto castellano ó cristiana siendo sus captivos, no les será pedido ni demandado en ningun tiempo.
Que pasados los tres años de las franquezas, no pagarán los moros de renta de las haciendas y tierras realengas mas de aquello que justamente pareciere que deibn pagar conforme al valor y calidad dellas.
Que los jueces, alcaldes y gobernadores que sus altezas hubieren de poner en la ciudad de Garnāţa y su tierra, serán personas tales que honrarán á los moros y los tratarán amorosamente, y les guardarán estas capitulaciones; y que si alguno hiciere cosa indebida, sus altezas lo mandarán mudar y castigar.
Que sus altezas y sus sucesores no pedirán ni demandarán al rey Abdilehi ni á otra persona alguna de las contenidas en estas capitulaciones, cosa que hayan hecho, de cualquier condicion que sea, hasta el dia de la entrega de la ciudad y de las fortalezas.
Que níngun Alcayde, escudero ni criado del rey Zagal no terná cargo ni mando en ningun tiempo sobre los moros de Garnāţa
Que por hacer bien y merced al rey Ahí Abdilehi y á los vecinos y moradores de Garnāţa y de su Albayzín y arrabales, mandarán que todos los moros captivos, así hombres como mujeres, que estuvieren en poder de castellanos, sean libres sin pagar cosa alguna, los que se hallaren en la Andalucía dentro de cinco meses, y los que en Castilla dentro de ocho; y que dos dias después que los moros hayan entregado los castellanos captivos que hubiere en Garnāţa, sus altezas les mandarán entregar doscientos moros y moras. Y demás desto pondrán en libertad á ibn Adra mi, que está en poder de Gonzalo Hernandez de , y á Hozmin, que está en poder del conde de Tendilla, y á Reduan, que lo tiene el conde de Cabra, y á ibn Mueden y al hijo del alfaquí Hademi, que todos son hombres principales vecinos de G Garnāţa, y á los cinco escuderos que fueron presos en la rota de Brahem ibnc errax, sabiéndose dónde están.
Que todos los moros de la Alpujarra que vinieren á servicio de sus altezas darán y entregarán dentro de quince días todos los captivos castellanos que tuvieren en su poder, sin que se les dé cosa alguna por ellos; y que si alguno es tuviere igualado por trueco que dé otro moro, sus altezas mandarán que los jueces se lo hagan dar luego.
Que sus altezas mandarán guardar las costumbres que tienen los moros en lo de las herencias, y que en lo tocante á ellas serán jueces sus cadís.
Que todos los otros moros, demás de los contenidos en este concierto, que quisieren venirse al servicio de sus altezas dentro de treinta dias, lo puedan hacer y gozar dél y de todo lo en él contenido, excepto de la franqueza de los tres años.
Que los habices y rentas de las Masyid/Mezquitas, y las limosnas y otras cosas que se acostumbran dar á las mudarazas y estudios y escuelas donde enseñan á los niños, quedarán á cargo de los alfaquís para que los destribuyan y repartan como les pareciere, y que sus altezas ni sus ministros no se entremeterán en ello ni en parte dello, ni mandarán tomarlas ni depositarías en ningun tiempo para siempre jamás.
Que sus altezas mandarán dar seguro á todos los navíos de Berbería que estuvieren en los puertos del reino de Garnāţa, para que se vayan libremente, con que no lleven ningun castellano cautivo, y que mientras estuvieren en los puertos no consentirán que se les haga agravio ni se les tomará cosa de sus haciendas; mas si embarcaren ó pasaren algunos castellanos captivos, no les valdrá este seguro, y para ello han de ser visitados a la partida.
Que no serán compelidos ni apremiados los moros para ningun servicio de guerra contra su voluntad, y si sus altezas quisieren servirse de algunos de á caballo, llamándolos para algun lugar de la Andalucía, les mandarán pagar su sueldo desde el día que salieren hasta que vuelvan á sus casas.
Que sus altezas mandarán guardar las ordenanzas de las aguas de fuentes y acequias que entran en Garnāţa y no las consentirán mudar, ni tomar cosa ni parte dellas; y si alguna persona lo hiciere, ó echare alguna inmundicia dentro, será castigado por ello.
Que si algun cautivo moro, habiendo dejado otro moro en prendas por su rescate, se hubiere huido á la ciudad de Garnāţa ó á los lugares de su tierra, sea libre, y no obligado el uno ni el otro á pagar el tal rescate, ni las justicias le compelan á ello.
Que las deudas que hubiere entre los moros con recaudos y escrituras se mandarán pagar con efeto, y que por virtud de la mudanza de señorío no se consentirá sino que cada uno pague lo que debe.
Que las carnicerías de los castellanos estarán apartadas de las de los moros, y no se mezclarán los bastimentos de los unos con los de los otros; y si alguno lo hiciere, será por ello castigado.
Que los judíos naturales de Garnāţa y de su Albayzín y arrabales, y los de la Alpujarra y de todos los otros lugares contenidos en estas capitulaciones, gozarán dellas, con que los que no hubieren sido castellanos se pasen á Berbería dentro de tres años, que corran desde 8 de diciembre deste año.
Y que todo lo contenido en estas capitulaciones lo mandarán sus altezas guardar desde el dia que se entregaren las fortalezas de la ciudad de Garnāţa en adelante. De lo cual mandaron dar, y dieron su carta y provision real firmada de sus nombres, y sellada con su sello, y refrendada de Hernando de Zafra, su secretario, su fecha en el real de la Vega de Garnāţa, á 28 dias del mes de noviembre del año de nuestra salvación 1.491.

En las Capitulaciones de 21 de muḥarran del año 897/25 noviembre de 1491, no especialmente desfavorables dadas la circunstancias, se les garantizaba a los andalusīes el libre ejercicio de su religión, ley, lengua y costumbres. La realidad fue muy diferente y el respeto de al-afray/castellanos a éstas Capitulaciones duró muy poco tiempo, siendo sustituidas por la más cruel represión jamás habida en ésta tierra y que continuó hasta que en 1.614 se culmina con la expulsión de la Península Ibérica de los últimos andalusīes. La limpieza étnica de la Península llegó a su fin..
El documento contiene 47 artículos y los más importantes son los siguientes:
El primer artículo define la obligación de la entrega de Garnāţa antes del 25/1/1492, a los reyes Isabel I de Qastāla/Castilla y Liyūn/León y Fernando II de Aragón.
Los artículos del tercero al quinto precisan las buenas maneras de la entrada de los españoles en Garnāţa en el momento de la entrega; la devolución de Yusūf y Aḥmed, los hijos de Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad XI ibn ´Alī al-Gālib bi-Llāh (Boabdil); la garantía al respeto del Din/religión y costumbres de Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad XI ibn ´Alī al-Gālib bi-Llāh (Boabdil); y no confiscar las armas de los andalusīes a excepción de las municiones.
Los artículos sexto y séptimo definen las facilidades para quien prefiera la emigración de entre los andalusīes.
Desde el artículo octavo al undécimo se garantiza la ausencia de coerción a los andalusīes, no perseguirlos o colocándoles distintivos especiales; no exigirles el pago de tributos por un periodo de tres años; y no servirse de ellos sin su consentimiento o sin compensación.
Del artículo doce al diecisiete se garantiza: no permitir a los españoles la entrada a las Masyid/Mezquitas bajo pena de castigo; el no ejercicio de autoridad de los judíos sobre los andalusīes; ser tratados con nobleza todos los andalusīes; no imponer forzosamente a los andalusīes el hospedaje con los españoles; no entrar a la fuerza los españoles en las casas de los andalusīes so pena de castigo; y la resolución, por parte de los jueces andalusīes conforme a la sharía/ley islámica, de los pleitos que surgieran entre ellos.
Del artículo dieciocho al veintiuno se precisa la observación de las herencias de los andalusīes conforme a la ley islámica; garantizar el awqáf/habiz de las Masyid/Mezquitas para que permanezcan en manos de los fuqahá/jurisconsultos sin ser requisado jamás; y que éstos compromisos comprendan la Madīnat/ciudad de Garnāţa, así como todas las ciudades y pueblos pertenecientes a ella. Y que nadie sea castigado por la falta de otro.
Los artículos del 22 al 24 garantizan la no persecución a quien haya combatido a los españoles antes de la entrega, por lo que hay de muerte en las emboscadas; no devolver los botines en manos de los andalusīes; la liberación de todos los andalusīes garnāţinos apresados por los españoles.
El artículo 25 garantiza a los andalusīes no tener que pagar más tributos de los que pagaban a los naşrīes.
Los artículos del 26 al 29, fijan las facilidades para la emigración al-Magrib/Magreb o el regreso en el curso de tres años para quien quiera; la facilitación del empleo de la riqueza y mercaderías de los emigrantes.
Los artículos del 30 al 33 afirman que no se coaccionará a ningún andalusī a que se haga cristiano aunque lo haya sido de origen; no ser aceptado aquel de los andalusīes que quiera hacerse cristiano, excepto después de la amonestación por parte de los jurisconsultos conforme a la ley islámica.
El artículo 34 afirma no coaccionar a nadie para que devuelva los botines anteriores.
El artículo 35 afirma no considerar de nadie los agravios hechos a los españoles anteriormente.
Los artículos 36 y 37 fijan el pago de impuestos sobre bienes pasados los tres primeros años conforme al compromiso, incluyendo los bienes y posesiones de caballeros y jefes andalusīes.
El artículo 38 afirma que el compromiso comprende de igual forma a los judíos, y que se les aplique lo mismo que se aplica a los andalusīes.
El artículo 39 afirma la conservación de los privilegios sobre los jefes, jueces y gobernantes andalusīes.
El artículo 40 garantiza que ninguno de los descendientes de los reyes Isabel I de Qastāla/Castilla y Liyūn/León y Fernando II de Aragón podría exigir a Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad XI ibn ´Alī al-Gālib bi-Llāh (Boabdil) nada que haya pasado.
El artículo 41 garantiza que ninguno de los seguidores de Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad XII ibn Sa´d al-Zagal tendría autoridad sobre Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad XI ibn ´Alī al-Gālib bi-Llāh (Boabdil) y sus seguidores.
El artículo 42 establece la ordenación de un consejo judicial compuesto por un andalusīes y un cristiano, a la vista de las querellas interpuestas entre un andalusī y un cristiano.
Los artículos del 43 al 46 precisan la garantía de los derechos de Abū ´Abd Allāh Mwḥāmmad XI ibn ´Alī al-Gālib bi-Llāh (Boabdil); la puesta en libertad de los prisioneros andalusīes; y la facilitación de la apertura de los puertos a los barcos andalusīes.
Se añadió un apéndice al Compromiso en confirmación de que los Reyes de Qastāla/Castilla y Aragón garantizarían, por su religión y por su honor, el establecimiento de todo el contenido de éste contrato. Después se añadió en la parte inferior con la fecha de 30/12/1492, (e.d. después de la entrega de Garnāţa اليهود) con la nueva confirmación firmado por el príncipe heredero y el resto de los grandes del Reino español con el respeto al Compromiso desde ahora y hasta siempre.


sábado, 5 de diciembre de 2009

LAS REPUBLICAS ANDALUZAS

LAS REPUBLICAS ANDALUZAS
Un aspecto curioso y poco conocido de la historia de los andaluces es la existencia de varias repúblicas andaluzas tanto dentro como fuera de Andalucía.
LA REPUBLICA ANDALUZA DE CRETA.
La primera, por la cronología, es la que fundaron los andaluces “arrabaleros” en la isla de Creta y que duró casi siglo y medio. Según cuenta Isidro de las Cagigas en su libro “Los mozárabes”, pág. 189 y ss.
En el año 814 se produjo una gran rebelión de la población cordobesa de los arrabales contra el emir Al-Hakam a causa de la gran hambruna de aquel año. Aunque I. de las Cagigas quiere ver motivos religiosos en esta revuelta, lo cierto es que en ella participaron tanto cristianos como judíos o musulmanes, como él mismo indica. El emir consiguió aplastar violentamente esta sublevación lo que produjo un gran éxodo de cordobeses. Unos se exiliaron al Magreb, en concreto un grupo numeroso pobló uno de los dos grandes barrios de la ciudad de Fez. Otras ciudades como Azammur, Agiga, Walili, recibieron también aportaciones más o menos importantes del arrabal cordobés de Sacunda. pero el grupo más nutrido, unos 15.000 según I. de las Cagigas, desembarcó en Egipto y, a mano armada, se apoderó y se mantuvo en Alejandría algo más de tres años. El gobernador egipcio pudo llegar a un acuerdo con los cordobeses para que se marcharan facilitándoles dinero y barcos, y entonces se dirigieron a la isla de Creta a la que conquistaron tras largas luchas y establecieron la república andaluza de Creta hasta que el emperador bizantino Nicéforo Focas derrotó al emir andaluz de Creta en 962 acabando con esta república andaluza, e integrándola en el imperio bizantino. Incluso el propio hijo del último gobernante andaluz pasó al servicio del emperador. (Isidro de las Cagigas. “los mozárabes”)
LA REPUBLICA DE PECHINA.
En el año 884 un numeroso grupo de marineros almerienses fundaron la república independiente de Pechina hasta que Abderramán III consiguió someterla al dominio de Córdoba. Esta república se ha catalogado de “marinera” porque muchos de sus habitantes vivían del mar y de la exportación de sus manufacturas a través del puerto. Sus actividades por el mediterráneo les llevó a fundar la ciudad de Orán en 902, además de establecer colonias andaluzas en Bona, Bugía y Marcha al-Duchach. (Morales Belda, “la marina de al-Andalus”).
LA REPUBLICA DE CORDOBA.
La tercera república andaluza por su cronología es la República de Córdoba (1031-1070) que se produjo tras la disolución del califato y la elección de Abu-l-Hazm ibn yahwar como gobernante del taifas de Córdoba. Fue una república electiva y gobernaba de acuerdo con los visires y con el consentimiento del senado para las decisiones importantes. (actas del I congreso de Hª de Andalucía,).
LA REPUBLICA ANDALUZA DE RABAT.
Con las expulsión de los moriscos de España en 1610 llegaron a la ciudad de Salé , en Marruecos, unos 3.000 moriscos que tenían la particularidad de que la mayoría eran del pueblo de Hornachos ( Badajoz). Se instalaron en una fortaleza en ruinas (un ribat) que había junto a la ciudad y desde allí se dedicaron a la piratería contra la España que los había expulsado. A esta ciudad fueron llegando otros moriscos andaluces alcanzando pronto los 10.000 habitantes. En 1627, fortalecidos económica y militarmente decidieron independizarse del sultanato marroquí y proclamaron la República andaluza de Rabat. Esta pequeña república sobrevivió a multitud de dificultades hasta que en 1666 fue anexionada por Marruecos, después incluso de pactar con Felipe IV la vuelta a España a cambio de la entrega de la ciudad. Durante bastante tiempo después, como explica el historiador Guillermo Gonzalbes Bustos “siguieron apareciendo gobernadores andaluces de la Kasbah como Merino, Squerdo y Pantoja, formando los andaluces una especie de aristocracia urbana” que aún perdura. La ciudad de Rabat ha terminado siendo la capital de Marruecos. (Especial Cambio-16 del 92 dedicado a Boabdil).

EL ISLAM EN AMÉRICA EN LA ÉPOCA PRECOLOMBINA.

EL ISLAM EN AMÉRICA EN LA ÉPOCA PRECOLOMBINA.
Traducción de textos originales de Yahia Felices-YIA.LM.

Numerosas evidencias sugieren que musulmanes procedentes de Al-Andalus y del África Occidental, llegaron a América al menos cinco siglos antes que Colón. Por ejemplo, se encuentra recogido en crónicas, que a mediados del siglo X, durante el reinado del Califa Omeya Abdul-Rahman III (929-961), musulmanes de origen Africano zarparon hacia el oeste desde el puerto de DELBA (Palos) adentrándose en el “Océano de oscuridad y niebla”. Volvieron después de una larga ausencia con un gran botín de “una tierra extraña y curiosa”. Es bien sabido que gentes de origen musulmán acompañaron a Colón y a otros exploradores españoles al Nuevo Mundo.

El último sultanato andalusí de la Península Ibérica, el Reino de Granada, cayó en manos de los cristianos en 1492 justo antes del inicio de la Inquisición Española. Para escapar a la persecución, muchos no-cristianos huyeron o abrazaron el catolicismo. Al menos dos documentos implican la presencia de musulmanes en Hispano América antes del año 1550; a pesar del hecho de que un decreto promulgado en 1539 por el rey Carlos V, prohibía a los nietos de musulmanes que habían sido quemados en la hoguera emigrar a las Indias Occidentales. Este decreto se ratificó en 1543, y se publicó una orden de expulsión para todos los musulmanes de los territorios españoles de ultramar. Hay disponibles muchas referencias de la llegada de musulmanes a América. Veamos…

A) DOCUMENTOS HISTÓRICOS:

1. Un historiador y geógrafo musulmán, Abul-Hassan Ali Ibn Al-Hussain Al-Masudi (871-957) escribió en su libro “Muruj adh-dhahab wa maadin aljawhar” (Los prados de oro y las canteras de joyas) que durante el reinado del Califa Andalusí, Abdullah ibn Muhammad (888-912), un navegante musulmán, Jashjash Ibn Said Ibn Asuad, de Córdoba, zarpó de DELBA (Palos) en el 889, cruzó el Atlántico, llegó a un territorio desconocido (ard majhula) y volvió con tesoros fabulosos. En el mapa del mundo de Al-Masudi hay una gran área en el océano de oscuridad y niebla a la que el se refirió como el territorio desconocido.

2. Un historiador musulmán Abu Bakú Ibn Umar al-Gutiyya narró que durante el reinado de Hisham II, otro navegante musulmán, Ibn Farruj, de Granada, partió de Kadesh (Febrero de 999) adentrándose en el Atlántico, desembarcó en Gando (Gran Canaria) visitando al rey Guanariga, y continuó hacia el Oeste donde vió y puso nombre a dos islas, Capraria y Pluitana. Volvió a Al-Andalus en Mayo del 999.

3. Colón zarpó de Palos (Delba), España. Se dirigió a Gomera en las Canarias – Gomera es una palabra árabe que significa pequeña tea – allí se enamoró de Beatriz BOBADILLA, hija del primer capitán general de la isla (el nombre familiar BOBADILLA se deriva del nombre musulmán Abu Abdillah). Sin embargo el clan BOBADILLA no era fácil de ignorar. Otro Bobadilla (Francisco), posteriormente, como comisionado real, encadenó a Colón y lo devolvió desde Santo Domingo a España (Noviembre de 1500). La familia BOBADILLA estaba relaciona con la dinastía ABBADID de Sevilla (1031-1091). El 12 de Octubre de 1492, Colón tomó tierra en una pequeña isla de las Bahamas llamada GUANAHANI por los nativos, renombrada SAN SALVADOR por Colón. GUANAHANI se deriva del Mandinga y de palabras árabes modificadas. GUANA (IJUANA) significa “hermanos” y “HANI” es un nombre árabe. Por consiguiente el nombre original de la isla era “Los hermanos Hani”- Fernando Colón, el hijo de Cristóbal, escribió sobre los negros que su padre vio en Honduras: “La gente que vive en el extremo oriental de Punta Cavinas, en el Cabo Gracias a Dios, son casi negros”. Al mismo tiempo, en esta misma región, vivía una tribu de nativos musulmanes conocidos como ALMAMY. En Mandinga y en Arabe, ALMAMY era como se designaba a “AL-IMAM” o “AL-IMAMU”, aquel que conduce el salat, o en algunos casos el jefe de la comunidad.

4. Un conocido historiador y lingüista, LEO WEINER de la Universidad de Harvard, en su libro, “África y el descubrimiento de América” (1920) escribió que Colón estaba bien informado acerca de la presencia Mandinga en el Nuevo Mundo y que los musulmanes de África Occidental se habían extendido por todo el Caribe, y por los territorios de América del Norte, Sudamérica y América Central, incluyendo el Canada, donde comerciaban y contraían matrimonio con los iroqueses y los indios algonquinos.

B) EXPLORACIONES GEOGRÁFICAS:

1. El geógrafo y cartógrafo musulmán Al-Sharif Al-Idrisi (1099-1166) escribió en su libro “Nuzhat al-mushtaq fi ijtiraq al-afaq” que un grupo de navegantes (de África del Norte) se adentraron en el mar de oscuridad y niebla (Océano Atlántico) desde Lisboa, para descubrir lo que había en él y hasta donde se extendían sus límites. Finalmente llegaron a una isla donde había gente y se practicaba la agricultura…al cuarto día, un traductor les habló en lengua árabe.

2. Los libros de referencia musulmanes mencionaban una bien documentada descripción de un viaje a través del mar de niebla y oscuridad realizado por el Shej Zayn Eddine Ali Ben Fadhel Al-Mazandarani. Su viaje partió de Tarfaya (al sur de Marruecos) durante el reinado del rey Abu Yacub Sidi Youssef (1286-1307) de la dinastía Marinida, hasta la Isla Verde en el Caribe en 1291. Los detalles de su viaje oceánico se mencionan en numerosas referencias y muchos estudiosos musulmanes tienen conocimiento de este hecho histórico.

3. El historiador musulmán CHIBAD AD-DINE ABUL-L-ABBAS AHMAD BEN FADHL AL-UMARI (1300-1384) describió detalladamente las exploraciones geográficas más allá del mar de niebla y oscuridad de los sultanes de Mali en su famoso libro “Massaalik al-absaar fi mamaalik al-amsaar.

4. El sultán MANSU KANKAN MUSA (1312-1337) fue el monarca Mandinga del Imperio de Mali. Cuando viajaba a Meca en su Hayy en 1324, comentó a los estudiosos de la corte del sultán Mamluk Bahri en El Cairo, que su hermano, el sultán Abu Bakari I (1285-1312) había realizado dos expediciones al Océano Atlántico. Cuando el Sultán no volvió a Tombuctú de su segundo viaje en 1311, Mansa Musa se convirtió en sultán del imperio.

5. Colón y los primeros exploradores españoles y portugueses pudieron surcar el Atlántico gracias a la información geográfica y navegacional de los musulmanes; en particular de mapas hechos por comerciantes musulmanes, que incluyen a Al-MASUDI (871-957) con su libro “Ajbar az zaman” (Historia del Mundo) que está basado en material recopilado en África y Asia. De hecho, Colón tuvo dos capitanes de origen musulmán durante su primer viaje transatlántico: Martín Alonso Pinzón era el capitán de la PINTA y su hermano Vicente Pinzón era el capitán de la NIÑA. Eran acomodados, expertos armadores que ayudaron a organizar la expedición de Colón y prepararon el buque insignia, la SANTA MARIA. Hicieron esto asumiendo los gastos por razones tanto políticas como comerciales. La familia PINZON estaba emparentada con ABUZAYAN MUHAMMAD III (1362-1366), el sultán marroquí de la dinastía marinida (1196-1465).

C) INSCRIPCIONES ARÁBIGAS (ISLÁMICAS).

1. Los antropólogos han probado que los mandingas siguiendo instrucciones de Mansa Musa exploraron muchas partes de América del Norte a través del Mississipi y otros sistemas fluviales. En Four Corners, Arizona, hay escrituras que muestran que incluso llevaron elefantes Africanos a la zona.

2. Colón admitió en sus cartas que el Lunes, 21 de Octubre de 1492 cuando su barco navegaba cerca de Gibara al noreste de Cuba, vió una mezquita en la cima de una bella montaña. Las ruinas de mezquitas y minaretes con inscripciones de versos Coránicos han sido descubiertas en Cuba, Méjico, Texas y Nevada.

3. Durante su segundo viajes, los indios de la ESPAÑOLA (Haiti) le dijeron que había habido gente negra antes de su llegada a la isla. Como prueba, le mostraron a Colón las lanzas de estos musulmanes Africanos. Estas armas estaban adornadas con un metal amarillo que los indios llamaban GUANIN, una palabra derivada de un dialecto del África Occidental que significa “aleación de oro”. Curiosamente está relacionada con la palabra árabe “GHINAA” que significa “riqueza”. Colón trajo a España algunos GUANANIES para que fueran interrogados. Descubrió que el metal tenia 18 partes de oro (56,25%), 6 partes de plata (18,75&) y 8 partes de cobre (25%) la misma ratio que el metal producido en las metalurgias Africanas de Guinea.

4. En 1498, en su tercer viaje al nuevo mundo, Colón tomó tierra en Trinidad. Más tarde, avistó el continente Sudamericano, donde desembarcaron algunos de sus tripulantes que encontraron nativos los cuales usaban coloridos pañuelos de algodón simétricamente tejido. Colón se apercibió que estos pañuelos eran similares a los tejidos de cabeza y a las túnicas de Guinea en sus colores, estilo y función. Se refirió a ellas como ALMAYZARS. ALMAYZAR es una palabra árabe que designa “envoltura, cubierta, delantal o falda” que era la ropa que los Moros (musulmanes de Al-Andalus o del Norte de África) importaron de África Occidental (Guinea) a Marruecos, y la actual España y Portugal. Durante su viaje, Colón se sorprendió de que las mujeres casadas usaran “bragas” y no pudo por menos de preguntarse de donde habían adquirido estos nativos el pudor cuando lo normal en ellos era la desnudez. Hernán Cortés, el conquistador español, describió los trajes de las mujeres indias como “largos velos” y el traje de los hombres indios como “túnicas pintadas al estilo de los paños moros”. Fernando Colón identifico las vestiduras de algodón de las nativas con el diseño de la ropa usada por las mujeres moras de Granada. Incluso la similitud de las pequeñas hamacas para llevar a los niños con las usadas en el Norte de África era extraña.

5. El Doctor Barry Fell de la Universidad de Harvard presentó en su libro “Saga americana” (1980) evidencia científica sólida que apoyaba la llegada, siglos antes de Colón, de musulmanes del Norte y Oeste de África. El Doctor Fell descubrió la existencia de escuelas musulmanas en el Valle de Fuego, en Allan Springs, en Logomarsino, el Cañon Keyhole (Nevada), en Mesa Verde (Colorado), en el Valle Mimbres (Nuevo Mexico) y en Tipper Canoe (Indiana) en fechas próximas al 700-800. Grabados en las rocas en el árido oeste de Estados Unidos, encontró textos, diagramas y planos que representaban los últimos fragmentos supervivientes de lo que una vez fue un sistema de escuelas – tanto a nivel elemental como superior. El lenguaje usado era el árabe del Norte de África escrito en Cúfico. Las materias de instrucción incluían, escritura, lectura, aritmética, religión, historia, geografía, matemáticas, astronomía y navegación. Los descendientes de los visitantes musulmanes de Norte América son miembros de los actuales iroqueses, algonquinos, anasazi, ocán y olmecas.

6. Hay 565 nombres de lugares (pueblos, ciudades, montañas, lagos, rios, etc…) en los Estados Unidos y Canadá que derivan de raíces islámicas y árabes. Estos lugares fueron denominados así originalmente por los nativos en periodo precolombino. Algunos de estos nombres conllevaban significados religiosos como: Meca (Indiana), la tribu india Makkah (Washington), Medina (Idaho, Nueva Cork, Dakota del Norte, Ohio, Tennessee, Texas, Notario) Mahomet (Illinois), Mona (UTA), Arva (Ontario), etc… Un estudio cuidadoso de los nombres de las tribus indias nativas revela que muchos nombres se deriva de raíces islámicas y árabes: Anasazi, Apache, Arawak, Arikana, Chavin, Cheroki, Cree, Ocán, Hupa, Hopi, Makkah, Ami.